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Definición de Protestantismo

Tras y junto al cisma entre oriente y occidente, la otra brecha abierta en el cristianismo que todavía perdura en nuestros días es la reforma protestante iniciada por el monje alemán Martín Lutero.

El protestantismo consiste en una escisión del cristianismo que nace en el siglo XVI con el objetivo -y tal como ya deja a entrever su nombre- de protestar sobre determinados aspectos de la iglesia católica.

Tales aspectos no son otros que el enriquecimiento de las autoridades eclesiásticas en contraste con la pobreza en la que vivía la población, la injerencia de la iglesia en política y también cuestiones doctrinales sobre el sacerdocio e incluso teológicas.

La disparidad de criterios en el seno de la religión cristiana no es algo nuevo, y ya había provocado polémicas con anterioridad, así como el mencionado cisma entre oriente y occidente, que dio lugar por un lado a la iglesia ortodoxa, y por el otro a la católica, las cuales a día de hoy siguen manteniendo diferencias irreconciliables en todos los órdenes.

Históricamente, el nacimiento del protestantismo se debe al monje alemán Martín Lutero.

Este hizo públicas, el 31 de octubre de 1517, sus famosas 95 tesis que, según la tradición, clavó en las puertas de la catedral de Wittenberg, algo que pertenece a la leyenda pues, en realidad, no sucedió, pero lo épico del acto hizo que quedara como verdadero en muchas páginas de la historia.

Estas 95 tesis se referían a la venta de indulgencias, práctica muy extendida en la iglesia, pero que en este caso en concreto tenía los beneficios destinados a la renovación de la basílica de San Pedro en el Vaticano.

No obstante, las opiniones de Lutero diferían de las oficiales de la iglesia católica en más aspectos.

Hay que tener en cuenta que nos encontramos también en plena época del Renacimiento, un movimiento que abrazaba el conocimiento lógico y científico, con un renacer de la persona remontándose a una antigüedad clásica (Grecia y Roma) que había sido erróneamente idealizada.

Lutero es un hombre hijo de dicho tiempo, al cual preocupa el papel de los fieles de base en el seno de la iglesia, que había ido perdiendo importancia a medida que el Vaticano y las élites religiosas ganaban influencia en el mundo cristiano occidental.

Tampoco estaba solo en dicha preocupación, ni era el único teólogo disidente en el seno de la iglesia, como lo probaría la posterior adscripción al movimiento protestante de otros teólogos católicos, como Juan Calvino.

El intervencionismo de la iglesia en materia de política también molestaba a los alemanes, tanto a los ciudadanos como a las autoridades civiles.

Hemos de pensar que, en la época, Alemania era un territorio dividido en una gran miríada de reinos independientes, vinculados por un trono (el del Sacro Imperio Romano Germánico), pero con influencias propias, legalidades e incluso ejércitos, lo que los llevaba a poder entrar en guerra unos contra otros.

En este contexto, las intervenciones de la iglesia realizadas desde el Vaticano se veían como intervencionismo extranjero en Alemania, lo que molestaba en gran medida a los germanos.

Si con la publicación de las 95 tesis se daba el pistoletazo de salida al movimiento protestante, faltaba que este se difundiera.

Siempre se ha dicho que la imprenta de tipos móviles (inventada, por cierto, por el alemán Johannes Gutenberg hacia 1450) fue una de las grandes causas de la difusión de las teorías protestantes, puesto que permitía la impresión de gran cantidad de documentos de una forma mucho más simplificada.

La publicación de biblias en las lenguas propias del pueblo (empezando por el alemán, de la mano del propio Lutero) cuando para los católicos, tanto el ritual de la misa como la biblia sólo podía ser en latín, contribuyeron a popularizar el movimiento en el país germano.

Muchos príncipes alemanes también se pasaron a la nueva confesión, viendo la popularidad que esta ganaba entre sus vasallos, o según sus conveniencias.

Holanda, Francia, o los países escandinavos, además de Alemania, veían una rápida difusión de la nueva doctrina y su aceptación por partes significativas de la población y de los mandatarios.

Si bien en el centro y el norte de Europa, la nueva doctrina triunfaba, su influencia en el sur (península ibérica, península italiana, balcanes, sur de Francia) fué mínima.

En Inglaterra, los intereses políticos del monarca Enrique VIII, dieron un espaldarazo importante a la adopción de la doctrina protestante por parte del gobierno, al estar enfrentado el rey con la iglesia católica.

Todavía hoy, el jefe de estado británico (actualmente, la reina Isabel II), es también el jefe de la iglesia protestante anglicana.

Otra característica del protestantismo es la existencia de una amplia diversidad de iglesias.

Es decir, no hay una “iglesia protestante”, sino diversas, que pueden coincidir en algunos aspectos y variar en otros.

En Suiza, el antes mencionado Juan Calvino establecería su propia rama del protestantismo, que John Knox llevaría a Escocia y que en poco tiempo se convertiría en el presbiterianismo. Otras ramas del protestantismo, nacidas a lo largo del tiempo, son el metodismo (derivado de la iglesia anglicana), o los baptistas entre otros.

La relación entre el catolicismo y el protestantismo no ha sido fácil.

Con el nacimiento del protestantismo y su rápida difusión, el catolicismo quiso replicar primero dentro del marco teológico, pero en Alemania se “llegó a las manos” con la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

Este conflicto bélico terminó con la Paz de Westfalia, en la cual se daba libertad de culto a los príncipes alemanes, que podían elegir a qué iglésia o confesión (católica o protestante) daban obediencia, pero no daba la misma libertad al pueblo llano, pues los ciudadanos debían profesar obligatoriamente la misma fe que eligiera su príncipe.

Foto: Fotolia - campre83

 
 
 
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