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Definición de Orden Teutónica

Llegaron a formar un estado propio, y se convirtieron en uno de los peores enemigos de lo que hoy es Polonia, pasando a formar parte de la imaginería nacionalista germana, y contribuyendo a avivar el antagonismo entre germanos y eslavos.

La Orden Teutónica es una orden religiosa-militar fundada en la edad media (1190) con la misión de proteger a los peregrinos que iban a tierra santa.

Se enmarca en la época de las cruzadas, siendo posterior a las órdenes de los Templarios y los Hospitalarios (esta última acabaría convertida en la Orden de Malta), y cuando Jerusalén ya había sido reconquistada por Saladino.

Fue fundada por caballeros alemanes, cosa que pesaría en su futuro, que acabaría unido en buena parte a la imaginería popular alemana y al nacionalismo pangermanista, además de ser asociada por los enemigos de Alemania (Polonia y Rusia) con dicho país.

Un buen ejemplo de ello es el film Aleksandr Nevski, del director ruso Serguéi Eisenstein, donde este cuenta el enfrentamiento entre las tropas rusas dirigidas por el Príncipe Nevski y las fuerzas Teutónicas en la batalla del río Peipus, que terminó frenando la invasión Teutónica sobre Novgorod.

Filmada en 1938, la película es toda una advertencia al pueblo ruso sobre el peligro incipiente que representaba la poderosa Alemania de Adolf Hitler. Pero no adelantemos acontecimientos...

Tras la caída de los reinos cruzados y, en especial, de San Juan de Acre (ciudad en la cual había sido fundada la orden), como las demás órdenes, la de los caballeros teutónicos deberá establecerse en un nuevo lugar.

Es una época en la que los reinos cristianos europeos se ven “noqueados” a causa de la pérdida de los territorios ganados en las cruzadas, y más todavía estas órdenes medio monacales y medio militares, que necesitan hallar una nueva razón de ser cuando ya no pueden cumplir con el cometido para el que habían sido fundadas.

A principios del siglo XIII, la Orden Teutónica se ubica en la región de Transilvania para ayudar a parar los ataques turcos sobre la frontera húngara.

No obstante, el rey húngaro Andrés II los expulsará de su país, ya que los teutones habían buscado ponerse bajo soberanía directa del papado en vez de rendir cuentas al Rey de Hungría, lo que equivalía en la época a convertirse en un estado independiente.

Es, en este momento, cuando aprovechando la bula de oro de Rímini emitida por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II (el nieto de Federico Barbarroja), la orden se lanza a la cruzada de Prusia.

Los pobladores originales de Prusia eran tribus bálticas que tenían su propia religión politeísta, lo que motivó una cruzada para cristianizarlos. Hasta entonces, los prusios habían resistido notablemente los intentos de conquista de su territorio.

Mediante el tratado de Kruszwica con Polonia, los caballeros teutones podían quedarse con los territorios conquistados. Dicho documento se perdió, haciendo dudar a algunos historiadores (especialmente los polacos, parte interesada en el asunto) de su existencia.

La intervención de la Orden Teutónica y su establecimiento como estado “tampón” para frenar posibles invasiones bárbaras procedentes del norte e, incluso, del este ortodoxo. Más adelante, el papado confirmaría la posesión, por parte de los teutones, de dichos territorios conquistados.

Las primeras campañas de los cruzados avanzaron lentamente en territorio prusio, consolidando las ganancias territoriales mediante la construcción de castillos ocupados por los caballeros teutones.

La conquista de Prusia se alargó hasta 1274, e incluyó por lo menos dos revueltas de la población local. Esta, no solamente era conquistada y masacrada, sino también obligada a renunciar a sus ancestrales creencias paganas y convertirse a la nueva fe cristiana.

Durante todo este tiempo, los teutones construyeron un estado monástico propio, que debía obediencia solamente a la Santa Sede, al papado, mientras los polacos ambicionaban el mismo territorio.

Es por ello que el Gran Ducado de Polonia empezó a reclamar los territorios en poder de los teutones, lo que llevaba inevitablemente al enfrentamiento armado. Mientras, el nuevo estado teutónico seguía lanzando pequeñas incursiones contra otras tribus no cristianizadas, como los lituanos.

Además, la Orden Teutónica (recordemos que de base fundacional alemana) promovió la migración de colonos germanos a las tierras recientemente conquistadas, lo que no agradó nada a la nobleza polaca, que veía sus intereses en la región comprometidos a perpetuidad.

Los territorios de Prusia y el Báltico no eran las únicas posesiones de la Orden Teutónica en Europa, ya que tenía encomiendas similares a las de las demás órdenes en varios países.

La lucha en el este entre el Estado Teutónico y los ducados de Lituania, Polonia, y el Principado de Kiev (antecesor de Rusia) se prolongó durante casi dos siglos, y si bien este último reino era cristiano ortodoxo (y, por lo tanto, legítimo luchar contra él según el papado), tanto los lituanos (que acabaron siendo cristianizados) como los polacos eran de obediencia papal, lo que provocó una cierta polémica en la Europa cristiana de la época.

La decadencia de la Orden Teutónica empezó en 1410 con la derrota en la batalla de Grunwald.

Dicha batalla supuso una matanza tal que las tropas teutónicas no se recuperarían nunca de ella, pasando a la defensiva en vez de a la ofensiva en la que habían estado instaurados hasta entonces.

No obstante, no significó el final inmediato del Estado Teutónico, aunque sí un debilitamiento tal que marcó el inicio de su declive hasta su desaparición en 1525, cuando el territorio que controlaban se secularizó para convertirse en el Ducado de Prusia, parte de las posesiones del reino de Polonia.

No obstante, las acciones de la Orden Teutónica habían puesto la semilla de lo que en el futuro debía ser el reino alemán de Prusia, el cual pasaría a la historia por ser el unificador de Alemania.

Por lo que respecta a la orden, subsiste como entidad monacal y militar hasta después de la Primera Guerra Mundial, siendo reconvertida en la actual Casa Alemana de Santa María de Jerusalén, con sede en Viena, y tras haber sobrevivido al cataclismo que representaron la Guerras Napoleónicas.

Fotos: Fotolia - Argus / Vivoo

 
 
 
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