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Definición de Asistencia social

La asistencia social es una actividad que se ocupa de diferentes situaciones, entre las que se destacan: promover el cambio social hacia un estado de superación de las personas, la resolución de conflictos que surjan en la interacción humana, el fortalecimiento y la liberación de los pueblos conforme al objetivo de alcanzar el bien común.

Actividad que se encarga de ofrecer ayuda a quienes más lo necesitan, promover la inclusión de los más desprotegidos y detener la desigualdad

Las relaciones que mantienen las personas entre sí y en sus ambientes son múltiples y complejas y entonces, allí, donde se susciten los conflictos, o en su defecto, la carencia esté presente, estará la asistencia social para salvaguardar los derechos de los afectados por los mencionados problemas.

La asistencia social procurará que todos los miembros de la sociedad tengan las mismas oportunidades y disfruten de los mismos derechos, sin distinciones de ningún tipo y criterio.

Pero claro, como esto que mencionábamos en la mayoría de las sociedades resulta ser una utopía es que la asistencia social posa su atención en aquellas clases y sectores más desfavorecidos y olvidados que son los pobres.

Así se ocupará que estos puedan satisfacer sus necesidades más básicas.

La asistencia social normalmente se despliega a través de instituciones que dependen del estado, pero también hay muchas organizaciones no gubernamentales o fundaciones que se ocupan de estos mismos menesteres y se financian de donaciones.

La asistencia social, básicamente, procurará que todas las personas desarrollen lo más plena y satisfactoriamente posible sus potencialidades, que enriquezcan sus vidas y que se prevengan de cualquier tipo de disfunción que los aleje de la felicidad y el bien común.

Funciones que despliega el asistente social, en catástrofes y monitoreo de adopciones de niños, entre otras

En tanto, al individuo que se dedica profesionalmente a la tarea de la asistencia social se lo denomina asistente social y entre las funciones que le tocará desplegar se cuentan: facilitar la información y la conexión con los organismos que ofrecen recursos socioeconómicos; conocer, gestionar y promocionar los recursos con los que se cuenta; orientar y educar a las personas, familias y grupos en cuanto a la solución pacífica de los conflictos que se generen; protagonizar investigaciones que contribuyan a la identificación e interpretación de los fenómenos sociales que se presentarán acercando alternativas de solución; gestión, formulación, ejecución y evaluación de planes sociales; participación en el diseño de programas de bienestar laboral, salud ocupacional y seguridad social.

También, la asistencia social dice siempre presente en momentos o contextos de catástrofes, en las que gran parte de la población ha quedado vulnerable o diezmada en sus posibilidades.

Y respecto de los ámbitos de trabajo de la asistencia social, resultan ser realmente variados y dedicados con exclusividad a aquellos sectores de la población que requieren de una atención especial, incluyendo: tercera edad, personas con discapacidad, personas maltratadas, víctimas de terrorismo, presos, personas con adicciones, personas en emergencia social, prostitución, entre otros.

Uno de los casos más comunes en los cuales interviene este tipo de profesional es en la adopción de niños.

Sabemos que los niños y los ancianos son las poblaciones más sensibles y vulnerables de cualquier sociedad y por ello es que requieren de una especial atención y protección por parte de la comunidad en la cual viven y por supuesto del estado, que debe estar ahí para brindarles ese apoyo que demandan porque aún no pueden hacerse cargo de sí mismo en el caso de los pequeños, o porque ya algunas de sus facultades se encuentran diezmadas producto del paso del tiempo.

Así es que en el preciso caso de las adopciones de niños, luego que la justicia decreta la entrega de un menor a una familia de adopción, es recurrente que durante los primeros tiempos se asigne al caso un asistente social para que concurra con regularidad al hogar para controlar el trato y los pormenores de la convivencia entre los padres adoptivos y el niño.

Esta es una excelente manera de corroborar y asegurarse que ese niño tendrá la oportunidad de ser feliz, que una persona especialmente preparada monitoree su integración a la nueva familia, y también vigile el trato que le dan es fundamental para que ese niño pueda desarrollarse armoniosamente.

Porque claro, la mayoría de esos niños que son dados en adopción cargan con historias familiares ciertamente pesadas y duras, abandonos de sus progenitores, malos tratos que incluyen golpizas y amenazas, y entonces es preciso vigilar que no vuelvan a caer en manos desconsideradas, sino en aquellas que los quieran y les den finalmente el hogar, la crianza y la educación que merecen.

 
 
 
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