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Definición de Chivo Expiatorio

chivo-expiatorioEn el uso cotidiano del lenguaje empleamos infinidad de expresiones curiosas y resulta útil conocer su auténtico significado así como su origen histórico.

En el caso que nos ocupa, un chivo expiatorio es aquella persona que asume la responsabilidad de algo que no ha hecho. De esta manera, cuando se da una situación en la que hay un culpable de unos hechos pero se ignora quién es exactamente, alguien decide inventarse una persona para, utilizando otra expresión común, "hacerle pagar el pato" (incluso se podría decir "cargarle el mochuelo" y otras expresiones con el mismo significado). Quien se convierte en el chivo expiatorio es víctima normalmente de alguna argucia de alguien que hábilmente lo convierte en responsable de una acción aunque propiamente no lo sea. Con esta estrategia el auténtico culpable de unos hechos se libra de un posible castigo.

En la vida cotidiana se dice habitualmente que hay que buscar un chivo expiatorio. También puede suceder que alguien que acaba siendo culpable de algo diga "soy el chivo expiatorio" para dar a entender que hay una trama contra él.

Origen histórico

Una de las celebraciones más importantes de la religión judía es el Día de la Expiación, celebración orientada a la purificación de los pecados. En este contexto, los judíos sacrificaban dos machos cabrios: uno de ellos era sacrificado como símbolo de la expiación de los judíos y el segundo también se sacrificaba, dando a entender que cargaba con los males o culpas del pueblo. El segundo sacrificio era denominado como "el chivo expiatorio" y esta expresión del Antiguo Testamento se hizo popular y fue asumida en el uso coloquial.

Para el judaísmo el Día de la Expiación es conocido como Yom Kipur y el propósito de esta celebración es el arrepentimiento verdadero del creyente con el fin de reconciliarse con Dios.

Expresiones y palabras relacionadas con la tradición religiosa

En los países latinoamericanos la tradición religiosa (tanto la judía como especialmente la católica) está muy presente en el idioma. De hecho, en español utilizamos expresiones cuyo origen se encuentra en los evangelios. Vale la pena mencionar algunas de ellas: llorar como una Magdalena, estar hecho un ecce homo, perder el oremus, predicar en el desierto, ser algo un rollo macabeo o el regreso del hijo pródigo. Cualquiera de ellas tiene un origen bíblico pero se utilizan en contextos que nada tienen que ver con asuntos religiosos.

Al margen de algunas expresiones muy concretas no hay olvidar que muchas palabras están asociadas originariamente a algún aspecto de la religión (herejía, exorcismo, éxodo, devoción, sagrado, dogma y un largo etcétera). Se puede afirmar, en consecuencia, que nuestra cultura y nuestro idioma está impregnado de religiosidad.

Foto: iStock - Martin Dimitrov

 
 
 
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