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Definición de Shoá

La materialización de los delirios antisemitas de los nazis y sus simpatizantes desde 1933 y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha pasado a la historia con el explícito nombre de Holocausto, un término cuya traducción al hebreo es Shoá.

Como Shoá u Holocausto se conoce la matanza de más de seis millones de judíos perpetrada en Europa por el Tercer Reich con la asistencia de diversos estados aliados y miles de antisemitas de los países ocupados.

La principal herramienta en manos nazis para cometer esta atrocidad, y tal vez la más conocida, fueron los campos de concentración y muerte, pero no fue la única.

También cabe destacar que si la comunidad judía fue el principal objetivo del nazismo en Europa para “limpiar” étnicamente, y según sus creencias, los territorios que iban conquistando, no fue la única: gitanos, eslavos, pero también otros grupos humanos discriminados por varios motivos, como los homosexuales, los Testigos de Jehová, o los rivales políticos como los comunistas. La lista es larga.

No obstante, la palabra Holocausto en este contexto es mayoritariamente utilizada para referirse a la persecución y asesinato en masa de los judíos, hablando de los otros casos como “el holocausto gitano”, o “el holocausto homosexual” para referirse al mismo proceso sufrido por dichos colectivos.

La tradición antisemita estaba muy extendida por todo occidente en la época.

Y databa desde los primeros tiempos de la asunción del cristianismo como religión de estado del Imperio Romano por Constantino, probablemente como forma de sacudirse de encima la persecución a la que fue sometido el cristianismo en sus primeros tiempos, y buscar un chivo expiatorio en otra comunidad, hacia la cual canalizar las iras de la sociedad en momentos de tensión por motivos diversos.

Así, las comunidades judías ya habían sufrido persecuciones a lo largo de toda la edad media, con periodos de relativa calma, pero que no apagaban los rescoldos del odio antisemita persistente en la sociedad occidental en su conjunto.

Los pogromos ocurridos en la Europa del este, especialmente en la Rusia Zarista y el Caso Dreyfus en Francia pueden ser ejemplos paradigmáticos de este odio antisemita en sociedades establecidas en las dos puntas de Europa.

El joven Hitler se impregnó de discurso nacionalista pangermánico y antisemita, refundando el DAP como NSDAP y añadiéndole una fuerte impronta antisemita.

Él mismo ya había amenazado a la comunidad judía en su obra Mein Kampf, y su llegada al poder en 1933 solamente iba a permitirle materializar todo su odio sobre esta comunidad. Además, el resto de los jerifaltes nazis eran también antisemitas.

Las prohibiciones y limitaciones empezaron rápidamente, así como los abusos hacia la comunidad judía, que se veían como ciudadanos de segunda en la Alemania nacionalsocialista y en los Territorios del Reich como Austria cuando esta fue incorporada en 1938.

Hasta entonces, la comunidad judía austríaca había vivido con bastante tranquilidad, pero a partir del Anschluss vieron como muchos de los que hasta entonces habían sido sus amables vecinos, se convertían en sus torturadores.

El comienzo de la Segunda Guerra Mundial supuso una escalada en el martirio de la comunidad judía.

Especialmente en el este, donde los nazis se encarnizaron con los judíos y los eslavos entrando a sangre y fuego en muchos pueblos y ciudades, pero también en el oeste, donde los perseguían para deportarlos.

Notable es el caso de Dinamarca, donde cuando se anunció la obligación de los judíos de portar la Estrella de David amarilla en el pecho, al día siguiente toda la población (hasta el mismo rey Cristián X) la lucían en sus solapas y, “misteriosamente”, toda la población judía del país había desaparecido... claro que dicho misterio se entiende cuando se sabe que la resistencia danesa se dedicó a pasar a los judíos en barcos hasta Suecia para salvarlos.

La limpieza étnica nazi en los territorios ocupados empezaba con los Einsatzgruppen, unos comandos de las SS que seguían inmediatamente a las vanguardias de las tropas del Reich, y cuya misión era “limpiar” el lugar en el mismo momento.

Dichos comandos pertenecían a las SS, y sus tácticas para exterminar a las poblaciones de los lugares ocupados pasan por ser de las más atroces nunca vistas, yendo desde fusilamientos en masa, hasta la quema de edificios con gente dentro, pasando por cavar grandes fosas donde se utilizaba cal viva para quemar vivos de forma química a las pobres víctimas.

