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Masacre de Munich - Definición, Concepto y Qué es

La tregua olímpica era respetada por los antiguos griegos porque era un tema religioso (y nadie quiere sufrir la ira de los dioses), pero en la sociedad moderna, las treguas son rotas con facilidad y, de ser cumplidas, lo son con mucha dificultad.

Pese a que el espíritu olímpico quiere llevar la paz al mundo, uno de los peores actos terroristas fue cometido, precisamente, en el marco de unos juegos olímpicos, los de Munich de 1972.

La llamada Masacre de Munich fue un ataque terrorista perpetrado por la organización palestina Septiembre Negro como forma de presión para que el gobierno israelí liberara a varios centenares de sus correligionarios que tenían encarcelados.

Los terroristas se beneficiaron de una seguridad más laxa de la habitual: por un lado, el mundo de 1972 no era el mismo que ahora y, por otra parte, los organizadores alemanes querían alejarse lo más posible de una imagen militarizada y con una seguridad férrea, habida cuenta de los paralelismos que se podían hacer con los anteriores juegos celebrados en suelo alemán, los de Berlín del 36, y de los nazis.

Vestidos con ropa deportiva (léase chándales), ocho miembros de la organización Septiembre Negro (una escisión de la Organización para la Liberación de Palestina, en desacuerdo con el líder de esta última, Yasir Arafat) se colaron, y colaron las armas que utilizarían, en la villa olímpica la madrugada del 5 de septiembre de 1972, con el plan de secuestrar a la delegación israelí.

La organización había contado con el apoyo logístico de grupos neonazis, una conexión que se demostraría a posteriori.

Dirigiéndose e intentando infiltrarse en los aposentos de la delegación israelí, el entrenador de lucha Moshé Weinberg detectó el intento de intrusión, alertando con sus gritos a los deportistas israelíes. Nueve de los atletas pudieron escapar, pero el mismo Weinberg resultó herido en la escaramuza posterior a la alerta, y el luchador Yossef Romano resultó muerto

Weinberg acabaría siendo asesinado por uno de los asaltantes en otro intento que llevó a cabo para liberarse a él y a los demás rehenes. Era, sin duda, un luchador en todos los sentidos, y no solamente en el deportivo.

En total, los atacantes se hicieron con nueve rehenes del equipo israelí participante en los juegos.

Solo entonces, cuando dispusieron de rehenes en su poder y con las autoridades ya rodeando el edificio, dieron a conocer sus demandas.

Estas, como he dicho antes, se centraban en la liberación de unos 250 correligionarios presos en Israel. Obviamente, el gobierno israelí se negaría, recurriendo al argumento que utilizarían cualquier gobierno de cualquier otro país: ellos no negociaban con terroristas.

También exigieron la liberación de los dos fundadores alemanes de la Fracción del Ejército Rojo, Andreas Baader y Ulrike Meinhof (por sus apellidos, la organización de extrema izquierda también se conocía como Baader-Meinhof).

Las autoridades germanas al cargo del caso buscaron dilatar los tempos, afirmando a los secuestradores que todavía no tenían respuesta por parte de Israel.

Los medios de comunicación de todo el mundo se centraron en la acción, analizando cada uno de los aspectos y transmitiendo en directo lo posible desde el escenario de los hechos.

Esto, precisamente, frustró el primer plan de liberación de los rehenes por la fuerza: los terroristas pudieron ver, por la televisión, los movimientos de los oficiales de policía alrededor del edificio, tomando posiciones para asaltarlo.

Pero algo debían olerse los palestinos, que decidieron cambiar de táctica, solicitando un avión para evacuarlos a El Cairo (Egipto).

El plan de la policía bávara era aprovechar el traslado al aeropuerto para asaltar a los terroristas y liberar a los rehenes.

El fracaso posterior de la operación de liberación, y la correspondiente “matanza” recayó en un error de cálculo y comunicación de la policía del estado alemán de Baviera: los observadores que habían interactuado con los secuestradores habían contado entre cuatro y cinco, cuando en realidad eran ocho. Esta circunstancia no fue comunicada a los francotiradores que se preparaban para entrar en acción.

Es por ello que había cinco francotiradores de la policía, un número insuficiente para acabar con todos los terroristas a la vez. Además, no tenían formación específica como francotiradores ni armamento específico para abordar tal tarea.

La policía alemana también había sustituido a la tripulación del avión por sus propios agentes. Estos, por mutuo propio, decidieron abandonar la acción.

Ello llevó a una escena caótica que desembocó en la posterior matanza.

Los terroristas, que habían sido trasladados al aeropuerto en helicóptero, vieron que habían sido engañados al descubrir el avión que debía trasladarlos a El Cairo vacío.

Sobre las 23:00 del mismo 5 de septiembre, empezó un tiroteo que duraría alrededor de una hora y se cobraría la vida de nueve rehenes (más lo dos que habían muerto en la villa olímpica) y de cinco de los terroristas, siendo los tres restantes detenidos.

La intervención de la policía bávara fue duramente criticada. Lo cierto es que los alemanes fueron víctimas de sus propios temores y de su pasado. También el COI fue criticado por no suspender los juegos.

El argumento de la entidad olímpica organizadora era que los terroristas no podían salirse con la suya, así que hicieron una ceremonia a la mañana siguiente (curiosamente sin mentar a las víctimas), e hicieron ondear las banderas olímpica y de los países participantes a media asta... excepto las de los países árabes, que se negaron.

Como forma de protesta, la delegación israelí se marchaba al día siguiente.

Con posterioridad a estos ataques terroristas, el gobierno de Israel organizó, a través de sus servicios secretos, una operación de venganza para liquidar a los responsables intelectuales del secuestro.

Dicha operación incluyó bombardeos en Siria y el Líbano contra objetivos de la OLP, y una operación encubierta cuyos resultados fueron más que discutibles, pero esa ya es otra historia...

 
 
 
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