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Definición de Reforma Protestante

Definición conceptual

La Reforma protestante fue el resultado de un movimiento de transformación en el seno de la fe cristiana, iniciado en Alemania en el siglo XVI, que tuvo como resultado el cisma de la Iglesia católica, a partir del cual nació el protestantismo.

Lilén Gomez | Junio 2022
Profesora en Filosofía

El contexto epocal estaba atravesado por una serie de reformas tanto en el ámbito cultural como religioso, bajo el influjo del Humanismo renacentista. La repercusión de tales reformas alcanzaba no solamente el campo de la teología, sino una multiplicidad de esferas, como la historia, la literatura, la filología, la educación, las artes, las ciencias.

El ambiente social en el que se gesta el movimiento de la Reforma protestante es una situación de decadencia general de las formas de la religiosidad medievales, que tiene como contrapartida el proceso de secularización del poder a partir de la génesis de los estados modernos en Europa, a cuya base se hallaba la emergencia del modo de producción capitalista.

La reforma teológica

Frente a la crisis generalizada de la teología escolástica, cuyas dos principales fuentes eran, por un lado, la ruptura entre la fe y la razón y, por el otro, la crisis de la autoridad eclesiástica misma, se pronunciaban distintos impulsos de transformación del cristianismo, en dos grandes direcciones. La primera, proponía la creación de una nueva teología, haciendo tabula rasa de la teología escolástica tradicional (en esta línea se inscribirá el movimiento de reforma protestante, conjuntamente con el movimiento humanista de Erasmo de Rotterdam).

La segunda, abogaba por la renovación de la teología escolástica medieval, recuperando su genuina esencia y, a la vez, adaptándola a los nuevos valores culturales de la época moderna, influenciados por el Humanismo.

Martín Lutero (1483-1546), teólogo, filósofo y fraile católico, fue uno de los principales impulsores de la Reforma protestante, que tuvo lugar en el año 1517. El propósito de aquella, declarado por Lutero, era recuperar la “pureza” del Evangelio, que había sido oscurecida por el aristotelismo, por el cual la teología se confundía con la razón; y por la tiranía del Papado romano, que se manifestaba en los privilegios otorgados a la nobleza y en la decadencia moral de los clérigos, quienes habían convertido a la iglesia en un negocio a las órdenes del Papa.

La religiosidad protestante

En el sistema teológico luterano, se plantea como un principio teológico fundamental la absoluta trascendencia de Dios, cuya divinidad permanece inaccesible a los seres humanos. De esta concepción básica, se siguen dos principios, que serán decisivos para la Reforma. Por una parte, el principio de “exclusividad”, que implica que la salvación en la fe cristiana solamente está mediada por Cristo, es decir, no hay ninguna intervención humana; a diferencia del principio por el cual se guía el sistema católico, que agrega la participación de la Iglesia a la acción de Cristo, como intermediaria entre el hombre y la palabra de Dios.

Por otra parte, el principio de “pasividad”, por el cual el hombre solamente puede permanecer pasivo ante la acción divina, es decir, solamente Dios puede salvar el alma humana, luego, ninguna acción llevada a cabo por la creación puede ser salvadora, si no proviene del Creador.

Como consecuencia de ambos principios, el resultado es que todo aquello que se interponga entre el mundo humano y la acción salvadora de Dios debe ser suprimido, a saber, se niega toda realidad material, creada, que se afirme como instrumento para la gracia de Cristo. Con ello, el poder de la institución eclesiástica quedaría devastado, puesto que ningún sacerdocio tendría potestad de investirse como representante de la autoridad de Dios en la tierra. En adelante, el poder de la Iglesia se debilita y entra en conflicto con el de la autoridad política.

En la medida en que la piedad cristiana consiste en la fe en la salvación de Cristo, sin intermediarios externos, la religiosidad se trata como un ámbito interior de cada individuo. Luego, la Palabra de Dios, a través de las Escrituras, debe ser interpretada sin mediación. En este sentido, el movimiento protestante toma como hito la traducción de la Biblia, primero, al alemán, y, luego, a otras lenguas corrientes, de modo tal que el pueblo pueda acceder a su lectura de manera directa. La teología queda restringida, entonces, al conocimiento de la Sagrada Escritura bajo inspiración divina por parte de cada fiel.

 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Junio 2022; sobre el original de julio, 2013.
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Bibliografía

Plans, J. B. (2019). Reforma católica y Reforma protestante. Su incidencia cultural. Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, 7(2), 333-347.

Gamboa, R. H. (2021). El Estado absolutista y la reforma protestante como el umbral de la biopolítica. Reflexión Política, 23(48), 111-123.
 
 
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