Definición de Zona de Confort

Es una teoría popular dentro de diversos ámbitos, en particular el laboral-empresarial, que dice que una persona que se encuentra dentro de su zona de confort se encuentra en un estado de aplanamiento mental, en la que la falta de estímulos la lleva a mantener una actitud predominantemente pasiva y poco emprendedora.

Agustina Repetto | Oct. 2022
Licenciada en Psicología

Es frecuente encontrarnos con discursos que circulan, principalmente, en las redes sociales, invitando a salir de la zona de confort. Si bien es un concepto multicitado que ha ido ganando terreno dentro de las teorías de la psicología popular (las que circulan sin estar verificadas) y del coaching, no se encuentran producciones académicas formales ni científicas que acompañen o respalden lo que se sostiene en este tipo de contenidos.

El individuo se encuentra en su “zona de confort” cuando su contexto no le resulta amenazante y siente que lo puede controlar, cuando se comporta de manera rutinaria y utiliza sus estrategias habituales para resolver los conflictos que se le presentan en su vida diaria, sin asumir ningún tipo de riesgo. Además, se relaciona la zona de confort con el rendimiento. Se señala que, al permanecer en tal estado de seguridad y comodidad, posibilitado por la zona de confort, no se logra aumentar el rendimiento, sino mantenerlo constante. Lo cual impediría el crecimiento personal generando estados de apatía, desgano y vacío existencial.

Por lo que, en resumen, estas teorías relacionan el estado de confort con: un contexto que resulta cómodo, seguro y poco amenazante, la ausencia de la toma de riesgos, el rendimiento constante, la falta de crecimiento personal y la presencia de ciertos problemas de salud mental.

La paradoja del concepto de zona de confort

Estas teorías -que no tienen apoyo empírico- invitan a salir de la zona de confort con la promesa de que un mayor y mejor rendimiento nos esperan fuera de ella. Además, sostienen que, de quedarnos en la zona de confort, veríamos reducida nuestra felicidad y aumentaría nuestro aburrimiento debido a la falta de incentivos estimulantes.

En definitiva, por un lado, nos señalan que la salida de la zona de confort es la entrada al éxito y por otro que permanecer en la zona de confort genera menos felicidad que permanecer en la incomodidad.

Una crítica posible

El problema de estas teorías es que no tienen en cuenta e invisibilizan el contexto social, buscando respuestas y compromisos individuales para solucionar problemas estructurales y comunes a la gran mayoría de las personas que viven en la sociedad. Se trata de estrategias individualistas que se enfocan exclusivamente en situar la responsabilidad en lo personal, dejando de lado el análisis de las condiciones de producción y las responsabilidades de los Estados que producen y reproducen desigualdades sociales.

En relación con esto, parece importante ser cauteloso al sostener que al “salir de la zona de confort” encontramos un espacio de crecimiento personal y de mayor rendimiento. Primero, porque no hay evidencia que demuestre que esto necesariamente sea así y tal exigencia puede generar un mayor malestar y frustración del que supuestamente se pretende evitar.

Segundo, porque más que una invitación parece tratarse de un enunciado imperativo y me pregunto desde qué lugar le decimos a las personas lo que tienen que hacer y en función de qué beneficios les pedimos que asuman determinados riesgos.

Tercero, pareciera que la persona que no sale de su zona de confort es porque no quiere, volviéndolo una cuestión meramente voluntarista que además invisibiliza, como señalamos anteriormente, las condiciones macro y microcontextuales.

Cuatro, porque culpabiliza a las personas que no salen de su zona de confort o incluso a aquellas que, ante la imprevisibilidad y turbulencia de su entorno, buscan aquello que pueda disminuir la incomodidad que el mismo les genera, es decir, a aquellas que personas que quieren entrar en una zona que les brinde mayor comodidad y seguridad.

Quinto, porque el homologar un mayor rendimiento con el crecimiento personal es, al menos, cuestionable.

¿La ley Yerkes-Dodson es un antecedente del concepto?

No hay una referencia exacta sobre quién fue el primero en relacionar el concepto de zona de confort con el experimento realizado en el año 1908 por los psicólogos Robert M. Yerkes y John D. Dodson. De hecho, los autores ni siquiera hablan de zona de confort. Lo que indagaron fue cómo se generan hábitos simples en el comportamiento de los ratones.

Yerkes y Dodson investigaron la modificación del comportamiento y la formación de hábitos en ratones a partir de la relación entre la fuerza del estímulo y la tasa de aprendizaje. Para ello, hicieron un estudio experimental en el que entrenaron a los ratones para que eligieran entrar a una caja blanca en vez de a una negra. Cada vez que los ratones eligieron la caja negra, le aplicaron una descarga eléctrica, cuyo nivel oscilaba ente débil, medio y alto.

Lo que los investigadores vieron fue que si el estímulo (descarga eléctrica) era muy débil o muy alto, el mismo no funcionaba como motivación para evitar la caja negra y elegir la blanca. Es más, si era muy alto, incluso se volvía perjudicial para el ratón. Por lo que concluyeron que un estímulo con intensidad media era mucho más favorable para la adquisición del hábito (de entrar en la caja blanca) que las demás intensidades. También observaron que a medida que aumentaba la excitación producida por el estímulo aversivo, es decir, a medida que la descarga eléctrica aumentaba su intensidad, aumentaba también la tasa de respuesta deseada, es decir, que el ratón entre más veces en la caja blanca que en la negra. Sin embargo, esto último se daba hasta cierto punto, ya que si generaban demasiada excitación, el ratón no lograba realizar el comportamiento deseado. Esto último es conocido como la ley de Yerkes y Dodson. La conclusión general del estudio fue que un hábito que se adquiere fácilmente es el que no requiere de asociaciones complejas, mientras que para la formación de hábitos más difíciles se requiere de estímulos relativamente débiles y moderados.

Por las características mencionadas se podría decir que el experimento se encuentra más cerca de las teorías conductistas que del concepto de zona de confort. Además, en el experimento, los investigadores tuvieron en cuenta las variables del contexto como las condiciones de discriminación visual tales como el brillo de las cajas.

Una alternativa posible

Los cambios personales son necesarios, primero, si son deseados. Luego, si existen patrones de conductas o actitudes que nos generan malestar y/o que nos llevan a consecuencias que no deseamos. También cuando tenemos dificultades para lograr nuestros objetivos o metas personales.

Una alternativa posible a la de salir de la zona de confort puede ser:

● Reflexionar sobre los ámbitos o aspectos en los que quiero desarrollarme

● Evaluar que conductas necesito aumentar e incorporar y cuáles reducir o eliminar

● Evaluar las competencias que poseo, las que quiero mejorar y las que necesito adquirir y desarrollar.

● Trabajar la tolerancia a la incertidumbre y a la frustración

 
 
 
 
Por: Agustina Repetto. Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Actualmente, estudiante del Posgrado en Sexualidad Humana: sexología clínica y educacional con base en Perspectiva de Género y Derechos Humanos.
Art. actualizado: Oct. 2022; sobre el original de septiembre, 2015.
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Repetto, A. (Oct. 2022). Definición de Zona de Confort. Definición ABC. Desde https://www.definicionabc.com/social/zona-de-confort.php
 

Referencias

Yerkes, Robert M. & Dodson, John D. (1908), “The relation of strength of stimulus to rapidity of habit-formation”, J. comp. neurol. psychol., Vol. 18, pp. 459–482.
 
 
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