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Invasión nazi-soviética de Polonia 1939 - Definición, Concepto y Qué es

Pese a que Japón había atacado la parte de China que todavía no poseía en 1937, un conflicto que formaría parte de la Segunda Guerra Mundial, la fecha de inicio de esta conflagración global se sitúa en el primero de septiembre de 1939, cuando las tropas alemanas penetraron en Polonia.

La operación Fall Weiss es el plan de invasión nazi de Polonia, que contó en su fase final con la colaboración de la URSS, haciendo buenos los protocolos secretos del pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov.

Fall Weiss sería el primer exponente de la llamada guerra relámpago, un tipo de guerra en el cual se coordinaban las acciones de las tropas de tierra y de aire, utilizando las fuerzas blindadas como punta de lanza para provocar la rotura del frente enemigo y, de esta forma, avanzar fácilmente, con la aviación provocando el caos tras las líneas enemigas para dificultar la acción enemiga de defensa. Una táctica que revolucionaría la guerra.

El casus belli formaba parte de la operación, desarrollada a nivel teórico antes del ataque -que ya estaba previsto por Hitler en sus planes-, y consistió en simular un ataque transfronterizo polaco.

Aunque internacionalmente nadie lo creyó, culpando a Alemania del ataque, el servicio secreto germano simuló el ataque de soldados polacos a una estación de radio alemana, utilizando para ello soldados alemanes que hablaban polaco (para emitir consignas anti-germanas por la radio), y prisioneros políticos asesinados que vistieron con uniformes polacos.

Fue lo que se dio en llamar Incidente de Gleiwitz, una operación de falsa bandera realizada el 31 de agosto de 1939 que sirvió de excusa para que al día siguiente Alemania iniciara la invasión de Polonia.

El ejército alemán buscó tomar por sorpresa al polaco en un movimiento en pinza, partiendo desde el sur, desde Eslovaquia, y del norte, con un grupo que tenía dos puntos de partida: Prusia oriental, y el mismo territorio alemán.

El bastió prusiano era el principal quebradero de cabeza de los aliados, puesto que tanto en Londres como en París estimaban que el ejército polaco podría hacer frente al alemán durante el suficiente tiempo como para poder amenazar de intervenir en el oeste, lo que al parecer de ambos gabinetes, disuadiría a Hitler de retirar sus tropas.

No obstante, los polacos desoyeron el consejo de los asesores franco-británicos de retirar sus tropas de la frontera y dejar cancha a la Wehrmacht esperándola más adentro del país.

Los polacos habían derramado mucha sangre para conseguir contar con un estado propio, y sus mandos militares y políticos no estaban dispuestos a ceder un palmo de terreno. Estratégicamente, esta decisión se demostró como un error.

Hitler también contaba con la intervención soviética; ya se había dividido Polonia en dos con Stalin.

El gran problema de los polacos fue la desproporción en la flota aérea; la Luftwaffe triplicaba a la fuerza aérea polaca, además de contar con modelos de avión más modernos. Una vez los alemanes obtuvieron el dominio de los cielos, hicieron lo que quisieron, incluyendo la destrucción sistemática mediante bombardeos de objetivos civiles y columnas de refugiados.

Todavía se desconoce con seguridad de qué unidad fueron los primeros disparos de la campaña, pero las opciones están entre una escuadrilla de Stukas bombardeando las protecciones de los puentes sobre el Vístula en Tczew, o bien fue el acorazado Schleswig-Holstein disparando sobre la fortaleza de la Westerplatte.

Lo que siguió a continuación pasa por ser una de las operaciones militares más arrolladoras de todos los tiempos. Sin embargo, el ejército polaco opuso una resistencia más dura de lo que mucha gente cree.

Así, hubo actos de resistencia heroicos ante el avance alemán, como es el caso de la misma resistencia en la Westerplatte, en inferioridad numérica manifiesta, durante una semana. Al rendir la plaza, los atacantes alemanes se cuadraron ante los defensores para rendirles honores, reconociendo así tanto su tenacidad como destreza militar.

