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Definición de Diosidencias

Ciertos acontecimientos resultan sorprendentes y no es fácil encontrar una explicación lógica para comprenderlos. Para referirnos a ellos, decimos que se trata de casualidades o coincidencias. Hay casualidades que tienen una dimensión mayor y van más allá de lo razonable. Cuando esto sucede se trata de diosidencias.

Concidencias y diosidencias

Si una persona se encuentra de viaje en un lugar remoto muy alejado de su casa y allí coincide con un vecino, se puede hablar de una curiosa coincidencia. En este caso, ha ocurrido algo inusual, pero puede tener una explicación lógica (por ejemplo, los dos individuos fueron a la misma agencia de viajes de su localidad y en ella se les ofreció el mismo viaje para ambos).

Un individuo se dirige a un bosque con la intención de acabar con su vida por un problema amoroso. En el bosque se encuentra inexplicablemente a la persona amada y a partir de ese instante abandona su plan inicial y comienza una relación sentimental plenamente satisfactoria.

Este hecho no se presenta como una simple coincidencia y al analizarlo se puede pensar que los protagonistas acabaron juntos en el bosque porque alguien o algo manejó los hilos de los acontecimientos para que la historia tuviera un final feliz.

Las diosidencias se podrían considerar como pequeños milagros

La diferencia entre coincidencias y diosidencias es evidente: las primeras tienen una posible explicación y en las segundas hay un componente misterioso y aparentemente sobrenatural, como si los acontecimientos se hubieran sincronizado a través de un plan. Por este motivo, algunas personas sostienen que las diosidencias tienen relación con la providencia divina, con el destino o con alguna otra fuerza de orden superior.

Todos somos capaces de recordar alguna coincidencia en nuestras vidas. Sin embargo, es muy posible que no hayamos experimentado ninguna diosidencia. Generalmente, quien cree en un poder superior que lleva el curso de nuestras vidas, considera que todo lo que ocurre obedece a una causa.

En consecuencia, no se debería hablar de casualidades sino de una causalidad

Como es lógico, hay personas que rechazan este tipo de explicación y consideran que las llamadas diosidencias no son más que llamativas coincidencias que nada tienen que ver con el destino, con la mano de Dios o con cualquier otra causa.

Las diosidencias presentan una clara semejanza con los milagros. Ambos fenómenos carecen de una explicación que permita comprenderlos racionalmente. Sin embargo, en los dos casos la mente humana recurre a una causa que pueda explicar la realidad de los hechos. A esa causa unos le llaman Dios y otros el destino.

Foto: Fotolia - nuvolanevicata

 
 
 
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