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Definición de Operación Barbarroja

Desde ya antes que dejara patentes sus intenciones en el Mein kampf (en alemán “Mi lucha”), Adolf Hitler acariciaba la idea de hacerse con los vastos territorios del este de Europa hasta el Cáucaso, atravesando Polonia y entrando en la Unión Soviética.

Además, el mismo Hitler consideraba a los pueblos eslavos del este como racialmente inferiores, así como la doctrina del nazismo en general.

Una vez Hitler en el poder, y pese a la firma del pacto de no agresión germano-soviético, estaba cantado que Alemania atacaría a la URSS. Sólo quedaba ver cuando y como. Y lo mismo creía el dictador soviético Stalin.

La operación Barbarroja es el plan de ataque que el alto mando alemán diseñó para invadir la Unión Soviética en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

El nombre del plan era un homenaje al emperador Federico I, apodado barbarroja por el motivo que deja claro el mismo mote, y uno de los personajes históricos que gustaban a Hitler.

El dictador alemán contaba que un ataque exitoso contra la URSS desmoralizaría a los británicos, ya que estos no podrían recurrir al temor que suscitaba una URSS que, en cualquier momento, podía asestar un golpe por la espalda a las potencias del eje.

De hecho, muchos historiadores han afirmado que si no hubiera sido Hitler el primero en atacar a Stalin, en un momento u otro y cuando se hubiera sentido suficientemente fuerte para ello, habría sido Stalin quien habría dado la orden de ataque.

En primavera de 1941, el ejército soviético no se encontraba preparado para hacer frente al ejército alemán.

Los motivos eran diversos, pero el principal eran las purgas políticas a las que había sido sometido por la paranoia de Stalin y su camarilla en el poder, que lo habían descabezado de muchos de sus mandos capaces.

A nivel técnico, los soviéticos también se encontraban en periodo de renovación de su material, el cual era inferior a la mayoría del que disponía el ejército germano. Así, los tanques T--34 entrarían en combate cuando ya los nazis campaban a sus anchas por territorio soviético, mientras que si bien el Ejército Rojo tenía más aviones que la Luftwaffe, estos eran en general de modelos más anticuados.

Stalin tampoco esperaba un ataque alemán en aquel momento.

Con la Batalla de Inglaterra todavía dando coletazos, Stalin era de la opinión que Hitler no se atrevería a abrir un segundo frente, y que antes buscaría liquidar al rival británico, ya fuera por medios diplomáticos (pactando), o bien por medios militares.

El dictador soviético incluso desoyó a sus asesores y los datos de sus espías (el más importante, Richard Sorge, que operaba en Japón), que apuntaban a una invasión inminente en junio del 41.

Sus órdenes eran claras: no responder a ninguna provocación para no dar motivos. Incluso, poco antes de empezar la invasión, un par de desertores alemanes que querían informar de la inminente invasión, fueron “cortesmente” devueltos a sus líneas por los soviéticos (cumpliendo órdenes), donde, evidentemente, encontraron un cruel desenlace a manos de un pelotón de fusilamiento.

La sorpresa al iniciar el ataque fue total, y el Ejército Rojo tardó en responder adecuadamente a la agresión.

En algunos casos se dieron situaciones dantescas, de mandos que prohibieron a sus hombres responder al fuego enemigo, alegando o bien que se equivocaban y que aquello no era un ataque, o bien que era una mera provocación a la cual era necesario no responder.

Stalin repartió órdenes en esa misma línea, la de no actuar inicialmente, que al cabo de unos días cambió por la de responder al fuego, aunque el daño ya estaba hecho.

El plan de ataque de la Operación Barbarroja contaba con tres puntas que se hundían en territorio soviético como zarpas en la carne de su víctima.

En el norte, un grupo de ejército debía hacerse con el control de las repúblicas bálticas en su avance hacia Leningrado.

Vinculadas históricamente a los territorios polacos, de habla germana y finlandesa, las repúblicas bálticas habían sido poco antes anexionadas por la URSS, y los alemanes fueron recibidas en ellas como libertadores.

