Definición de Libre Albedrío

La noción del libre albedrío hace referencia a la posibilidad de los seres humanos de decidir por propia voluntad sobre sus acciones, frente a la concepción de que éstas son determinadas por diferentes factores exteriores a nosotros (por ejemplo, las fuerzas de la divinidad, las leyes de la naturaleza, las normas sociales, etc.).

Lilén Gomez | Julio 2022
Profesora en Filosofía

En muchos casos, el dilema que se plantea entre libertad y determinismo es consecuencia del modo en que se conceptualiza al sujeto como quien lleva a cabo una acción, así como de la manera en que se comprende la idea de libertad, como un rasgo de ese individuo. A través de la mayoría de los debates en torno a la cuestión del libre albedrío (generalmente, durante la Edad Media y los inicios de la modernidad), se ha aceptado como presupuesto una definición de la libertad en tanto capacidad ilimitada de acción de un individuo, capaz de transformar el mundo de acuerdo con su propia voluntad.

La visión agustiniana sobre el libre albedrío

El filósofo cristiano San Agustín (354-430) fue uno de los más importantes pensadores que ha tematizado la cuestión del libre albedrío, en su obra De libero arbitrio. Agustín de Hipona practicaba, inicialmente, la doctrina religiosa del maniqueísmo persa —cuyo referente fue Manes, hacia el siglo III d. C. —, según la cual existían en el mundo dos fuerzas contradictorias en permanente disputa: el bien y el mal.

El sistema religioso y filosófico maniqueo de los principios opuestos eternos arrojaba, como consecuencia, la negación del libre albedrío, dado que el pecado era metafísicamente necesario: los hombres pecaban en contra de su voluntad, al ser forzados a ello por la sustancia del mal. Por lo tanto, al ser inevitable el pecado, éste tampoco podía ser juzgado. Al convertirse al cristianismo, San Agustín ubica el tema del libre albedrío en un lugar central, dado que, en ese punto, ambas doctrinas religiosas entraban en abierta contradicción. Contra la visión maniquea, Agustín postula la voluntad humana como un movimiento independiente de toda coacción.

La Creación divina es intrínsecamente buena, el mal ocurre como consecuencia de la privación de la bondad de Dios y no como resultado de una fuerza con entidad propia. En este contexto, el hombre es capaz de obrar mal, puesto que es libre y, por lo tanto, responsable sobre sus acciones. Dios, en virtud de su propia bondad, otorga al hombre el libre albedrío, limitándose para ello a sí mismo. El fin último de la libertad del hombre, en la teoría agustiniana, es hacer el bien.

La controversia entre Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero

La obra agustiniana había establecido un consenso mayoritario en torno al libre albedrío humano, ya que, sin libertad, el hombre carecía de responsabilidad sobre sus acciones. Este consenso se quiebra con la controversia entre los filósofos y teólogos Martín Lutero (1483-1546) y Erasmo de Rotterdam (1466-1536). Lutero responde contra la defensa de Erasmo del libre arbitrio: desde la perspectiva luterana, solamente Dios es libre, puesto que solo Dios puede hacer todo lo que quiere sin coacción de ningún tipo y, si el hombre se atribuyera esa capacidad, se atribuiría con ello la divinidad misma, de manera ilegítima. La acción humana está siempre sometida a la voluntad de Dios.

Lutero hace un intento por compatibilizar la libertad humana con un cierto grado de determinismo, en este sentido, afirma que ninguna voluntad puede someterse a una coacción externa sin dejar de ser ella misma una voluntad, dado que ello sería contradictorio por definición. La voluntad humana es una forma de amor interesada y, por ello, ya determinada naturalmente por el mal. Por el contrario, el amor divino es desinteresado, porque Dios crea a partir de su amor —a diferencia del hombre, que desea aquello que no posee—.

La influencia de los desarrollos luteranos en torno a la cuestión del libre albedrío puede rastrearse a lo largo de la filosofía moderna, por ejemplo, en el caso del filósofo Gottfried Leibniz (1646-1716), quien recupera, también, la tradición agustiniana. El proyecto leibniziano sostiene, a la vez, que el hombre es soberano sobre sus acciones, pero también se halla sometido por el todo. En este sentido, la existencia del mal siempre responde a un plan mayor signado por una armonía preestablecida del universo.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Julio 2022; sobre el original de marzo, 2015.
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Gomez, L. (Julio 2022). Definición de Libre Albedrío. Definición ABC. Desde https://www.definicionabc.com/social/libre-albedrio.php
 

Referencias

Pérez Herranz, F. M. (2007). ¿Podemos cambiar? Determinismo y libre albedrío. Eikasia. Revista de Filosofía, año III, 13.

Gardeazábal, C. (2000). Libre albedrío y 'libertas' en San Agustín. Saga–Revista de Estudiantes de Filosofía, (1), 21-31.

Wald, B. (2010). El sentido del actuar y el concepto de persona de Martín Lutero. Espíritu, 59(139), 69-89.

García Alcalá, F. (2018). Leibniz y la compatibilidad entre determinismo y libertad.
 
 
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