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Definición de Perestroika

Poco nos podemos imaginar que el mundo ha estado unas cuantas veces a las puertas del abismo en forma este de una Tercera Guerra Mundial, pero que esa tensión se alivió un poco con la caída del Muro de Berlín, un logro que hunde sus raíces en la Perestroika llevada a cabo en la URSS desde pocos años antes.

La llamada Perestroika (término ruso que significa “reestructuración”) es, en puridad, el conjunto de cambios políticos y económicos aplicados por Mijaíl Gorbachov para adaptar la economía soviética a los nuevos tiempos, aunque en la práctica también engloba los cambios políticos y sociales de la Glásnost.

Si bien esta última, la Glásnost (“transparencia” en ruso) puede ser tomada de forma independiente y paralela a la Perestroika, pero es común emplear este último vocablo para englobar a ambas, y es lo que haremos en este post.

La Perestroika está indisolublemente a la subida al poder en la URSS de Mijaíl Gorbachov

Este, de forma sorprendente, se hizo con las riendas del PCUS en 1985, y aunque no era el Presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS (equivalente al jefe de estado), su cargo equivalente al de Primer Ministro en otros países, y la posición meramente “decorativa” de Andréi Gromyko, le permitieron desplegar una serie de medidas dedicadas a adaptar la economía soviética a los nuevos tiempos.

Esta se encontraba anclada en el comunismo leninista, y en unos métodos de producción, distribución y regulación del mercado basados exclusivamente en la organización por parte del estado, que hacía tiempo se demostraban ya no solamente como ineficientes, sino, y peor aún, incapaces de proveer al mercado de productos básicos.

El racionamiento, la carestía y un nivel de vida cada vez más bajo para la población en general comparado con los países occidentales, junto a una diferencia cada vez mayor entre las élites gobernantes y el pueblo llano, eran situaciones que Gorbachov quería corregir.

No se puede hablar de Perestroika antes de 1985, si bien ya había planes en este sentido; el Comité Central del PCUS ya había visto que la URSS no podía mantener por mucho más tiempo el sistema económico comunista en puridad.

Esta situación de crisis se debía en gran parte a los enormes costes que los soviéticos se veían obligados a desembolsar en la carrera armamentística con los Estados Unidos y el resto de los aliados de la OTAN, carrera que también empezaban a perder.

El eje principal que debía regir la Perestroika era el paso de una economía socialista pura en la que toda la planificación y la producción estaba en manos del estado, a una economía mixta en la que diversos aspectos menores quedaban a manos de la iniciativa privada.

Dicho plan, a un periodo de dos años vista aproximadamente, preveía abrir el mercado a empresarios autónomos y pequeñas empresas, y generar una economía de mercado en ciertos ámbitos, aunque con el control estatal todavía en la mayoría de los sectores importantes, como la producción alimenticia o la construcción.

Paralelamente, la Glásnost debía aportar apertura política, mayor transparencia a la acción de gobierno, y una mayor participación del ciudadano de a pie.

Lo que no preveía Gorbachov es que el invento se le iría de las manos ya que, a medida que daba mayor libertad a los ciudadanos, estos todavía pedían más.

El accidente nuclear de Chernóbil fue un punto de inflexión en este devenir; los ciudadanos soviéticos se enteraron incluso más tarde que los occidentales de lo que había pasado en la central nuclear de Ucrania.

Esto llevó a un descrédito no sólo de las autoridades, sino también de las propias políticas de la Perestroika y la Glásnost y, en última instancia, del propio Gorbachov.

Las políticas de la Perestroika empezaron a verse minadas por la irrupción en escena de políticos que cambiaban la ortodoxia comunista por el liberalismo, como Borís Yeltsin, así como las tensiones entre las distintas nacionalidades que constituían la Unión Soviética.

Entre estas, principalmente las repúblicas bálticas, pero también los estados caucásicos, que darían lugar a futuros estados tras la desintegración de la URSS en 1991.

Entre su inicio, en 1986, y su finalización, podemos considerar que más allá de 1991, la Perestroika tuvo una buena intención, pero dejó a la antigua URSS sumida en una profunda crisis económica y social.

También es cierto que su aplicación estuvo muy supeditada a intereses particulares, de forma que dio paso a una liberalización salvaje de la economía, a un estatus político que nunca ha sido netamente democrático, y a un campo abonado para que formaciones mafiosas y delictivas camparan a sus anchas.

No deja de ser penoso que ahora, y con la proliferación de conflictos armados y amenazas entre países, el mundo haya vuelto a un nivel de belicosidad parecido al existente antes de la Perestroika y la caída del Telón de Acero, sinó superior.

Fotos: Fotolia - Nakimori / Alex Whiten

 
 
 
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