En el centro, otro grupo de ejércitos tenía como misión conquistar Bielorrusia para, después, seguir hasta Moscú.

Y, finalmente, en el sur, la tercera punta de lanza del ejército alemán debía hacerse con el control de Ucrania (territorio fértil, considerado el granero de la URSS) para después proseguir y hacerse con el control de las regiones petrolíferas del Cáucaso.

En Ucrania, las tropas germanas también fueron recibidas como libertadoras. Ya en la Primera Guerra Mundial, el gobierno alemán había alentado la creación de un estado independiente Ucraniano, un país satélite para que lo apoyara en su lucha contra el Imperio Ruso.

Cada uno de los cuerpor de ejército alemanes tenía un objetivo que, además de militar, era político y económico.

Era algo muy propio de Hitler, y aunque hay cosas que resultan evidentes (como privar de sus principales suministros de trigo a la URSS ocupando Ucrania, o del petróleo conquistando las repúblicas caucásicas), esta orientación múltiple ha sido criticada por estudiosos e historiadores.

Inicialmente prevista para mayo del 41, la ejecución del Plan Barbarroja debe ser retrasada hasta junio del mismo año.

El motivo es la desastrosa intervención en los Balcanes de la Italia fascista de Musolini, que hizo temer con dejar al descubierto el flanco sur y, por lo tanto, obligó a la Wehrmacht a intervenir.

Hitler también arrastró a la aventura a sus aliados, principalmente Italia, Rumanía, y el Reino de Hungría.

Aunque también participaron los estados satélite de Croacia y Eslovaquia, y Finlandia.

Sobre este último país, Finlandia, merece un punto y aparte. Había sido atacado por la URSS en 1939, y aunque fuera derrotado, obtuvo una victoria moral en la contienda, resistiendo al invasor y preservando su independencia, aunque fue a costa de ceder territorios propios a los soviéticos.

El gobierno finlandés aceptó una alianza con las potencias del Eje, pero con la condición de que solamente recuperaría los territorios que la URSS le había obligado a ceder, no pasando de la antigua frontera entre ambos países, cosa que cumplió.

¿Podemos considerar como exitosa la Operación Barbarroja? Desde luego, fue un inicio de invasión fulgurante para las tropas del Eje, pero no concluyó con los resultados necesarios para declararla un éxito:


  • El grupo de ejércitos norte no consiguió tomar Leningrado pese a someterla a un intenso sitio durante casi dos años y medio, lo que provocó que se desangrara sin conseguir objetivos mayores.

  • El grupo centro no consiguió capturar Moscú, pese a haber estado luchando en su periferia.

  • El grupo de ejércitos sur consiguió capturar Ucrania, pero no las regiones petrolíferas del Cáucaso, lo que a medio plazo llevó a la Batalla de Stalingrado, desastrosa para las armas del Reich y sus aliados.

  • No se liquidó el potencial industrial de la URSS.

  • Las acciones contra la población civil provocaron una retaguardia agresiva con las fuerzas de ocupación, lo que llevó a divertir tropas en acciones de contrainsurgencia.

  • No se liquidó al enemigo de un plumazo, metiendo a Alemania y todo el Eje en un lodazal (en primavera, literalmente) del que no se podría salir y que a la postre sellaría el destino de la Segunda Guerra Mundial.

  • lejos de quedar debilitada y aislada, Gran Bretaña podía respirar aliviada y prepararse para recuperar Europa.

La invasión alemana de la URSS, la Operación Barbarroja, dio comienzo el 22 de junio de 1941 (el 23 de junio de 1812, Napoleón había iniciado la invasión de la Rusia zarista), y se considera finalizada en diciembre del mismo 1941, una vez el empuje alemán se ve frenado tanto por las tropas del Ejército Rojo como, sobre todo, por el crudo invierno ruso.

A partir de ese momento, los planes de batalla serían otros, aunque se basarían en las ganancias territoriales conseguidas mediante la Operación Barbarroja.

Fotos: Fotolia - Grigory Bruev / Fedor

 
 
 
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