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Ley habilitante de 1933 - Definición, Concepto y Qué es

Aunque con la distancia que da el tiempo, nos parezca actualmente que los nazis ganaron rápidamente el poder en Alemania, lo cierto es que tardaron, e incluso ya una vez a cargo del gobierno, tuvieron que saltarse las leyes y amoldarlas a sus necesidades por la fuerza para conseguir el dominio dictatorial que buscaban.

En ese camino, la Ley Habilitante de 1933 jugó un papel esencial.

La Gesetz zur Behebung der Not von Volk und Reich, título traducido como Ley para solucionar los peligros que acechan al Pueblo y al Estado, aunque más conocida como Ley habilitante de 1933, permitía al gobierno y al canciller (ocupados respectivamente en aquel momento por el NSDAP y Adolf Hitler) la aprobación de leyes sin pasar por el parlamento.

Cualquiera puede ver que un gobierno que puede hacer y deshacer a su antojo sin tener que pasar por un parlamento donde pueda ser objeto de cuestionamiento por parte de la oposición, se convierte en dictatorial.

Para poder aprobar la nueva legislación que daba el poder absoluto a Hitler y sus secuaces, los nazis necesitaban contar con los votos de dos tercios del Reichstag, el parlamento alemán, a favor.

Si bien incluso con los resultados de las elecciones de marzo de 1933, para las cuales se había descabezado la cúpula del KPD, el partido comunista alemán, los nacionalsocialistas no podían, se las ingeniaron mediante pactos y con un ardid para llegar al número de escaños necesarios.

Las negociaciones consistieron en inclinar al DNVP, un partido de ideología nacionalista muy próximo al NSDAP para que votara a favor de la propuesta de ley, y negociar con los católicos de la formación Zentrum el respeto a principios religiosos y sociales para la comunidad católica alemana.

El ardid al que me he referido antes consistió en suprimir, por decreto, la necesidad de un quórum mínimo de diputados presentes para que la votación fuera válida.

Como los diputados del partido socialdemócrata, el SPD, habían planeado ausentarse del parlamento para evitar que hubiera un quórum suficiente como para dar por válida la aprobación de la nueva ley, el ardid nazi hizo que esta estratagema no valiera para nada.

Finalmente, la Ley habilitante fue aprobada con casi el 85% de los votos a favor, muy por encima del 66% necesario gracias a todos estos factores explicados. Los partidos que apoyaron a Hitler, al igual que el SPD que no lo había hecho, fueron prohibidos en junio de aquel mismo 1933, y se prohibió también la fundación de nuevos partidos.

A la práctica, la Ley Habilitante de 1933 daba plenos poderes al gobierno y dejaba al parlamento en un lugar que casi ni llegaba a ser simbólico.

De hecho, el mismo edificio del Reichstag fue casi abandonado a su suerte, empleado durante la guerra como hospital y como fábrica de munición, sin ninguna voluntad de habilitarlo nuevamente como un parlamento que, más que no ser necesario, hubiera sido molesto.

La ley en sí permitía, en su segundo artículo, que el gobierno alemán pudiera aprobar leyes que fueran en contra de las dictadas por la Constitución de Weimar (que, debido a ello, no fue oficialmente derogada, sino que simplemente languideció como papel mojado), siempre y cuando estas no fueran en contra de la voluntad del Reichstag (que ya hemos dicho que era una marioneta en manos nazis... ¿¿¿cómo iba a contradecir al canciller???).

El cuarto artículo daba manga ancha al gobierno para cerrar acuerdos y tratados con otros países que se convertían en de obligado cumplimiento para el país.

El papel del Presidente, ocupado por el octogenario Paul von Hindenburg, no perdía atribuciones.

Hitler sabía que Hindenburg, cuyo estado de salud era muy débil además de ser muy manipulable, no supondría ninguna amenaza y, de hecho, el anciano militar moriría al año siguiente. A su muerte, el Führer añadiría las obligaciones del cargo de Presidente del país a las del Canciller, asimilando en su persona ambos cargos.

Ahora, ya nada podía parar a los nazis hasta arrastrar al mundo a una conflagración bélica de proporciones dantescas.

Foto: Fotolia - kuco

 
 
 
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