Definición ABC » Historia » Revolución Rusa

+

Definición de Revolución Rusa

Cuando oímos hablar de la revolución rusa, rápidamente nos vienen a la mente Lenin, Stalin y el comunismo. Pero dicha revolución es algo más complicado, de la cual el comunismo solo fue una de sus caras, de sus manifestaciones, la que acabó saliendo políticamente victoriosa, pero no necesariamente la más representativa.

La revolución rusa consiste en toda una serie de procesos revolucionarios llevados a cabo desde marzo hasta noviembre de 1917, que supondrían la deposición del zar y el cambio de gobierno y modelo social en el Imperio Ruso, y que precederían a la guerra civil posterior.

Rusia y su imperio, pese a ser una potencia de la época (finales del siglo XIX-principios del XX), era un país en el que la mayoría de la población vivía de forma miserable y anclada en una tradición que no había superado la época feudal, con un campesinado que, si bien en teoría había sido liberado, a la práctica continuaba sirviendo como si fuese propiedad de su señor.

En las ciudades, las condiciones de vida no eran necesariamente mejores, y los obreros eran explotados por los grandes propietarios de las fábricas. Por su parte, la clase noble era improductiva, y no diré que la iglesia ortodoxa era un poder en la sombra porque, de poder, lo era, pero muy a las claras y con poco disimulo.

Estas condiciones eran el caldo de cultivo idóneo para que, sobretodo en las grandes ciudades -en las cuales había mayor acceso a libros y las noticias e ideas circulaban más rápida y fluidamente-, los ideales izquierdistas y revolucionarios se fueran afianzando.

La entrada en la Primera Guerra Mundial del Imperio Ruso fue un factor decisivo para el estallido del conflicto.

La participación del imperio de los zares en este conflicto vino marcada por el uso de las clases populares como “carne de cañón”, de la inutilidad de sus mandos (lo que redundó en ostensibles derrotas y grandes matanzas), y de las penurias que provocó tanto en las trincheras, como tras el frente.

Esto agravaba una situación que ya se venía cociendo desde la derrota en la Guerra Ruso-Japonesa (de febrero a septiembre de 1905), derrota que desembocaría en una primera intentona revolucionaria.

La actitud de la familia real, con el zar Nicolás II a la cabeza, tampoco ayudaba a apaivagar los ánimos del pueblo.

En febrero de 1917, una serie de huelgas en las fábricas de Petrogrado (San Petersburgo, entonces capital imperial) se fueron calentando progresivamente hasta llegar a un estallido violento. El zar hizo intervenir al ejército, pero los soldados empezaron a sumarse a los revolucionarios.

El régimen empezaba a derrumbarse fruto del hastío popular por la pobreza y la opresión, factores que la execrable gestión en tiempo de guerra había agravado.

Finalmente, todas las tropas de Petrogrado y enviadas para sofocar la rebelión, acabaron cambiando de bando y uniéndose a sus paisanos; al fin y al cabo, la soldadesca también formaba parte de aquel pueblo al que se la pedía atacar.

El triunfo de la revolución en la capital obligó al zar a abdicar, no tanto por la presión popular, pero sí por la política.

Los dirigentes veían un riesgo que la revolución se extendiera a más ciudades y se volviera incontrolable. De esta forma, esperaban aplicar reformas, pero conservando el orden que les interesaba (y sus puestos, por ende).

El problema es que este plan de transición suave, pacífica y, sobretodo, controlada, no salió bien.

El pueblo llano quería el poder, no se fiaba de los dirigentes y se autoorganizó en los llamados soviets, comités populares.

Lejos de su homologación con el comunismo y mala fama posterior, los soviets no fueron nada más que una forma de organización para permitir a la sociedad funcionar de una forma normal, encargándose de tareas que el gobierno no podía llevar a cabo (como la provisión de alimentos), o que los mandatarios de determinadas zonas no querían o impedían.

Al zar, tras abdicar en su hermano (que, a su vez, había rechazado la corona) le sucedió un gobierno provisional que, desde el primer momento, se vio superado por los acontecimientos.

El gobierno provisional no satisfizo una de las principales demandas de los revolucionarios: salir de la guerra. Esta aspiración fue capitalizada por el partido bolchevique, liderado por Lenin.

Lenin supo canalizar el malestar de muchos hacia la clase dirigente. Su “juego” consistía en hacerse abanderado de las opiniones y corrientes más radicales, como solicitar la expropiación de las tierras en manos de los grandes terratenientes.

Mientras, en el frente de combate, el ejército se desintegraba por momentos.

La presión ejercida por los bolcheviques se saldaba con una persecución que obligaba a Lenin a refugiarse en Finlandia.

El gobierno provisional intentaba así recuperar el orden de la situación y disponer de un ejército que, por lo menos, pudiera aguantar el tipo ante una Alemania que no iba a dejar pasar la ocasión para lanzarse sobre el Imperio Ruso.

Pero el pueblo ya estaba excesivamente hastiado y soliviantado; los bolcheviques, inicialmente minoritarios, iban ganando posiciones gracias a su defensa de postulados radicales, con cada vez una mayor parte del pueblo radicalizándose como única forma de conseguir sus propósitos.

Pese a que dicho crecimiento y, por ende, su influencia, era notable en Petrogrado y Moscú, y mucho menor en el resto del país, ambas ciudades eran el centro del poder.

En octubre de 1917, Lenin vio llegado el momento de tomar el poder por la fuerza. Es el momento de la famosa revolución de octubre.

En la noche del 24 a 25 de octubre de 1917 (nuestros 6 y 7 de noviembre; en Rusia rige el calendario juliano, mientras que nosotros nos guiamos por el gregoriano), los bolcheviques tomaron el control de Petrogrado y lanzaron un asalto al Palacio de Invierno, acción que devendría célebre.

El siguiente paso de Lenin y los suyos fue disolver el gobierno provisional y crear su propio gobierno, que empezaría, de forma inmediata, a negociar la paz con el Imperio Alemán, la cual sería sellada con el tratado de Brest-Litovsk.

Este tratado supuso pérdidas territoriales, que llevarían a distintos conflictos bélicos tras la Primera Guerra Mundial.

La oposición también se organizaba, aglutinando desde zaristas hasta demócratas. Y se organizaba militarmente.

Dejamos atrás la revolución, con un gobierno constituido, y pasamos a un nuevo episodio, la Guerra Civil Rusa. Pero esa, ya es otra historia.

Fotos: Fotolia - dule964 / vinkirill

 
 
 
Temas en Revolución Rusa
 

Redes Sociales

  • Facebook
    49023 fans
  • Twitter
    2306
  • Google
    463
  •