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Definición de Teshuvá

En los textos sagrados del judaísmo hay términos que no son fácilmente traducibles. Esto es lo que sucede con la palabra teshuvá, pues se traduce como arrepentimiento pero en realidad se trata de una idea más compleja y profunda.

Es posible practicar la teshuvá en cualquier época del año, pero el momento más propicio es durante el último mes del calendario hebreo

Durante el tiempo de teshuvá hay que adoptar una postura espiritual basada en el remordimiento y el arrepentimiento por los pecados cometidos. En otras palabras, se deben reparar los daños causados con el propósito de no volverlos a cometer. Podríamos decir que en este proceso de introspección hay un juicio a uno mismo. No se trata de un simple autorreproche, sino de pensar las propias acciones con el objetivo de aliviar el espíritu. En este diálogo interior hay, a su vez, un diálogo con Dios.

El tiempo dedicado a la teshuvá está orientado a la plenitud y a la concordancia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

El proceso de la teshuvá

En primer lugar, se renuncia a los comportamientos negativos decidiendo libremente que no se van a repetir en un futuro. Seguidamente hay un acto de confesión a través de las palabras (con la verbalización del error se busca el esclarecimiento del conflicto interno). Por último, hay un compromiso personal para que el error no vuelva a producirse.

Una vez finalizado el proceso de arrepentimiento se produce una mayor conexión entre el hombre y Dios y debido a ello la idea de teshuvá es entendida como si fuera un retorno hacia Dios. No hay que olvidar que el arrepentimiento debe entenderse como un acto de amor a Dios.

Todo este proceso tendrá sentido cuando aparezca una nueva oportunidad de actuar indebidamente y, sin embargo, se acabe actuando de manera correcta.

El acto de contrición entre los católicos tiene un significado similar

Para un creyente católico cuando se realiza una acción indebida o un pecado es necesario obtener el perdón de Dios. Así, a través del sacramento de la confesión el fiel confiesa su pecado y, mediante la acción del Espíritu Santo, el sacerdote le concede el perdón por los pecados cometidos.

Sin embargo, la petición de perdón solo tiene sentido si existe la voluntad de no volver a cometer la misma equivocación. En otras palabras, solo si hay un sincero propósito de enmienda tiene validez el arrepentimiento por los pecados cometidos.

Fotos Fotolia: Rafael Ben-Ari / Penwin

 
 
 
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