Definición de Economía del Don

El don, a nivel sociocultural, remite a una capacidad o habilidad natural inherente y única al individuo, que le fuera dada, por ejemplo, el don de la vida desde la esencia del ser, o una destreza particular en un deporte; en el marco productivo se adapta a la idea de aquello que alguien da a otro desinteresadamente, sin ser necesariamente algo material, es decir, puede ser apenas un gesto, una palabra, en torno a forjar un vínculo que construye efectos positivos de confianza y trato para el desarrollo de una comunidad o grupo social.

Lilén Gomez | Jun. 2022
Profesora en Filosofía

El término proviene del latín donum —traducido al español como ofrenda o regalo—, derivado, a su vez, del verbo do, en cuanto ‘dar’. La idea del don se encuentra muy presente en la tradición bíblica, así como ha sido retomada, también, en el campo de las humanidades y las ciencias sociales.

La noción del don en las sociedades precoloniales fue estudiada por el antropólogo Marcel Mauss (1872-1950), quien comprende al intercambio como un factor constitutivo de todas las actividades sociales. En dichas sociedades, los intercambios de bienes, riquezas o productos, no se producen de manera simple entre los individuos, sino que son las colectividades —ya sean clanes, tribus o familias— las que intercambian entre sí, a través de las personas físicas que concretan la acción. En el mismo sentido, lo que se intercambia no son exclusivamente objetos económicamente útiles; sino, fundamentalmente, objetos simbólicos: cortesías, danzas, ritos, festines, servicios militares, mujeres, niños.

Mauss llama a esta organización del intercambio: economía del don, bajo la cual los objetos se entregan sin la mediación de un acuerdo explícito de recompensas en un tiempo pautado, sino en el marco de un contrato más general y permanente, que excede a la circulación de las riquezas. Aquello que hace comparables a los objetos en el intercambio no es —a diferencia del modo en que lo concibe la sociedad occidental— encontrarse sometidos a la ley del valor, sino compartir el carácter común de ser transferibles, aun cuando no sean iguales o revistan el mismo valor.

En la lógica del don, subyace un contrato implícito que obliga a la restitución de la donación conjuntamente con un suplemento. Por esta razón, el don nunca es desinteresado, puesto que, aunque no exista una retribución pautada, el prestigio de quien recibe el don obliga a devolverlo con usura respecto de la cosa otorgada, ya que solamente de esa manera puede aumentarse dicho prestigio.

En las sociedades occidentales contemporáneas, la idea del intercambio se apoya sobre la noción del valor de cambio que se asigna a los productos en el mercado. No obstante, en las sociedades que la antropología clásica denominó primitivas, la concepción del intercambio no tenía a la base una idea de equivalencia de valores de aquello que se cambiaba, sino que lo central era la reciprocidad ilimitada del intercambio mismo. El trabajo invertido en el objeto que se destina al intercambio reviste un carácter ritual y, en este sentido, se piensa bajo la categoría del don, es decir, de aquello que se da y se pierde, sin esperar a cambio una retribución por la energía empleada en el proceso de producción.

La figura del don en la filosofía de la deconstrucción

Uno de los interlocutores que ha problematizado la figura del don en la obra de Marcel Mauss fue el filósofo Jacques Derrida (1930-2004), quien propone una lógica alternativa del don, desde la perspectiva de la deconstrucción. Derrida hace hincapié sobre la diferencia entre el don y el intercambio, caracterizándose el primero por no suponer retribución; no obstante, ello conduce a una formulación aporética —es decir, sin salida—, ya que, en la medida en que algo se reconoce como un don, queda inscripto en un esquema de restituciones.

El don y el intercambio pertenecen a lógicas excluyentes, en cuanto el primero encarna un valor estructural, definido por el carácter excesivo que se halla a la base de la donación, a diferencia del segundo, el cual implica una transacción inmediata, en la cual ocurre una mera circulación de bienes. En la economía del don, señala Derrida, la dimensión de lo material queda anudada a la de lo simbólico, a través de un acto que disloca la estructura de condicionamientos característica del intercambio. Para el filósofo, lo interesante de la noción del don radica en que constituye un régimen que se resiste al de la productividad, permaneciendo como un acontecimiento irreductible.

 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea. Jun., 2022.
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Referencias

Ochoa, C. G. (2007). Intercambio y don. Versión. Estudios de Comunicación y Política, (1), 119-139.

Abadi, D. (2013). El don y lo imposible. Figuras de lo cuasi-trascendental en Jacques Derrida. Contrastes: revista internacional de filosofía, (18), 9-27.
 
 
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