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Definición de WhatsApp

¿Quién ha oído hablar de los mensajes SMS? Bien, de acuerdo, tal vez no haga el suficiente tiempo que estos dejaron de ser preeminentes en las comunicaciones móviles para que haya gente que no los conozca, pero reformulemos la pregunta: ¿quién los utiliza?

Los responsables de la “muerte” de los SMS (que se haya dejado de utilizar como servicio de mensajería) son los servicios de mensajería instantánea sobre protocolo IP. Pero, concretamente, el principal actor de esta función tiene un nombre: WhatsApp.

Nacido en 2010, su nombre deriva de la expresión inglesa “what’s up”, un saludo coloquial que viene a ser el equivalente del “¿como te va?” en lengua castellana

WhatsApp parte de una premisa muy simple: llevar al terreno de los smartphones la misma filosofía de intercambio de mensajes de texto que ya hicieran en su día soluciones como MSN Messenger, ICQ o AOL INstant Messenger en el campo de las computadoras de sobremesa.

A diferencia de estas soluciones, en las cuales el nombre de usuario no estaba vinculado con el dispositivo desde el cual nos conectábamos, pudiendo incluso jugar con diversas cuentas, en WhatsApp el número de usuario es el número de teléfono, vinculando de esta forma la cuenta a un número en particular e incluso a un dispositivo en particular, ya que no soporta el uso multidispositivo si no es con el cliente web o los clientes nativos, como veremos más adelante.

Los usuarios fueron rápidamente seducidos porque, a diferencia de los SMS que se hacían pagar por cada envío, las conversaciones realizadas en WhatsApp entraban dentro de la tarifa de datos o, incluso, si no se tenía esta, se podía aprovechar la conexión Wi-Fi para seguir hablando.

Rápidamente, hubo una migración en masa hacia WhatsApp que provocó que el otrora lucrativo negocio de los SMS (lucrativo para las operadoras, claro) cayera en picado.

La posibilidad de mandar fotos, vídeos y audio en los mensajes, y más adelante ficheros de diverso tipo, colaboró sin lugar a dudas al éxito del servicio.

Pero si uno se pregunta el porqué del éxito de WhatsApp, hay que buscarlo en el hecho de que fue el primero de su especie

Ya que las alternativas como Telegram llegaron tarde, incluso superando en prestaciones a la creación de Jan Koum.

Tampoco podemos menospreciar el hecho de que, pese a no ser gratuito, ofreciera un año gratis de prueba a los usuarios

Todo un año, en tecnología, es un periodo muy largo, por lo que no costaba mucho que los usuarios se acostumbraran de tal forma que al llegar el fin del periodo de prueba, contrataban el servicio pagando una cuota anual.

Algo a lo que ayudaba los 0,99 dólares norteamericanos que costaba la app hasta enero del 2016, fecha en la que incluso este condicionante cayó, dejándola como gratuita.

Uno de los aspectos que tradicionalmente más se han criticado a WhatsApp es la falta de seguridad del sistema

Que sufrió algunos fallos graves y, además, la principal crítica que se le dirigía era que las comunicaciones no estaban encriptadas, lo que significaba que se transmitían los mensajes en texto claro, un formato que no requiere de grandes conocimientos técnicos para forzar el acceso no autorizado a la información.

Este particular fue resuelto en abril de 2016, cuando el servicio empez a utilizar encriptación de extremo a extremo en todas sus comunicaciones.

Otra de las críticas que se le han dirigido a este programa es que no disponía de una aplicación o interfaz para sistema operativo de sobremesa

Un punto resuelto primero con un cliente web que salió en enero de 2015, y para cuya activación es necesario leer un código QR en nuestro smartphone desde el cliente de WhatsApp, el cual le aporta la información para vincular aquella computadora y el navegador con la cuenta.

La solución fue muy bienvenida por los usuarios, no en vano uno de los handicaps de WhatsApp es que su hasta entonces exclusividad en el móvil hacia cansado el mantener largas conversaciones y escribir textos muy largos, una tarea para la cual no está pensado el smartphone.

En mayo de 2016 se presentaron los clientes nativos para Windows y Mac OS X, que siguen la misma estructura que el servicio web, siendo considerados por muchos un simple empaquetamiento de WhatsApp Web.

De hecho, estos clientes no hacen más que actuar de “espejo” para los mensajes almacenados en el celular, puesto que no guardan nada en ningún otro sitio y nuestros mensajes continúan llegando al cliente móvil, incluso aunque los leamos primero por el cliente de sobremesa o la web.

Una prueba de ello es que ninguna de las dos soluciones anteriores puede funcionar si el WhatsApp de nuestro celular no se encuentra también en funcionamiento.

En febrero de 2014, y poco antes de la celebración del Mobile World Congress, se dio a conocer la adquisición de WhatsApp por parte de Facebook

Una operación que Mark Zuckerberg explicó ampliamente en la cita barcelonesa, y que juntamente con Jan Koum celebraron por todo lo alto en un restaurante de la capital catalana, una anécdota que fue portada en todos los periódicos del mundo al día siguiente.

Tanto Zuckerberg como Koum aseguraron que la adquisición no iba a variar en absoluto el uso de WhatsApp, y que no habría integración. No obstante, con el tiempo y de forma lógica, hemos empezado a ver unos ciertos cambios.

El más reciente son unas nuevas condiciones de uso que permiten a Facebook acceder a los datos del usuario de WhatsApp.

Curiosamente, y en cierta medida, WhatsApp no deja de ser una cierta competencia a Facebook Mesenger, la solución de mensajería instantánea IP de la compañía de Mark Zuckerberg.

Fotos: Fotolia - Kakigori / robu_s

 
 
 
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