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Definición de Proyecto Manhattan

Una de las cosas que más me ha fascinado desde siempre del proyecto que culminó en la fabricación de las dos primeras bombas atómicas norteamericanas (Little Boy y Fat Man) fue como se pudo mantener el secreto con tal cantidad de personas involucradas. Esta es su historia.

Proyecto Manhattan es el nombre en clave que recibió el esfuerzo norteamericano por lograr la bomba atómica antes que sus enemigos durante la Segunda Guerra Mundial, esfuerzo que culminó con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki y la rendición de Japón.

La pregunta de si fue necesario ha sido recurrente a lo largo de la historia posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Se sabe que los nazis tenían su propio programa nuclear, e incluso acciones de comandos de los aliados estuvieron destinadas a impedir o, por lo menos, dificultar que dicho programa triunfara, como en el caso del ataque a las instalaciones de agua pesada en Noruega (ver el film Los héroes de Telemark).

Antes de la guerra, Alemania era una potencia científica que iba por delante del resto del mundo en investigación nuclear.

No obstante, lo que frenó en seco los esfuerzos alemanes fue el antisemitismo de los fanáticos nazis; efectivamente, muchos buenos científicos alemanes o que habían trabajado en Alemania (como Albert Eisntein) eran judíos, por lo que fueron forzados a exiliarse, acabando por trabajar para los aliados.

Es, precisamente, por este hecho, de que se duda que los alemanes hubieran podido llegar a triunfar en su esfuerzo por conseguir el arma nuclear: porque, en su delirio antisemita, ordenaron a los científicos encargados del proyecto que no siguieran las teorías de Einstein y los demás científicos judíos, por el mero hecho de que lo eran.

Fue precisamente Einstein quien, mediante una carta, convenció al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, que Estados Unidos debía iniciar la investigación para dotarse de una arma nuclear.

Einstein tenía tras de sí a una colonia de científicos europeos, tanto de Alemania como de otros países, que habían tenido que huir del viejo continente debido al antisemitismo rampante que este sufría.

Eran nombres como Leó Szilárd o Edward Teller, a quienes posteriormente se les sumarían Robert Oppenheimer, Niels Böhr, o Enrico Fermi entre otras eminencias, todos ellos nombres que han pasado a la posteridad como grandes científicos.

Corría agosto de 1939, y pese a que la guerra no había estallado aún en Europa (en Asia, Japón hacía dos años que martirizaba a China), se respiraba ambiente prebélico por todas partes.

Los Estados Unidos, mayoritariamente aislacionistas, no querían intervenir en el conflicto que se avecinaba, per Roosevelt estaba persuadido de que la intervención acabaría haciéndose obligatoria, y en consecuencia le interesaba estar armado. Que un régimen totalitario como el nazi dispusiera de un programa nuclear era de todo menos tranquilizador, así que el presidente estadounidense decidió iniciar una carrera nuclear.

AL principio se utilizaron centros universitarios y laboratorios dispersos por todo el país para acometer las investigaciones, pero a medida que se iba avanzando, se veía más claramente que en algún momento se necesitarían unas instalaciones para que todos los científicos trabajaran conjuntamente y se desarrollaran las máquinas necesarias.

Los Estados Unidos eran el país ideal para llevar a cabo el desarrollo, al cual contribuyó también el Imperio Británico: disponía de los recursos intelectuales y económicos, y de amplios espacios en los que realizar las pruebas (el desierto de Nuevo México) sin que estas fueran conocidas siquiera por la población civil.

Además, los Estados Unidos continentales quedaban alejados del frente de batalla, por lo que dichas instalaciones difícilmente podrían ser bombardeadas mientras al eje se lo contuviera en las fronteras europeas y asiáticas.

En estos primeros tiempos estuvieron implicadas las universidades de Chicago, California, Illinois, o Columbia (en Nueva York). La física se desarrolló notablemente con las aportaciones de todas las eminencias involucradas en el proyecto para que de la teoría pudiera pasarse a la práctica.

Más adelante, los esfuerzos se concentraron en las instalaciones de Los Alamos (Nuevo México), que es donde se acabaron produciendo las dos primeras bombas nucleares de la historia.

La forma de bomba que este proyecto vio como viable y produjo fue la de fisión, que consistía en una carga nuclear y una convencional. Cuando este última detonaba, comprimía la nuclear hasta que esta llegaba a un punto crítico iniciando la reacción en cadena de fisión.

La primera prueba de explosión nuclear de la historia tuvo lugar en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Fue un éxito total, y los Estados Unidos estaban ya a punto para emplear dos ingenios: uno menos potente, Little Boy (literalmente: pequeño chico), y otro más destructivo, Fat Man (hombre gordo).

No obstante, había un problema: Alemania, principal contendiente en la carrera nuclear, había sido derrotada pocas semanas antes, y ahora sólo quedaba Japón luchando contra las fuerzas norteamericanas.

Históricamente, se dice que son dos los factores que decidieron los lanzamientos sobre Hiroshima y Nagasaki: por un lado, la testarudez nipona a rendirse, y por otro el mostrar músculo ante la URSS en vista de la inminente Guerra Fría que se venía.

La URSS, bajo el nombre en clave de Proyecto Borodino, también había lanzado su propia investigación nuclear, aunque esta iba por detrás del Proyecto Manhattan. Se nutrió, eso sí, de espionaje a este último para avanzar en la posguerra y culminar en la primera bomba nuclear soviética.

Concretamente, el espía más famoso que trabajó para los soviéticos fue el científico Klaus Fuchs, alemán refugiado que trabajó en Los Alamos por parte británica, y que trabajó para los soviéticos por su ideología comunista.

Otros nombres conocidos que pasaron información a la URSS fueron el técnico Dave Greenglass (que trabajaba junto al famoso matrimonio Rosenberg) o el militar norteamericano de origen bielorruso George Koval.

Con posterioridad al proyecto Manhattan, varios estados han desarrollado exitosamente sus programas nucleares.

Los Estados Unidos, la Gran Bretaña, Francia, la URSS y China fueron las primeras potencias que formaron el “club atómico”. Posteriormente, y pese a los intentos de no proliferación, otros países como Israel, la India, Pakistán, y Corea del Norte.

También dicen las malas lenguas que otros países como Sudáfrica o la Argentina de Perón, tuvieron sus programas de desarrollo de este tipo de armamento, pero que acabaron siendo frustrados por la presión internacional.

Como dijo Oppenheimer, este científico, junto a los demás del programa, se habían convertido en los “ángeles portadores de la muerte”. El mundo ya nunca volvería a ser el mismo al no volver hacia atrás en la carrera nuclear, y desde entonces y hasta hoy, la espada de Damocles de la destrucción total pende sobre nosotros y el planeta en el que habitamos.

Fotos Fotolia: rudall30 / nazar12

 
 
 
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