Algunos de estos métodos provocaron problemas mentales en sus perpetradores; matar a alguien, aunque lo consideres “infrahumano” como consideraban los nazis a otras “razas”, no debe ser fácil.

Así pues, el método de los Einsatzgruppen fue en declive, pero también porque el signo de la guerra cambió y el Eje tuvo que pasar la defensiva.

Tanto en estas actuaciones como en las siguientes, los criminales nazis buscaban tranquilizar a quienes iban a masacrar, asegurándoles que iban a ser reasentados.

Les hacían dejar sus pertenencias, que después serían depredadas por el propio régimen nacionalsocialista para pagar los gastos de guerra o para el lucro personal de sus jerifaltes.

Lo mismo se hacía con las poblaciones deportadas a los guetos, donde se hacinaban esperando un destino peor (aunque ellos no lo sabían).

Los guetos eran una forma de concentrar a los judíos antes de llevarlos a campos de concentración, trabajo y exterminio.

Ubicados en las ciudades, reproducían un modelo conocido desde la edad media: cerrar un barrio o sector mediante muros, concentrando allí la población judía.

De estos guetos solo se salía para ir a trabajar a fábricas en las que los judíos trabajaban en régimen de esclavitud para los nazis, muchas veces en producción destinada al esfuerzo de guerra del Eje.

En los mismos, había un consejo llamado Judenrat que era el órgano de dirección del gueto, compuesto por judíos notables, y una policía que actuaba a menudo violentamente contra sus propios conciudadanos. Muchos de estos agentes y de miembros de los Judenrat pueden ser considerados como colaboracionistas, que utilizaban la violencia contra los suyos para sobrevivir a la situación.

¿Culpables? Preguntémonos, cada uno de nosotros, qué haríamos en una situación extrema hasta este punto. Es muy fácil decir que no colaboraríamos, pero... sentados cómodamente en un sofá, es fácil de decir. Sería bonito que nunca más nadie pueda responder con conocimiento de causa a esta pregunta, pero parece que la humanidad no ha aprendido nada y seguimos asesinándonos los unos a los otros.

Volviendo al tema que nos ocupa, los guetos eran una forma de concentrar la población judía en espera de su traslado a un campo de concentración y/o exterminio.

La gigantesca red de ferrocarriles, utilizada concienzudamente por los nazis, era la encargada de trasladar los judíos desde los guetos (puntos en los que concentraban a todos los habitantes judíos de una región) hasta los campos.

En los campos, los judíos eran desposeídos de las pocas propiedades que todavía pudieran tener. Contra la simplificación habitual que todos hacemos, no todos los campos eran de exterminio, sino que los había de concentración, de trabajo y de exterminio, o bien los que cumplieran varias funciones.

En los campos, la brutalidad aumentaba más si cabe, y se procedía al exterminio sistemático de los judíos.

Conocedores de que las atrocidades que habían cometido eran crímenes e iban a ser punidos por los vencedores, los nazis intentaron eliminar las pruebas físicas, quemando documentación e incluso destruyendo campos de concentración enteros.

Fue por ello que el general Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el frente occidental europeo, obligó tanto a los soldados estadounidenses como a los civiles de las poblaciones vecinas a ver los horrores del campo de Ohrdruf, una vez este fue liberado.

El general norteamericano intuía que algún día habría individuos que negarían el holocausto, por eso quiso que hubiera testigos y pruebas.

Después de seis millones de víctimas en las que se estima el holocausto judío, a las que hay que sumar gitanos, eslavos, homosexuales y prisioneros de otras etnias o que estaban allí por sus posiciones políticas o por resistirse a la ocupación, perecieran, efectivamente, hoy en día hay quien busca negar o minimizar los crímenes allí cometidos, el holocausto, la shoá en sí.

Y pese a que la humanidad pareció conjurarse en la posguerra para que semejante barbarie no se volviera a repetir, lo hemos vuelto a ver, y recientemente. Los Balcanes, la guerra en Siria, los migrantes subsaharianos retenidos en territorio libio...

Seguimos sin aprender de nuestros errores y cometiendo las mismas atrocidades.

Foto: Fotolia - Volha

 
 
 
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