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Definición de Primavera Árabe (2010)

En mayor o en menor medida, el deseo de libertad permanece anclado en el pueblo que, periódicamente, en un lugar u otro del mundo, lo reclama; pasó en Norteamérica en 1776, pasó en Francia en 1789, en varias ciudades europeas en 1848, en 1956 en Hungría, y en 1968 en Praga, en París y en México.

El grito de libertad, expresado a lo largo de la historia en muchos idiomas y en muchos lugares del mundo, fue proferido con acento árabe en varios países a partir de 2010.

La llamada Primavera árabe (aunque debería ser más certeramente llamado Primaveras árabes) consistió en una serie de movimientos populares en demanda de cambios políticos y sociales en los países árabes.

Dichos movimientos acabaron de varias formas: con el derrocamiento del gobierno (como en el caso de Túnez y Egipto) o la guerra civil (caso de Siria y Libia), o en protestas más o menos escuchadas. En casos como el Egipcio, el nuevo gobierno ha acabado desoyendo buena parte de las reclamaciones populares.

El movimiento de la Primavera árabe estalló en Túnez en diciembre de 2010.

Aunque la gota que colmó el vaso fue el suicidio por autoinmolación (una forma terriblemente dolorosa de morir) de un vendedor ambulante porque la policia le había incautado toda su mercancía y, por lo tanto, se enfrentaba a morir de hambre por no poder vender ni comprar nada más, lo cierto es que esto sólo fue la mecha que prendió el polvorín del descontento general de la población tunecina con su gobierno por las malas condiciones y la pobreza en la que vivía inmersa la mayoría de la población.

A ello había que sumarle la falta de libertades políticas del régimen de Ben Alí, algo común a muchos estados de la esfera árabe.

De hecho, la Primavera árabe no fue un hecho aislado, si no una explosión por contagio de años de protestas más o menos diseminadas y reprimidas por los gobiernos de los países en las que sucedieron las revueltas.

El catalizador que permitió tanto que las revueltas se extendieran, como que el mundo lo viera, fueron Internet y los smartphones.

Pese a la censura existente en muchos países sobre la red Internet (y no sólo los países árabes), es virtualmente imposible poner puertas al campo, y no solamente se trató de información que fluyó de los ciudadanos hacia los medios de comunicación, sino entre los mismos ciudadanos y entre países, saltándose la censura en los medios de comunicación.

Además, la red también permitió la colaboración entre activistas y movimientos, facilitando los llamamientos a las manifestaciones y a los diferentes actos subversivos.

Fue de esta manera que la revolución se retroalimentó y se extendió, ya que a medida que estallaba en unos países, influenciaba a la ciudadanía de otros. El papel de Internet en todo el movimiento no puede ser minimizado, pues fue fundamental.

La revolución en Túnez logró derrocar al gobierno. Los manifestantes contaron con el apoyo del ejército, un factor muy poderoso en cualquiera de estos casos. Tras Túnez, le tocaba el turno a Egipto.

Presidido por Hosni Mubarak (que más bien actuaba como un reyezuelo oriental) desde el asesinato de Anwar el-Sadat en 1981, Egipto era una dictadura en la cual Mubarak había suprimido sistemáticamente cualquier atisbo de oposición y de apertura amparándose en la Ley de Emergencia, vigente desde 1967 y que otorgaba amplios poderes al ejército y la policía, quitandoselos a la ciudadanía.

Las protestas estallaron el 25 de enero de 2011, mimetizando las que en Túnez habían derrocado a Ben Alí, y con la misma intención de tumbar a Mubarak y su corrupto y nepótico gobierno.

Presa del pánico, el gobierno egipcio intentó cortar el acceso a Internet, y aunque esto dejó a muchos ciudadanos sin poder acceder a la red y, por lo tanto, desiformados, muchos otros se las arreglaron para acceder mediante proveedores extranjeros, o se coordinaron mediante el boca a oreja de toda la vida.

El epicentro de la protesta fue la Plaza Tahrir de el Cairo, que se convirtió en todo un símbolo de las manifestaciones antigubernamentales. El revulsivo fue cuando los soldados desobedecieron las órdenes de disparar a la multitud.

La tropa empatizaba con los manifestantes, aunque probablemente la oficialidad estuviera de parte del gobierno en un primer momento, aunque es probable que viendo que sus soldados no obedecían, desde el mismo ejército se empezó a presionar a Mubarak, quien a su turno era también militar (desde Nasser, Egipto había sido gobernado por militares).

Mubarak empezó a ponerse nervioso e hizo dimitir a todo su gabinete, prometiendo reformas. Era demasiado tarde para el régimen, los manifestantes ya no querían cambios pequeños, si no que el dictador se marchara, cosa que terminó por hacer el 11 de febrero.

A posteriori, y pese a haber conseguido avances en materia de democracia, las reivindicaciones del movimiento quedaron diluidas, y por ejemplo, el electo Mohamed Morsi fue depuesto por un golpe militar liderado por Abdul Fatah al-Sisi.

