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Definición de Portaaviones

Cuando Japón atacó Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, la potencia asiática tuvo la mala suerte de no poder eliminar a los portaaviones norteamericanos (en aquellos momentos, fuera del puerto objeto del ataque), en un momento de la história en el cual los acorazados cedían su papel preponderante sobre las olas a estos nuevos gigantes marinos. Pero ¿qué eran aquellos barcos con una gran cubierta, y por qué se había llegado a este punto?

Un portaaviones consiste en un barco que, como su nombre indica, transporta aviones, disponiendo además de la infraestructura necesaria para el despegue y aterrizaje de estos, de forma que los aviones embarcados puedan realizar operaciones partiendo y llegando al mismo barco.

La necesidad de estos navíos surge de dos condicionantes: por un lado el desarrollo de la guerra aérea y, por el otro, la necesidad de las grandes potencias de poder intervenir militarmente con garantías en cualquier lugar del mundo

Por lo que se refiere a este último punto, su necesidad se vé lógica, y cualquier gran imperio marítimo, como el británico, el español, el francés o el portugués, siempre ha tenido la necesidad de transportar tropas y recursos de forma rápida entre sitios distantes.

En lo que respecta a la guerra aérea, desde 1911 en que fue utilizado el primer avión en una misión de combate (un monoplano italiano que bombardeó una posición italiana durante el conflicto que ambos países mantuvieron por el control de Libia), este había ido creciendo en importancia.

Se considera que el bautismo de fuego real de los aviones de combate fue la Primera Guerra Mundial, y en esta empezaron a definirse los distintos roles que podían adoptar en los cielos de los campos de batalla.

Siendo que los militares de algunos países con territorios ultramarinos o con intereses allende los mares, vieron que el futuro del dominio de los campos de batalla se encontraba en el aire, empezaron a preguntarse no solamente como llevar aviones de forma rápida de un lugar para otro, sino también como dotarlos de una pista de despegue allá donde fueran necesarios, sin tener que depender de bases terrestres.

Lo que necesitaban era una pista de despegue y aterrizaje móvil, con las infraestructuras necesarias para permitir a pilotos, técnicos, marinos y todo el personal necesario, vivir durante todo el periodo de la misión.

Las primeras pruebas de lanzamiento de un avión desde la cubierta de un buque preparado a tal efecto se produjeron en 1910 desde el USS Birmingham

USS Birmingham era un crucero de escolta al cual se le dotó de una pequeña pista a proa, suficiente para permitir el despegue y aterrizaje de uno de los primitivos aviones de la época.

Fue precisamente la armada japonesa la que lanzó el primer ataque aéreo desde la cubierta de un barco, el Wakamiya, al cual no podemos considerar todavía como un portaaviones.

Un solo avión lanzado desde este buque atacó, en la bahía de Tsingtao, un crucero de la marina austro-húngara.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, los portaaviones se desarrollaron paulatinamente pero sin ser utilizados en ningún otro conflicto, y todavía se consideraba que el rey de los mares era el acorazado, aunque la debilidad de este tipo de buque se cernía desde arriba.

A partir de septiembre de 1939, los portaaviones británicos se convirtieron en uno de los objetivos de las potencias del eje; un submarino alemán consiguió herir de muerte al Ark Royal en 1941, hundiéndose cuando lo remolcaban a Gibraltar.

Pero fue en la guerra del Pacífico donde los portaaviones se hicieron especialmente necesarios debido a las grandes distancias a cubrir, superiores a la autonomía de los aviones de aquella época.

Para simplificar: un ataque sin cobertura aérea estaba -y está- condenado al fracaso, y sin portaaviones no existía cobertura aérea a miles de kilómetros de los aeródromos domésticos.

Durante el periodo de entreguerras, tanto japoneses, como americanos y británicos, consideraron una parte importante de sus respectivas flotas a los portaaviones, con una menor incidencia entre los franceses (un solo buque), Alemania (un buque nunca completado y varios proyectos antes y durante la guerra), e Italia.

Hasta tal punto fueron importantes los portaaviones en la guerra del Pacífico, que las diferentes armadas los consideraron un objetivo principal, y orientaron sus batallas a defender los propios portaaviones y hundir los del adversario.

El fin “oficial” del dominio de los acorazados viene marcado por dos hundimientos de este conflicto: el del acorazado de bolsillo alemán Bismark, por parte de aviones procedentes del antes mencionado Ark Royal, y el del acorazado nipón Yamato por aviones norteamericanos embarcados.

También es durante esta época en la que surgen los primeros aviones cuyo diseño se adapta a los portaaviones o que tienen una variante especialmente concebida para servir embarcada.

Es el caso del bombardero en picado Aichi D3A japonés, conocido por los aliados como “Val”, el F4U Corsair norteamericano (cuyas alas se plegaban para dejar más lugar para almacenar otros aviones), o el Ju87T, una versión del célebre Stuka pensada para ir embarcada en el Graf Zeppelin, el único portaaviones que la Alemania nazi estuvo a punto de finalizar.

También es durante este conflicto en el que podemos distinguir clases de portaaviones como los de flota (pensados para ser una poderosa arma ofensiva en una flota de guerra compuesta por más barcos) y los de escolta (cuyos aviones ofrecían protección aérea a los convoyes de abastecimiento.

Los portaaviones también formarán parte de la guerra antisubmarina, dando lugar a posteriori a una clase de portahelicópteros (primos descendientes de los portaaviones de esa época, pero cuyo objetivo es llevar helicópteros) especializados en luchar contra las naves que discurren por debajo de las olas.

En la posguerra, los portaaviones se han modernizado, han crecido en tamaño, y han adoptado la energía atómica como forma de propulsión

También han sido adoptados por un mayor número de países, aunque sea por un periodo de tiempo y ya no estén en activo: Rusia, la India, China, Tailandia, Argentina, y Brasil.

Además, ha surgido un nuevo tipo de buque, similar a un portaaviones, pero de tamaño más reducido, bautizado portaaeronaves, como los que tienen España o Australia.

Fotos: Fotolia - npologuy / tsuneomp

 
 
 
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