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Noche de los Cuchillos Largos - Definición, Concepto y Qué es

Si bien el nazismo es visto como un fenómeno político y una doctrina unificada y cohesionada, lo cierto es que emana de una serie de movimientos que en algún momento divergieron, y que Adolf Hitler buscó sintetizar en uno sólo para su provecho personal, debiendo recurrir incluso a la fuerza para conseguirlo.

Esta es la historia del episodio más significativo de esta búsqueda del pensamiento único por parte del dictador alemán y su camarilla de colaboradores: la llamada “noche de los cuchillos largos”.

La noche de los cuchillos largos (en alemán Nacht_der_langen_Messer, aunque se lo conoce como Röhm-Putsch, el golpe de Röhm) fue una purga interna del partido nazi para afianzar su poder en los órganos del estado alemán, y deshacerse de todos los elementos incómodos para el poder personal de Hitler y su camarilla, llevada a cabo del 30 de junio al 2 de julio de 1934.

Este suceso está directamente asociado a la caída en desgracia de las SA (Sturmabteilung) y, más concretamente, de su jefe Ernst Röhm.

Röhm quería continuar con la revolución nacionalsocialista una vez conseguido el poder, algo que a Hitler no le convenía, pues una vez alcanzada la meta de dirigir Alemania, buscaba el orden interno para expandir los dominios germanos.

Nazis de primera hora, muchos de los componentes de las SA procedían de los Freikorps que, tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, habían luchado para impedir el triunfo de una revolución comunista en Alemania (e incluso más allá de las fronteras del país), acariciando los ideales de la floreciente extrema derecha.

Estos veteranos, habían participado en toda clase de tropelías y combates callejeros contra ciudadanos judíos y sus comercios, así como contra los seguidores del Partido Comunista.

Políticamente -y de forma paradójica-, los miembros de las SA eran los más socialistas del movimiento nazi (que no olvidemos que se definen como nacional-socialistas), por lo que demandaban que se cumplieran promesas electorales de cariz izquierdista como, por ejemplo, nacionalizar las empresas de la alta aristocracia y acabar con la especulación de las grandes entidades bancarias.

La violencia callejera ejercida por los SA, que continuó incluso después del ascenso de Hitler al poder, amenazaba con desestabilizar al régimen.

En especial, todo esto preocupaba al poder fáctico del ejército, con quien la SA mantenía una enconada rivalidad. De hecho, Röhm y los suyos veían un futuro en el que sus milicias sustituirían al ejército, erigiéndose en una armada popular que superaría la vieja aristocracia prusiana dirigente, cuyo peso se dejaba sentir -y mucho- en el estamento armado.

Las SA y Röhm tenían otro poderoso enemigo entre las organizaciones nazis: las SS comandadas por Heinrich Himmler, un conspirador en la sombra que supo maniobrar encubiertamente mucho mejor que Röhm al descubierto.

Todas estas enemistades, junto a la filosofía de Röhm que atacaba directamente a buena parte del poder social y de quienes habían conseguido llegar a la cima de ese poder, permitireon crear un clima anti-SA y anti-Röhm que el régimen aprovechó para hacer “limpieza” entre sus filas.

El ultimátum del presidente alemán Paul von Hindenburg (el cual fallecería apenas dos meses después de estos sucesos) desencadenó la ofensiva contra los disidentes.

La madrugada del 30 de junio de 1934, Hitler daba las órdenes para que miembros de las SS y la policía, detuvieran a los principales jefes de las SA, Röhm entre ellos.

De cara al público, se utilizó la homosexualidad de Röhm -una condición sexual no aceptada por el ideario nazi- para justificar la purga como una acción contra los “inmorales”. Al igual que Röhm, algunos otros cargos de las SA también eran homosexuales, y corrieron rumores de que al ir a detenerlos, encontraron a algunos en plenas “orgías” gays. Incluso se dijo de Röhm, aunque es un punto en el que muchos historiadores discrepan, aduciendo dicha afirmación a la propaganda urdida por las SS para justificar el golpe.

No se actuó contra las SA como cuerpo, sino contra su cúpula, ya que la organización contaba en aquel momento con unos tres millones de miembros, un número demasiado grande como para poder encerrarlos a todos o no provocar incidentes.

En el futuro, las SA continuarían existiendo, aunque con un peso muchísimo menor al que habían tenido hasta aquel momento.

Una vez liquidada la cúpula de las SA, Hitler y su camarilla se dedicaron a la persecución de otros elementos políticos molestos.

Fue el caso del vicecanciller Franz Von Papel, un político de derecha moderada que había ayudado a aupar a Hitler al poder, pensando que sería una buena solución para acabar con una situación difícil, y que desde el puesto inmediatamente por debajo de él, podría controlarle.

Von Papen -quien después de la guerra sería juzgado en Nuremberg, siendo absuelto- fue detenido, aunque liberado tras unos días y desposeído de su cargo, siendo enviado de embajador a Austria.

El 2 de julio se explicaron los hechos al pueblo alemán, diciéndole que Röhm y la cúpula de las SA habían liderado una intentona de golpe de estado que había podido ser abortada.

El mismo Röhm había sido asesinado en prisión, y muchos otros altos mandos de las SA capturados lo fueron en el mismo día o en los siguientes.

La eliminación de los opositores políticos internos dejó a Hitler y sus más allegados las manos libres para actuar sobre Alemania. Ahora sí, el nacional-socialismo pangermanista hablaba al unísono a través de la voz de su führer.

Foto: Fotolia - Emmeewhite

 
 
 
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