Paralelamente a las manifestaciones en Egipto, la mecha revolucionaria también prendió en Libia, país presidido por Muamar el Gadafi desde 1969.

Prometedor en sus inicios, en los que abrió el país y concedió amplias libertades a un pueblo que hasta entonces las había tenido en cuentagotas, Gadafi acabó dejándose corromper por el poder absoluto que ostentaba, convirtiendo a su régimen en personalista, y sometiendo a su población a sus caprichos y arbitrariedades. Famosa es su guardia personal exclusivamente compuesta por mujeres (sus “amazonas”), sobre las cuales también cometía toda clase de abusos.

En Libia, la caída de Gadafi sería posibilitada por un factor que no habían tenido las demás revueltas: la intervención extranjera.

Ciertas potencias internacionales, encabezadas por los Estados Unidos, le “tenían ganas” a Gadafi, por lo que no dudaron en apoyar a los grupos opositores agrupados en el Consejo Nacional de Transición.

Aquí, nuevamente el pueblo pedía salir de la pobreza, y nuevamente el medio de comunicación utilizado para coordinarse fue Internet.

Las manifestaciones pacíficas fueron reprimidas con violencia por la policía y el ejército, lo que llevó a la transmutación del pacifismo en violencia también por parte de la oposición; empezaba una guerra civil.

Parte del ejército se unió a la coalición opositora, lo que facilitó a esta última disponer de material necesario para enfrentar una guerra abierta, como blindados, artillería e incluso aviación.

Perdiendo apoyos paulatinamente, Gadafi se estaba quedando sólo y perdiendo el control del país, hasta que a finales de agosto ya no le quedaba otra que huir de los rebeldes como pudiera. En octubre las fuerzas rebeldes se lanzaban en pos de los últimos reductos de resistencia pro-Gadafi.

El 20 de octubre de 2011, y mientras huía de Sirte, el vehículo de Gadafi fue localizado por la fuerza aérea internacional que apoyaba a los rebeldes, y la información transmitida por radio a las fuerzas opositoras.

A partir de aquí, lo que pasó probablemente se lo tenía merecido Gadafi, aunque no deja de ser chocante: la columna de vehículos fue atacada, y Gadafi se escondió, solo, en una gran tubería a poca distancia de la carretera, siendo hallado por los combatientes rebeldes.

Antes de ser linchado por la multitud, y mientras pedía piedad, fue golpeado y torturado, incluso se cree que sodomizado con algún objeto.

La guerra no terminó en Libia, país que ha vivido estos últimos años en un estado casi anárquico, en medio del enfrentamiento de dos gobiernos opuestos, el de Tripolitania y el de Cirenaica.

Siria es otro ejemplo de país en el cual las protestas deterioraron en una guerra civil pero, aquí, y a diferencia del anterior, el régimen ha podido conservar su posición.

Y eso ha sido gracias a la ayuda internacional prestada por Rusia, aliada de Bashar al-Asad.

Las primeras protestas en Siria se dieron en marzo de 2011, las cuales (y siguiendo un previsible guión pre-establecido) fueron reprimidas con violencia.

En julio de 2011 nacía el Ejército Libre Sirio, un conjunto de fuerzas rebeldes que contaron con el apoyo de militares que habían desertado del ejército gubernamental. En el conflicto también se involucraron los integristas islámicos (ISIS y Al Qaeda), y el movimiento independentista kurdo.

La primera fase del conflicto estuvo caracterizada por el avance de los grupos opositores (tildados de terroristas por el régimen de al-Asad). El punto de inflexión en el conflicto ocurrió en junio de 2013, al ser derrotada la oposición en Al-Qusayr.

En 2015 Rusia iniciaba su intervención a favor del régimen de al-Asad, lo que decantaba definitivamente la balanza a favor de este. Paralelamente, los Estados Unidos enviaban ayuda a los kurdos que, en el norte, seguían resistiendo.

La guerra civil continúa a día de hoy; las organizaciones integristas han casi desaparecido del territorio sirio, barridas por la ofensiva gubernamental con el apoyo ruso, y también casi toda la oposición que no sea la kurda.

Los kurdos mantienen un territorio libre al norte, pero queda la duda de qué pasará con ellos a la larga.

Por lo que respecta al resto de los países de la esfera árabe, todos ellos se han visto más o menos influenciados por las demandas de libertad de la Primavera árabe.

En Marruecos y Algeria también se han producido protestas, aunque no tan contundentes ni con tanto resultado como en Túnez; pese a que en Yemen la guerra civil responde a otras circunstancias, también se ha visto influenciada; en Arabia Saudita y las monarquías del Golfo Pérsico ha habido unos tímidos intentos aperturistas que han cristalizado, por ejemplo, en el permiso para que las mujeres puedan conducir en Arabia Saudita, o para abrir salas de cine.

Ha habido autores que han considerado las revueltas ocurridas en el mundo árabe en el marco de la Primavera árabe, como parte de un movimiento global que también incluiría movimientos como el 15M español, o el Occupy Wall Street norteamericano.

Fotos Fotolia: Sergio / Trrent

 
 
 
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