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Ejército de Liberación Ruso (ROA) - Definición, Concepto y Qué es

Cuando los aliados desembarcaron en Normandía, en junio de 1944, para iniciar la liberación de Europa y avanzaron de las playas hacia el interior, empezaron a hacer numerosos prisioneros, y no todos eran alemanes.

Algunos de los prisioneros hechos en Normandía eran rusos que luchaban encuadrados en las fuerzas de la Wehrmacht, en sus propios batallones,

pero ¿de dónde venían y por qué luchaban contra quien en teoría era su enemigo?

Ningún conflicto armado, por pequeño que sea, puede reducirse a “buenos contra malos”, o un bando contra otro. Todos resultan más poliédricos y con mayores ramificaciones de lo que podemos ver a simple vista, y en todos ellos nos encontramos con personas que, teóricamente, deberían pertenecer a uno de los bandos, encuadrados en el otro.

Y, aunque muchas veces estemos tentados de colgarles la etiqueta de “traidores”, la realidad vuelve a ser más poliédrica y menos simple

Este es el caso de muchos de los rusos que lucharon con el ROA, un ejército dentro de las fuerzas armadas alemanas en el cual militaron una amalgama de rusos con propósitos e ideas diferentes, pero con el nexo común de oponerse al régimen comunista de la URSS.

Se le llama Ejército de Liberación Ruso en español, pero sus siglas corresponden a la transliteración al alfabeto latino de Rússkaya Osvobodítelnaya Ármiya (en el original en cirílico, Русская освободительная армия).

El origen del ROA se encuentra en la invasión alemana a la URSS de 1941.

Muchas de las tropas que se enfrentaron a los germanos y a sus aliados del eje no estaban motivadas para combatir; en primer lugar, no se conocían las atrocidades que los alemanes ya habían cometido en los territorios ocupados y que cometerían en la propia URSS a medida que progresaba su avance.

En segundo lugar, eran muchos en la misma URSS que no simpatizaban precisamente ni con el comunismo, ni con el régimen de Stalin. Y, como última gran causa de las rendiciones masivas que protagonizaron muchos soldados soviéticos y unidades enteras del Ejército Rojo, tenemos los nacionalismos de ciertas repúblicas soviéticas y algunos colectivos humanos.

Como ejemplo de esto último, tenemos la recepción que los civiles ucranianos entre otros brindaron a los ejércitos invasores a medida que estos fueron entrando en pueblos y ciudades, ya que los consideraron, en un primer momento, como libertadores, aunque más tarde -y debido a su brutal comportamiento-, las tornas cambiaron.

Inicialmente, los soldados del ejército soviético presos fueron encarcelados en campos de prisioneros, aunque las condiciones en estos eran, simplemente, horribles, y la lucha por la supervivencia allí, con los presos infra alimentados y tratados -acorde con las ideas del nacionalsocialismo- más como animales que como personas, animaron a muchos a apuntarse como voluntarios para servir en el ejército germano.

Algunos lo hicieron simplemente para escapar a una muerte por hambre y agotamiento, mientras que otros combinaron eso con un sentimiento anticomunistas

Encuadrados en las filas del ejército alemán, se encontraron con otros voluntarios, que no habían pasado por los campos de prisioneros, y que eran básicamente los exiliados del movimiento ruso blanco (zarista), perdedor de la Guerra Civil Rusa, y que ahora buscaban la revancha alineándose con los nazis.

Inicialmente, las unidades formadas por rusos, como por otros pueblos eslavos, desempeñaron funciones auxiliares, como las relacionadas con la logística (transportes) o policiales en la retaguardia

No obstante, las crecientes necesidades militares del ejército germano, a cuyos máximos responsables sorprendió la dimensión del Ejército rojo y su capacidad de producción armamentística, así como diseños como el excelente T34, llevaron a que las unidades de apoyo (llamadas Hiwi, abreviatura de Hilfswillige, auxiliar voluntario) se convirtieran en unidades de combate.

