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Definición de Pueblos Germánicos

Las descripciones que nos han llegado de los pueblos germánicos han sido, muy mayoritariamente, las realizadas desde el punto de vista romano, que los describen casi siempre como bárbaros belicosos y despiadados que realizaban sacrificios humanos.

Pero, como siempre, la visión desde un bando es sesgada y no cuenta toda la realidad, que acostumbra a ser bastante más compleja. ¿Quienes eran los habitantes de la antigua Germania? ¿de dónde venían? ¿qué fue de ellos?

Los pueblos germánicos eran una serie de tribus que compartían un tronco lingüístico y una cultura comunes, aunque eran independientes y con formas de gobierno e identidades políticas diferenciadas, originarias del norte de Europa.

La lengua original que da paso a una diversidad de lenguas, se denomina protogermánico, y se encuentra en el origen de lenguas modernas como el alemán, el holandés, el sueco, el danés o el luxemburgués entre otras.

Su influencia puede denotarse hasta la península de Crimea con los Godos, e incluso llegaron a instalarse en el norte de África (Vándalos), tras la caída del Imperio Romano.

No hay que confundir los diversos pueblos germánicos y su cultura, con la zona denominada Germania por los romanos, y que correspondería a grandes trazos con la actual Alemania.

Nuestro conocimiento de los pueblos germanos viene, inicialmente, de los cronistas romanos, aunque en las últimas décadas se ha desarrollado más y fuera de esta visión sesgada (los romanos consideraban a los germanos como bárbaros, y los explicaban como tales) gracias a la arqueología.

Además de con los romanos, los germanos también lucharon enconadamente con los pueblos eslavos, perdiendo terreno inicialmente ante estos en la antigüedad tardía (por ejemplo, la actual Berlín fue fundada por eslavos una vez conquistado dicho territorio), y recuperándolo en el contexto de las migraciones que también acabaron con el Imperio Romano.

El origen de los pueblos germánicos se encuentra a los dos lados del Mar Báltico, en las orillas de la Península Escandinava, la actual Dinamarca, y la costa norte de la actual Alemania.

A partir de aquí, se expanden hacia el sur siempre en busca de un mejor clima y de zonas más fértiles en las cuales poder cultivar y criar ganado, y hacia al norte donde no tienen oponentes que los puedan frenar.

Si bien parece ser que los griegos clásicos entraron en contacto con estos pueblos, dicho contacto fue más debido a viajeros, y no hubo una relación comercial ni de otro tipo entre ambas civilizaciones. Fueron los romanos quienes tuvieron mayor contacto, y no precisamente pacífico.

Entre los años 113 y 101 a.C, Roma sufrió una serie de invasiones de tribus germánicas, fruto de las migraciones de estas hacia el sur de Europa.

Dichas migraciones, probablemente ocurridas por la presión ejercida por otras tribus sobre las tribus en desplazamiento, pusieron en serios aprietos a las tropas romanas, aunque actuaron también como catalizador para una profunda reforma de la institución militar romana, llevada a cabo por Cayo Mario (vencedor contra los Cimbrios y que, a la postre, se convertiría en dictador).

Dicha reforma tendría repercusiones en la evolución militar de la República, y contribuiría en gran medida a la grandeza militar romana.

Tras la Guerra de las Galias, los territorios de expansión lógica del Imperio pasaban por Germania. La derrota del bosque de Teutoburgo (9 d.C.) cerró las puertas de Germania a los romanos.

En dicho enfrentamiento, una coalición de tribus germanas lideradas por el caudillo Arminio derrotó y exterminó a tres legiones romanas. Dicen que el emperador Augusto lloró amargamente, durante muchos años, la derrota, solicitando a gritos “Publio Quintilio Varo devuélveme mis legiones!” (Varo fue el general derrotado en el bosque de Teutoburgo).

El impacto de la derrota fue tal que los números de las legiones exterminadas (las XVII, XVIII y XIX) fueron eliminados y nunca más volvieron a ser utilizados.

A partir de Teutoburgo, se establecía una frontera (limes) que dejaba Germania fuera de la zona de interés del Imperio Romano. A partir de entonces, el único trabajo de las legiones respecto a los germanos sería la contención, abandonando cualquier ansia de conquista.

Pero siglos más tarde, sería la presión ejercida por diversos pueblos germanos la que desbordaría la frontera.

En algunos casos, los romanos pelearon contra estos pueblos con diverso resultado, y en otro pactaron con ellos proporcionándoles tierras a cambio de protección frente a otras tribus, en forma de alianza.

Dichas invasiones, a partir del siglo III d.C, hundieron el Imperio de Occidente, y transformaron Europa dando lugar a reinos que precedieron a los estados modernos.

Por ejemplo, los Francos se establecieron en la antigua Galia, dando paso con el tiempo al Reino de Francia.

Con las invasiones bárbaras, los germanos entraron en contacto con el cristianismo, religión que adoptaron.

Este proceso de adopción pasó primero por las clases dirigentes, en clara voluntad de encajar con la nobleza local de las zonas conquistadas, pero acabó llegando a todas las capas y estratos de la sociedad.

Esto también llevó a una pérdida de la religión y los valores culturales germanos originales, y en las zonas con mayor mezcolanza con los romanos, a diluir lo que eran originalmente los germanos para dar lugar a una sociedad totalmente nueva.

Foto: Fotolia. Andrea Izzotti

 
 
 
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