Definición de Convivencia

La convivencia es el hecho de cohabitar o coexistir en un mismo espacio con otro u otros, incluso con uno mismo, ya que, como enseña Sigmund Freud, cuando propone su noción de inconsciente, no somos totalmente amos en nuestro propio psiquismo; hay cosas de nosotros mismos que no sabemos o que no logramos gestionar como quisiéramos. Este espacio puede ser físico (por ejemplo, con compañeros de trabajo en la oficina), virtual (por ejemplo, en redes sociales) o mental (por ejemplo, con los propios pensamientos).

Renata González | Oct. 2022
Profesora en Psicología

Se entiende a la convivencia como estar “en compañía de” o “estar con”. Por ejemplo, puedo convivir en un apartamento con mi pareja, en un barrio con mis vecinos, cohabito una misma ciudad con otras personas, coexisto con mis propias emociones, etcétera.

Con quiénes convivimos

Los humanos somos seres sociales, por lo cual, a partir del momento en que nacemos, tenemos contacto con otros y vamos sumergiéndonos en el “baño del lenguaje”, como diría Jacques Lacan. Necesitamos de otros para sobrevivir, para saciar nuestras necesidades afectivas y de sociabilización. Lo que nos hace humanos, justamente, es la conexión con nuestros pares.

El primer grupo convivencial es la familia o -de no haberla o no ser considerada apta- los hogares o instituciones de tránsito, que deberían cumplir con la misma función. En la familia adquirimos hábitos básicos de higiene, alimentación y cuidados, aprendemos formas de tratar a los demás (ej.: saludar, pedir permiso, decir por favor y gracias), es decir, de vincularnos, acorde a nuestra cultura y singularidad familiar.

Luego, la mayoría de las sociedades exige que el niño comience la escolarización, en el jardín de infantes, donde sale de su núcleo familiar, para conocer otras formas de relacionarse y de ser. Allí se enseña psicomotricidad, se estimula el lenguaje, se incorporan pautas, turnos y roles, por medio del juego simbólico o reglado, se aprende a compartir; se transmiten costumbres y tradiciones; saberes imprescindibles para el resto de la escolarización y de la vida.

En la adolescencia, el grupo de pares constituye un gran apoyo y usualmente se encuentra en la escuela. Es fundamental para el proceso de rebelarse, explorar el mundo extrafamiliar y dotar a la personalidad de rasgos propios, todo lo que contribuye a la autonomía de pensamiento.

La convivencia en el trabajo tiene influencia sobre la capacidad productiva de los empleados, por lo que una buena convivencia y un buen clima de trabajo son muy importantes. Sin embargo, otra postura consiste en generar competitividad entre los trabajadores para que quieran “ganarle” a los demás y llegar pronto a los objetivos. Ambas formas son puestas en marcha por los empleadores, para su propio beneficio, pero sólo en el primer caso también se ve beneficiada la salud mental de los empleados.

En la sociedad, a gran escala, convivimos con miles de personas todos los días, desde vecinos, conocidos, personas en la sala de espera del médico, secretarias/os, empleados/as, telefonistas, transeúntes, etcétera. Aunque no seamos plenamente conscientes, la mayoría del tiempo estamos interactuando y desplegando nuestras habilidades sociales.

Cómo es una buena convivencia

Si bien lo que es una convivencia armónica es en parte subjetivo, hay ciertos puntos que la mayoría de los individuos coinciden como facilitadores, entre los cuales encontramos la empatía, tolerancia, cooperación y respeto.

La resolución de conflictos, en estos términos, es opuesta a la violencia de todo tipo y supone el diálogo, validando distintas emociones y puntos de vista, con un pensamiento “abierto” a la diversidad, para lograr acuerdos.

No se trata de no tener discusiones, sino de charlar sin caer en la violencia, que es el modo primitivo de resolver los conflictos, propio de los animales no humanos.

Convivir con uno mismo

No menos sencillo que convivir en sociedad, es cohabitar el mismo espacio psíquico con nuestros pensamientos, emociones, dificultades, impulsos y los conocimientos velados en nuestro inconsciente.

¿Cómo mejoramos esta convivencia interna? Con autoconocimiento y una autoestima sólida; con reflexión y amabilidad; dándonos momentos de calma; escuchando a nuestro cuerpo y a nuestra psiquis; aceptándonos humanos y, por ende, fallidos; poniendo el foco en nuestras aptitudes.

Esta convivencia, como todas, puede ser por momentos agradable y otros displacentera, lo cual es esperable. No obstante, si sentimos que algo no marcha como debería y necesitamos ayuda de un profesional psicólogo, podemos solicitar una consulta terapéutica o el inicio de un tratamiento.

Convivir con una pareja

Vivir bajo el mismo techo con otro ser humano implica cohabitar en cuanto a espacios, tiempos, modos de ver la vida, preferencias y hábitos. Generalmente, al principio, lleva un tiempo de adaptación, hasta lograr acuerdos de convivencia y reflexionar si se aceptan o no aquellas cosas del otro con las que no acordamos.

Convivir significa aceptar al otro, en sus aspectos positivos y negativos. Y una buena convivencia en pareja, con respeto y tolerancia, comunicando nuestros sentimientos, fortalece el vínculo.

Convivir es una elección, siendo que muchas parejas en la actualidad, aun estando unidas en matrimonio, deciden no hacerlo, porque no les agrada o no les hace bien y esto también es válido.

 
 
 
 
Por: Renata González. Profesora en Psicología
Art. actualizado: Oct. 2022; sobre el original de mayo, 2010.
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González, R. (Oct. 2022). Definición de Convivencia. Definición ABC. Desde https://www.definicionabc.com/social/convivencia.php
 
 
 
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