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Definición de Probo

El adjetivo probo se corresponde con el sustantivo probidad, que equivale a honorabilidad. Se dice que alguien es probo cuando tiene un comportamiento decente e íntegro y, por lo tanto, equivale a honesto. En relación con el uso del término, hay que decir que se trata de un cultismo que no forma parte del lenguaje cotidiano, sino que se emplea en la terminología jurídica o en documentos oficiales relacionados con la función pública.

La probitas en la Antigua Roma

Los romanos de la antigüedad daban importancia a ciertos valores morales, pues a través de ellos la propia existencia y la vida en sociedad adquirían una dimensión más humana y digna. Entre los valores que más apreciaban se encuentra la probidad, pero también hay otros, como la dignitas o dignidad, la auctoritas o autoridad moral o la veritas o verdad.

Para los romanos la probitas equivalía a la integritas, es decir, a la integridad. Así, una persona con probidad es alguien cuya conducta es moral y, al mismo tiempo, se encuentra en el marco de la legalidad.

Entendiendo el perfil de alguien probo

Alguien probo es quien tiene probidad. De esta manera, podríamos aportar algunas características relacionadas con esta virtud. Se trata de un individuo que actúa con rectitud, es decir, que cumple con sus obligaciones. Por lo tanto, es una persona con un sentido del deber. El cumplimiento de las obligaciones personales obedece a un sentido moral de la existencia, lo cual supone comportarse adecuadamente en el plano personal, como ciudadano y como trabajador. Así, no podría decirse que alguien es probo si en su vida familiar es recto y honesto pero no lo es en relación con su actividad profesional.

El probo es una persona honrada y, por lo tanto, el corrupto, el hipócrita, el manipulador o el mentiroso son individuos que no son probos.

Una virtud que se valora para el ejercicio de ciertas funciones

Si bien la probidad es una virtud moral que debe impregnar cualquier ámbito de la existencia, en algunas profesiones es especialmente valorada. Así, un juez no solo debe simplemente limitarse a aplicar la ley sino que es deseable que sea honesto en un sentido amplio del término.

Lo mismo sucede con los funcionarios, con los maestros, con los sacerdotes o con los líderes políticos. Quienes ejercen este tipo de funciones deberían desempeñarlas con un elevado sentido de la moralidad y la justicia. De lo contrario, estaríamos ante una evidente contradicción.

Fotos: Fotolia - inueng / Bank-Bank

 
 
 
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