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Definición de Micronación-Microestado

Aunque técnicamente son dos conceptos ligeramente diferentes, aquí los analizaremos conjuntamente por su parecido lógico. Un microestado es un estado reconocido internacionalmente cuyas dimensiones físicas o la cantidad de ciudadanos son muy pequeñas. Así mismo, una micronación es un proyecto de microestado, en el sentido que cumple las características pero no tiene reconocimiento internacional.

Un ejemplo de microestado extremo es el Vaticano; con su territorio completamente dentro de la ciudad de Roma (la frontera está marcada por una simple línea pintada en el suelo, y no hay una aduana u otro punto concreto por donde pasar, pues la divisoria está en la misma calle, dispone de una superfície de 0,44 kilómetros cuadrados, y su población no llega a las mil personas.

Además de este, en Europa hay otros microestados; los más pequeños que siguen al Vaticano son Mónaco (con poco más de 2 kilómetros cuadrados y poco más de 30.000 habitantes, ubicado en la Costa Azul francesa cerca de la frontera con Italia), y San Marino (61 km cuadrados y no llega a los 33.000 habitantes).

Algunos microestados están compuestos solamente por una ciudad, como es el caso de Mónaco, mientras que otros se asemejan a una pequeña región, como una comarca de un gran país.

Liechtenstein (160 km2 y cerca de 37.000 habitantes), Andorra (468 km2 y unos 85.000 habitantes) y Luxemburgo (2.586,4 km2 y casi 600.000 habitantes, siendo tal vez el mayor de los microestados) completan los microestados existentes en Europa.

Junto al llamado “viejo continente”, los otros lugares del mundo donde más proliferan los microestados son las aguas del Pacífico y el Caribe.

Nauru, con 21 kilómetros cuadrados de extensión y poco menos de 10.000 habitantes es, junto a Tuvalu (26 km2 y poco más de 10.000 habitantes) y las Islas Mashall (181 km2, cerca de 71.000 habitantes), son los microestados más pequeños del Pacífico.

En el mar Caribe encontramos San Kitts y Nevis (261 km2 y más de 50.000 habitantes), la isla de Granada (344 km2, 110.000 habitantes), y San Vicente y las Granadinas (389 km2, menos de 103.000 habitantes) como los estados más pequeños.

Una micronación es, sobre el papel, un microestado en ciernes, es decir, una comunidad humana que quiere ser reconocida internacionalmente como estado. No obstante, a la práctica esta definición idónea puede distar de la realidad.

Tomemos por ejemplo a una de las micronaciones más paradigmáticas: el autoproclamado Principado de Sealand.

Su territorio consiste en una plataforma militar fuera de funcionamiento en el mar del norte y abandonada. No es, pues, una “vieja nación” cuyos orígenes se remontan a la edad media (como en el caso de Andorra) o incluso antes (como en el caso de los microestados de Oceanía), si no simplemente el fruto de una familia que aprovechó la ocasión brindada para instalarse allí y reclamarlo como suyo.

Otro caso similar es el del islote de Pontinha, que podemos encontrar en la parte sur de la isla portuguesa de Madeira. Su superficie es de 187 metros cuadrados y su propietario, Renato Barrios (autoproclamado monarca del territorio), lo declaró independiente en 2007 tras una disputa con el gobierno madeirense por un bar que quería abrir en el fuerte que hay en la isla, resto del inicio de la colonización lusa en la isla.

El paroxismo de las micronaciones llega a casos tan estrambóticos como el de Vikesland, en Canadá, cuyo territorio es un pequeño rancho familiar... claro que su fundación viene de un reportaje para TV que realizó su “soberano” (cameraman de televisión para más datos), y dedica sus actividades “nacionales” a beneficencia.

Hasta podemos encontrar “imperios” entre estas micronaciones, como en el caso de Austenasia, un proyecto nacido en 2008 cuando un padre y un hijo que viven en una casa unifamiliar en el sur de Londres mandaron una carta a su representante local en el Parlamento Británico informándole de la independencia... de su casa.

La publicación del caso en Internet ha hecho que otros domicilios particulares de todo el territorio británico se adhieran a la nación, creando un “imperio” con trozos de territorio repartidos entre Inglaterra y Escocia.

Un proyecto interesante de micronación es Asgardia, ya que su territorio no es de este mundo. Literalmente: su objetivo es plantar satélites en el espacio como territorio propio, y ganar reconocimiento internacional.

De estos satélites, uno ha sido lanzado con éxito. El objetivo -difícil- es conseguir una nación con nuevas leyes propias.

Foto: Fotolia RoroB

 
 
 
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