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Definición de Olimpo

La morada de los dioses griegos tenía nombre y una ubicación geográfica conocida: el monte Olimpo, en Grecia, situado entre Larissa y Tesalónica.

El monte Olimpo de la mitología griega alojaba las casas de los principales dioses del panteón heleno, los llamados Dioses Olímpicos.

Estos no eran todos, sino solamente los más importantes, y que conformaban el Concilio de los Dioses, de doce miembros, aunque a lo largo del tiempo narrado en las leyendas que conformaban la mitología griega, estos se fueron alternando.

Estaba, obviamente, Zeus, considerado el padre de los dioses y el de mayor importancia en dicha mitología, Hera, su hermana y esposa, Poseidón, dios de los mares, Ares, dios de la guerra, Hermes (hijo de Zeus y mensajero de los dioses), Hefesto (el herrero), Afrodita (diosa del amor y la belleza), Atenea (diosa guerrera), Apolo (dios solar), y Artemisa (diosa de la noche).

Estas diez deidades eran las “fijas” en el Olimpo, mientras que los dos puestos restantes fueron rotando entre Hestia, Deméter, Dioniso, Hades, Perséfone, Eros, Hebe, Asclepio, Pan y Héracles.

Los dioses vivían en el Olimpo en suntuosos palacios, como debía ser propio de la condición de un dios.

Cada dios tenía el suyo, construido en cristal, y el Panteón era una especie de plaza mayor del Olimpo en la cual tenían lugar las reuniones del concilio, y también sus riñas, mucho más jugosas estas últimas para la mitología pues habían dado origen a no pocos héroes y aventuras dignas de ser narradas.

De la construcción del Olimpo se encargaron los cíclopes Brontes, Estéropes y Arges, hijos de Urano y Gea a los cuales el primero había encerrado en el Tártaro, y que fueron liberados por Crono para derrocar a su padre, pero nuevamente traicionados por este y, finalmente, liberados por Zeus.

En agradecimiento al dios padre, y además de forjar los rayos que este lanzaba, los cíclopes también construyeron la morada de los dioses en lo alto del monte Olimpo.

Cada dios y elemento tenía un puesto determinado en el Olimpo.

Así, por ejemplo, el trono de Zeus estaba ubicado en el pico Stefani, mientras que las Musas se ubicaban en el altiplano existente al norte del monte.

Como morada de los dioses, era un monte sagrado, y sus alrededores acogían templos y áreas de culto religioso.

También se yergue en lo que tradicionalmente ha sido un paso estratégico entre Macedonia y Tesalia, por donde ejércitos invasores procedentes del este (como los persas) podían penetrar a las llanuras del centro de Grecia.

Es por ello que sus inmediaciones han visto un buen número de batallas a lo largo de la historia, e incluso durante la Segunda Guerra Mundial sirvió de base para la resistencia griega. Sin duda, entre el 41 y el 44, los resistentes griegos habrían valorado los rayos vengadores de Zeus...

Pero aunque el monte era un lugar sagrado, podía ser escalado y, de hecho, hay evidencias que indican que si bien no llegaron a los picos más altos, los antiguos griegos si subieron Olimpo arriba e hicieron ofrendas a los dioses, como han evidenciado los hallazgos arqueológicos, aunque desconocemos si ello constituyó una práctica habitual, o bien fueron casos esporádicos.

Situar a los dioses en una montaña no fue un hecho aislado de la religión griega clásica.

Otras culturas y religiones, tanto en Europa, como en Asia, África o América, han venerado montañas como las moradas de los dioses.

Foto: Fotolia - matiasdelcarmine

 
 
 
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