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Definición de Santidad

SantidadLa santidad es un concepto estrechamente vinculado a la religión y, muy especialmente, a la tradición católica. En el Antiguo Testamento se indica con claridad lo que significa ser un santo: la persona que dedica su vida a Dios, a servirle en un sentido amplio. Así, quien lleve este tipo de vida practica la santidad.

La santidad la puede alcanzar cualquier hombre o mujer que haya sido bautizado. Se podría decir que es el perfecto modelo de existencia humana. En otras palabras, es el ideal de vida para los cristianos.

Al ser un ideal, conseguir alcanzarlo es una tarea de gran dificultad. En primer lugar es necesario recibir el don de la gracia de Dios, quien otorga este privilegio para ayudar al hombre a conseguir la santidad. Sin embargo, la gracia no es suficiente y el verdadero cristiano debe entregarse plenamente al objetivo de la santidad. Ante todo debe amar a Dios sobre todas las cosas y, al mismo tiempo, amar a los demás de la misma forma que lo hacemos con nosotros. Hay que ser una persona luchadora y perseverante. En ningún caso hay que rendirse o abandonar la esperanza de la santidad. El mejor camino para conseguirla es imitando el comportamiento de Jesús. Quien quiera ser un santo debe huir del pecado, controlar sus pasiones y no dejarse arrastrar por asuntos banales.

La santidad es un modelo de perfección, que sirve como referencia a los creyentes. Esta idea se concreta en aquellos individuos que han alcanzado la santidad según la Iglesia católica.

La vida de los santos

En la tradición cultural de la cristiandad, las biografías de santos han tenido un papel muy importante. Este tipo de relatos son conocidos como hagiografía y quien los escribe es un hagiógrafo.

El lector que se acerca a la trayectoria vital de un santo no solamente conoce su ejemplaridad en el comportamiento, sino que al mismo tiempo se encuentra con un arquetipo de referencia, alguien al que puede imitar para llegar a ser un santo.

Los discípulos de Jesucristo y los mártires cristianos fueron los que iniciaron esta tradición. La mayoría de auténticos creyentes tiene algún santo de referencia. Entre los múltiples ejemplos que podríamos mencionar, la vida de San Agustín reflejada en su obra autobiográfica "Confesiones" ilustra con claridad cuál fue el proceso personal para conquistar la anhelada santidad. San Agustín se presenta a sí mismo como un hombre que inicialmente vivió en pecado y alejado de Dios. Él buscaba la verdad por caminos erróneos, pero la intervención de su madre, Santa Mónica, le llevó a cambiar su rumbo dedicándose a servir a Dios.

 
 
 
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