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Definición de Submarino

Desde el literario Nautilus de Julio Verne hasta los potentes submarinos nucleares de hoy, y pasando por los legendarios U-Boot, los submarinos han despertado nuestra imaginación y, quien más, quien menos, todos hemos soñado alguna vez en poder viajar en uno.

Un submarino es una nave marítima (buque) pensado y diseñado para navegar preferiblemente por debajo del agua.

Esto implica que el submarino debe poseer unas características especiales, que lo diferencian de un barco de superficie, como su forma; mientras que el buque de superficie debe cortar el agua y debe tener solamente una parte estanca, el submarino debe tener la forma adecuada (como una gota de agua alargada) para navegar por debajo del agua, debiendo ser totalmente estanco.

Esto, además, lleva a la necesidad de tener en cuenta aspectos como el suministro de oxígeno a la tripulación.

Pese a que desde la antigüedad se han venido utilizando campanas de inmersión para descender durante espacios de tiempo prolongados a profundidades en el agua, disponiendo de aire y otros suministros y herramientas, dichos vehículos carecen de propulsión propia, algo que sí le aportan los submarinos y sumergibles.

Debemos diferenciar submarino, que es una nave marina pensada y diseñada para moverse principalmente por debajo del agua, de un sumergible, que es una nave de superficie con capacidad para navegar bajo el agua en determinados momentos.

La diferencia es sutil, y muchas veces llamamos submarino a lo que, en realidad, es un sumergible. Actualmente, la diferencia se ha hecho más patente, puesto que los sumergibles son utilizados esencialmente en aplicaciones civiles, mientras que los submarinos pertenecen casi en exclusiva al ámbito militar.

La principal diferencia entre ambos es el hecho de que los sumergibles trabajan de forma estática en un lugar, por ejemplo, en operaciones de salvamento bajo el mar, mientras que los submarinos se desplazan a grandes distancias.

Los submarinos modernos comienzan su andadura con el buque confederado CSS Hunley, el primer navío submarino capaz de realizar un ataque exitoso a un barco enemigo hundiéndolo.

Fue durante la Guerra Civil Americana, en 1864, cuando el Hunley hundió el barco yankee USS Housatonic, aunque con resultados fatales, puesto que el mismo Hunley resultó hundido en la acción.

El testigo en la vanguardia de la investigación de submarinos pasó entonces a España.

El catalán Narcís Monturiol realizaba exitosamente las pruebas del Ictíneo II en el puerto de Barcelona el mismo año de 1864, con un objetivo menos combativo que el Hunley, como era el de la recolección de coral (aunque el buque también fue ofrecido a la armada de aquel país).

En 1888 era el ingeniero Isaac Peral que botaba su nave, bautizada con su propio apellido,

La falta de visión del alto mando y el gobierno españoles impedía que, pese a las posibilidades del nuevo buque, que España se pusiera a la cabeza del mundo en el uso armamentístico de las naves submarinas.

De hecho, algunos estudiosos afirman que, de haber invertido en sumergibles (en aquella época no podemos hablar todavía con propiedad de submarinos, según lo visto antes, pese a que se estaban cimentando sus bases), el resultado de la Guerra de Cuba habría podido ser ligeramente distinto, y que pese a perder igualmente la colonia, la armada española habría podido dar un susto mayúsculo a la armada estadounidense, por lo demás, muy superior en lo que se refiere a unidades de superfície.

La investigación en sumergibles continuó, y el siguiente punto de inflexión lo encontramos en la Primera Guerra Mundial.

Si los U-Boot alemanes se hicieron famosos durante la Segunda Guerra Mundial, su génesis la encontramos en el conflicto inmediatamente precedente.

Pese a los esfuerzos de la Kayserlische Marine (la Marina Imperial germana) de ponerse a la altura de la potencia naval británica, nunca llegó a estar a la misma altura y a disponer de las mismas capacidades, excepto en lo que se refiere al arma submarina.

Esto es debido por un lado a la falta de interés británico en este particular (pese a que la Royal Navy disponía de sus submarinos, menor número que los alemanes y de inferior calidad), y a que los mandos militares germanos sí les vieron posibilidades.

En el periodo de entreguerras, Alemania siguió desarrollando su arma submarina, cuyo desarrollo se aceleró a partir de la subida al poder de los nazis en 1933.

Persuadido por sus comandantes navales, principalmente Erich Raeder, Hitler decidió apostar por los U-Boot, una apuesta que fue creciendo a medida que la guerra avanzaba.

La armada alemana era inferior en número de unidades de superficie que su principal enemigo, la Gran Bretaña (y más tarde, también Estados Unidos). Los británicos, además, se dieron a la caza de los principales buques enemigos, como el Graf Spee, el Bismarck y el Tirpitz, hasta poder hundirlos.

Esto llevó a las órdenes de proteger las grandes unidades de superficie y utilizar, en vez de estas, a los submarinos como unidades de ataque.

Los éxitos de los U-Boot, que llegaron a estar cerca de colapsar el tráfico mercante que abastecía de víveres a Gran Bretaña, reafirmaron la apuesta hitleriana en esta rama del arma naval.

No obstante, los aliados aprendieron a hacer la guerra a las temibles manadas de lobos que les aguardaban en el Atlántico, y ello llevó a que el arma submarina alemana fuera la que mayor porcentaje de bajas registró al final de la contienda en comparación con las demás armas del ejército.

Hasta esta época, estamos hablando eminentemente de sumergibles, es decir, tanto los U-Boot como los buques de las demás armadas en liza, navegaban eminentemente en superfície, hundiéndose para atacar o para protegerse de los ataques enemigos en momentos puntuales, aunque cada vez por periodos más prolongados.

Fueron los alemanes quienes consiguieron fabricar los primeros submarinos tal y como los conocemos hoy, las clases XXI y XXIII, operacionales al final del conflicto.

Finalizada la conflagración mundial, y con los conocimientos y los mismos científicos que habían impulsado el crecimiento tecnológico germano en tiempos de guerra, tanto norteamericanos como soviéticos fueron los principales impulsores del avance en materia submarina.

En este periodo destaca un nombre propio, que poco o nada tiene que ver con el literario submarino de Julio Verne: el Nautilus.

El Nautilus norteamericano fue el primer submarino nuclear operativo del mundo.

Desde la posguerra hasta la actualidad, los submarinos crecen en tamaño, en prestaciones, y en capacidad de navegar por debajo del agua.

Si los alemanes llegaron, durante la Segunda Guerra Mundial, a un punto de desarrollo de la tecnología de las baterías, tras este conflicto se conseguirían logros inauditos en materia de renovación de oxígeno, reciclaje de agua, y abastecimiento, permitiendo que los submarinos naveguen por debajo del agua durante meses ininterrumpidamente.

Pese a que no tan grandes y capaces como los norteamericanos, rusos y británicos, a día de hoy, muchos países tienen submarinos operativos en sus armadas, así como sumergibles en sus flotas de rescate e, incluso, para finalidades turísticas (con partes acristaladas que permiten disfrutar de una visión privilegiada del mundo debajo del mar).

Incluso narcotraficantes han construido submarinos artesanales y los han utilizado en intercambios de drogas y dinero.

Hasta tal punto ha impactado una tecnología que, pese al paso del tiempo, continúa siendo muy exclusiva.

Fotos: Fotolia - Kovalenko / Maurizio

 
 
 
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