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Definición de Monja de Clausura

La vocación religiosa es un estilo de vida tan posible como cualquier otro. Así como muchas personas se casan, otras asumen la soltería como una libertad muy positiva y otras personas, por el contrario, realizan votos religiosos. Es decir, se comprometen con una vida religiosa que puede adoptar formas distintas ya que, por ejemplo, existen distintos tipos de congregaciones y cada una tiene su propia filosofía.

Las monjas de clausura son aquellas que viven en el convento, hacen su vida totalmente apartadas del mundo, es decir, no salen del convento más que por cuestiones inevitables como, por ejemplo, un asunto médico.

Dedican la mayor parte de su vida a la oración, por ello, el silencio es una norma habitual en su convivencia. Asimismo, viven en comunidad, es decir, varias monjas viven en un mismo convento y llevan una rutina de vida similar desde el punto de vista de los horarios.

Oración y recogimiento

Sin embargo, actualmente, se ha producido un descenso notable en el número de vocaciones, especialmente, en los países desarrollados. A veces. se observa este tipo de vida desde el prejuicio de creer que las monjas de clausura son poco productivas para la sociedad. Sin embargo, conviene puntualizar que desde el punto de vista de la fe de quienes viven en primera persona este modelo de vida, la oración es un bien básico para el mundo.

Conviene puntualizar que muchas monjas de clausura también realizan trabajos manuales a través de los que obtienen un beneficio económico que es un bien básico para su abastecimiento. Por ejemplo, algunos conventos pueden realizar tareas de costura mientras que otros destacan por la venta de pastas y dulces preparados por las religiosas.

La vida de una monja de clausura está marcada por el recogimiento que invita a la introspección de mirar dentro de sí mismas.

Precisamente por este estilo de vida de aislamiento social, este tipo de vocación resulta tan exigente en esencia.

Vida mística

Se trata de una vida ascética que busca la conexión con Dios en un clima que propicia ese encuentro desde un diálogo profundo que surge del alma. Evidentemente, la decisión de una monja de clausura también es revocable, es decir, en algún momento puede tomar otra decisión al asumir que ese no es su camino de vocación personal.

Fotos: Fotolia - Andrew Adams / notkoo2008

 
 
 
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