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Definición de Homeostasis

La homeostasis es el estado de equilibrio o funcionamiento armónico del organismo. Es una condición inherente a un buen estado de salud. El vocablo proviene del griego, de homos que significa semejante y de stasis, que equivale justamente a estabilidad.

Este equilibrio de alcanza al ocurrir una interrelación entre todas y cada una de las estructuras que conforman a un ser vivo, que a su vez se encuentren gobernadas por sistemas de control que cuenten con procesos de retroalimentación.

Mecanismos de control que permiten mantener la homeostasis

1. Regulación a través del sistema nervioso

Los mecanismos de control y regulación son llevados cabo principalmente por el sistema nervioso. Este cuenta con sistemas de captación de información del exterior así como de los diversos tejidos que incluyen varios tipos de receptores y su conexión al sistema nervioso central mediante vías aferentes.

Esta información obtenida es procesada en diversos centros nerviosos desde donde parten vías eferentes hacia los distintos tejidos, esto con el fin de llevar a cabo una determinada acción. Estas acciones de regulación se llevan a cabo principalmente por el sistema nervioso autónomo, un ejemplo de ello es la regulación de la presión arterial, la temperatura corporal, la frecuencia del pulso o las respiraciones, entre muchos otros procesos.

Desde el sistema nervioso también se establecen conexiones con el sistema endocrino, que constituye un importante brazo ejecutor de control que se efectúa mediante el sistema hormonal que no es mas que un sistema de mensajeros químicos.

La interrelación entre el sistema nervioso y el sistema endocrino ocurre en las conexiones entre el hipotálamo y la hipófisis.

2. Regulación a través del sistema endocrino

La hipófisis regula en funcionamiento de todas las glándulas del organismo, estructuras que producen sustancias llamadas hormonas que son las responsables del funcionamiento y de la regulación de diversas actividades de los distintos tejidos del cuerpo.

El sistema hormonal cuenta con un mecanismo de retroalimentación que garantiza un control fino en la liberación de los factores estimulantes producidos a nivel de la hipófisis.

Un ejemplo de esto es por ejemplo la liberación de factores estimulantes del ovario por parte de la hipófisis, esto estimula la producción de estrógenos que favorece que ocurra la maduración de un folículo para dar así origen a un óvulo. Al ser liberado este óvulo el ovario comienza a producir progesterona que es la hormona responsable de una serie de cambios en el útero que lo preparan para poder anidar el embrión en el caso de que el ovario sea fecundado.

Si ocurre la fecundación el embrión produce una hormona (gonadotropina coriónica) que estimula la producción de progesterona por parte del ovario lo que inhibe el estímulo de la hipófisis sobre el ovario, con lo cual no ocurrirá nuevamente la ovulación. En caso contrario, si no ocurre la fecundación, el útero sufre una descamación de su capa interna originándose el flujo menstrual, caen los niveles de progesterona, lo que activa nuevamente a la hipófisis para que ocurra un nuevo ciclo.

Los mecanismos homeostáticos cumplen distintas funciones:

1) el aprovechamiento de los alimentos ingeridos y su eliminación posterior (por ejemplo, por la sudoración o por la excreción),

2) la regulación de la temperatura corporal permite la adaptación de un animal a su medio físico,

3) el sistema inmunológico como mecanismo de defensa ante cualquier cuerpo exterior (por ejemplo, algunas bacterias) y

4) la absorción del agua en los niveles adecuados para posibilitar la propia existencia de una planta, un animal o un ser humano.

Estos procesos son ejemplos concretos de funciones vitales reguladas por la homoestasis.

El modelo homeostático y la conducta humana

Si todos los seres vivos tienen un mecanismo interno de tipo homeostático, es razonable pensar que esta idea es aplicable a la conducta humana. Si fisiológicamente estamos sanos cuando hay una correcta autorregulación de las funciones vitales, algo muy similar ocurrirá con respecto a nuestro comportamiento. Así, nuestro equilibrio anímico necesita de algún mecanismo que permita la estabilidad de las emociones.

Hay que tener en cuenta, que el estado de ánimo de un individuo depende, en gran medida, de cómo se encuentre físicamente. Pensemos una persona con esquizofrenia que no toma su medicación. Esta circunstancia provocará previsiblemente un desequilibrio emocional. De manera análoga, un deportista lesionado que no practique deporte se sentirá desanimado porque sus niveles de endorfina son inferiores a lo habitual. En definitiva, cómo nos encontremos mentalmente depende de dos factores fundamentales: las reacciones químicas que se producen en nuestro cuerpo y los acontecimientos externos que generan ciertas alteraciones físicas o mentales. Ambas cuestiones son equilibradas de manera consciente o inconsciente por algún mecanismo homeostático.

 
 
 
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