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Definición de Cibercafé

Quien haya vivido los inicios de la popularización (y masificación) de Internet allá por la década de los noventa y a principios del presente siglo, recordará que no todos podían contar con un módem en su casa, ni costearse la factura que resultaba de estar conectado durante varias horas a un número de teléfono cuando el concepto de tarifa plana no existía para casi nadie en el mundo.

Tampoco se tenían, en general, muchas ganas de tener la línea telefónica ocupada durante muchas horas, cortando así la forma de comunicación predominante de la época, que eran las llamadas de voz.

Para todas aquellas personas que no podían disponer de computadora y/o módem, o a las que simplemente sus padres no les dejaban conectarse mucho rato, y también como una forma de salir, ni que fuera por un rato, de donde nos conectáramos y socializáramos un poco con otros internautas, nacieron los cibercafés.

En un cibercafé se unen los conceptos de café (el local, no la bebida) de toda la vida, y conectividad al ciberespacio, mediante computadoras o dispositivos análogos en el local que permiten, habitualmente previo pago, a los consumidores, conectarse a Internet.

Los cibercafés fueron una especie de centro cultural y de “evangelización” (salvando las distancias) de la cultura de Internet, sitios donde uno socializaba, conocía a otros iguales, intercambiaba conocimientos, chateaba (uso de los servicios de chat), navegaba, realizaba gestiones online y, además, se tomaba algo.

Hay que verlos en el contexto de la época, en la cual la cultura tecnológica no estaba muy extendida, y si uno quería conectarse a Internet, normalmente debía tener unos ciertos conocimientos técnicos intermedios/avanzados.

Esto llevó a que los incipientes cibercafés fueran también en parte responsables del establecimiento de la cibercultura y los movimientos que la han acompañado y aupado.

Históricamente, los primeros locales habilitados expresamente como cibercafés, abrieron sus puertas en la siempre cosmopolita e innovadora Londres, por entonces, uno de los centros tecnológicos en Europa (y sigue siéndolo).

El modelo de establecimiento se extendió por todo el mundo como una mancha de aceite a la par que el acceso a Internet se hacía más accesible.

Con el tiempo y el aumento de prestaciones de las computadoras, los cibercafés empezaron a diversificar sus actividades, incluyendo, por ejemplo, juegos y servicios como el uso de procesadores de texto u hojas de cálculo, además de organizar eventos como competiciones de juegos.

Desde hace unos años, y gracias a los avances tecnológicos que han llevado a los smartphones a nuestros bolsillos, con lo cual ya podemos navegar desde donde sea que estemos, y con una bajada de precios y la llegada de tarifas planas, casi todo el mundo que quiere puede conectarse a Internet.

Esto ha llevado a la casi extinción de los cibercafés, que han perdido buena parte de su razón de ser como punto de reunión, y más todavía como lugar donde alguien que no disfruta de conexión a la red, puede ir a conectarse, puesto que la democratización del acceso a Internet ha hecho más accesible la red de redes a todo el mundo, a precios asequibles.

Sus herederos, aquellos locales que nos permiten la conexión a Internet, el uso de programas de navegación, mensajería, o videoconferencia entre otras, aunque habitualmente no el consumo de bebidas, son los locutorios, los cuales se dirigen en gran medida a un público turista o inmigrante, y que ofrecen otros servicios adicionales como las transferencias de dinero.

Foto: Fotolia - Gorodenkoff

 
 
 
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