En aquellos momentos, antes de la batalla de Stalingrado, el ROA no existía como tal;

fue el general soviético Andréi Vlásov, capturado por los alemanes en julio de 1942, quien articuló un ejército ruso-blanco para luchar contra el Ejército rojo.

Vlásov convenció a los mandos alemanes, siendo Heinrich Himmler, el temido jefe de las SS y segundo del Führer, el encargado de convencer a un Hitler reacio a la iniciativa (recordemos que consideraba a los pueblos eslavos como racialmente inferiores).

Una vez constituido, el ROA participó principalmente en operaciones de seguridad y anti partisanas tras la línea de frente,

aunque varios factores contribuyeron a que perdieran la confianza de los mandos alemanes en esta fase de la guerra.

En primer lugar, se sitúa el contacto entre los soldados del ROA y la población civil, dándose casos en los que los primeros simpatizaban con los segundos, algo natural teniendo en cuenta que eran paisanos.

En segundo lugar, tenemos el trato dispensado a los rusos por los nazis. Dicho trato, infrahumano, llevó a muchos Hiwis y miembros del ROA a cuestionarse su lealtad a una causa que, si bien en un principio podían hacer propia, una vez visto el desarrollo de los acontecimientos, vieron que no era la misma.

Y, finalmente, los reveses militares del eje, que empezaron con la imposibilidad de tomar Leningrado y Moscú, y llegaron a su punto culminante con la derrota en Stalingrado.

¿Por qué no hubo deserciones masivas de miembros del ROA? Simple, porque Stalin había decretado que cualquier prisionero o soldado del ROA que se rindiera, fuera ejecutado sumariamente en el mismo lugar en el cual se rindiera

Debido a la poca fiabilidad que despertaban en el mando alemán, algunas unidades de combate del ROA fueron traspasadas a occidente, a proteger el Muro del Atlántico, y de resultas de esto, fueron los que encontraron los aliados en Normandía cuando desembarcaron.

Si bien algunas de estas tropas, mal equipadas, mal alimentadas y con una moral de combate muy tocada por todo lo explicado, se rindieron fácil y rápidamente, otros se defendieron hasta la muerte, temerosos que los aliados occidentales los entregaran a los soviéticos.

A estos últimos no les faltaba razón: un acuerdo entre los aliados occidentales y Stalin llevó a los primeros a entregar a los prisioneros del ROA, hubieran sido capturados en combate o se hubieran rendido voluntariamente, a los soviéticos

los cuales, siguiendo las órdenes de Stalin, los ejecutaban sumariamente a medida que eran entregados.

Durante la etapa final de la guerra, Vlásov, conocedor de la política soviética para con los suyos, intentó llevar a las unidades del ROA a rendirse ante las tropas anglo-americanas.

En el trayecto hacia el oeste, el ROA cambió de bando, enfrentándose a las unidades alemanas que habían recibido la misión de destruir Praga tras el levantamiento de la ciudad

Si bien al principio Vlásov no estuvo de acuerdo con la decisión de proteger Praga (en la cual también influyó el hecho de que los checos comparten origen eslavo con los rusos, y que muchos ruso-blancos estaban impregnados de paneslavismo), se plegó ante los hechos consumados.

Tras la batalla de Praga, muchos miembros del ROA consiguieron llegar a las líneas anglo-americanas, como el mismo Vlásov, pero se encontraron con la triste realidad de que estos los mandaban de vuelta hacia las líneas soviéticas, donde muchos fueron masacrados y otros llevados a duros centros de internamiento, el conocido como gulag. El mismo Vlásov fue ahorcado en 1946 tras un juicio sumarísimo.

Se da la circunstancia curiosa de que los primeros pilotos militares rusos en volar oficialmente en combate con reactores, lo hicieron del bando alemán, con dos Me 262 cedidos al ROA como parte de su fuerza de protección aérea.

No hay que confundir al ROA con las osttruppen, que eran, igualmente, tropas procedentes del este de Europa (especialmente de la URSS), pero encuadradas en la Wehrmacht y que, por lo tanto, no formaron nunca parte del ROA ni estuvieron bajo el mando de Vlásov.

Fotos: Fotolia - Rustic / Zeferli

 
 
 
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