Esta muestra de camaradería fue una de las pocas en una campaña que se caracterizó por una brutalidad sin miramientos por parte nazi con, por ejemplo, los Einsatzgruppen cometiendo asesinatos y otras atrocidades en los territorios que la Wehrmacht iba conquistando.

También encontramos la batalla de Bzura, en la cual el contraataque polaco hizo retroceder a las tropas germanas, más numerosas, mejor equipadas y teóricamente con una mejor moral de combate.

El empuje casi suicida de los polacos hizo mella en los atacantes germanos, que finalmente se impusieron solamente por la imposibilidad polaca de trasladar refuerzos y pertrechos al frente, lo que no les permitió aprovechar el empuje de este contraataque.

Pese a que existe la leyenda de que en esta campaña los lanceros a caballo polacos atacaron a la carga a unidades blindadas alemanas, no existe una prueba contundente de dicho enfrentamiento -por otra parte, claramente suicida-, aunque algunos historiadores afirman que, efectivamente, los lanceros cargaron contra los tanques desde una posición que les permitió hacerlo por sorpresa, para lancear a los infantes que iban montados sobre los carros, utilizándolos a modo de transporte.

Dicha acción, pese a que muy expuesta al riesgo, habría tenido más sentido que la mítica carga a campo abierto que se les atribuye.

El 17 de septiembre, con buena parte del territorio polaco bajo dominio alemán y pocas esperanzas de poder resistir mucho más, Polonia sufre la puñalada por la espalda propinada por la Unión Soviética.

Blandiendo como excusa para la invasión la protección del pueblo polaco ante un gobierno (el propio polaco) que lo había abandonado.

Si bien inicialmente el ejército polaco intentó resistir al avance soviético, pronto vió que dicha resistencia era inútil; con prácticamente todas las fuerzas empeñadas en el frente oeste contra Alemania, las tropas polacas en el este no tenían nada con que oponerse a los atacantes soviéticos.

Entre el 17 y el 20 de septiembre, las tropas alemanas y soviéticas empezaron a encontrarse tras avanzar desde puntos opuestos, e incluso a colaborar entre ellas para batir a los polacos, como pasó en la fortaleza de Brest, tomada por tropas germanas con la colaboración de las soviéticas.

Tras una resistencia heroica, las últimas unidades polacas se rendían el 6 de octubre de 1939, tras poco más de un mes de confrontación.

Polonia había sido atacada a traición por la espalda, y había sufrido el abandono de sus teóricos aliados (Francia y Reino Unido), que no hicieron nada y que sufrirían esta inactividad en sus propias carnes.

El gobierno polaco se exiliaba a Londres, y Polonia empezaba un largo martirio con asesinatos masivos, como los cometidos por el estado soviético en los bosques de Katyn o la limpieza étnica y cultural que tanto nazis como soviéticos sometieron al país para aculturalizar a su población, asimilarla y forzar de dicha forma la desaparición de Polonia como entidad cultural.

No sería la última vez que Polonia fuera vendida; Churchill y Roosevelt la cederían a Stalin como parte de la zona de influencia soviética en la Europa de posguerra. Los soldados polacos que lucharon valientemente junto a los aliados occidentales en campañas como la italiana ni siquiera tuvieron derecho a desfilar con sus compañeros de armas de otros países ni serían reconocidos.

Figuras como el mariscal Rydz-Śmigły, héroe de la resistencia polaca, no pudieron ser debidamente homenajeados por su pueblo hasta principios de los noventa, cuando cayó el Telón de Acero.

Fotos: Fotolia - Gokidesign / Vic

 
 
Autor: Guillem Alsina González | Sitio: Definición ABC | Fecha: julio. 2018 | URL: https://www.definicionabc.com/historia/invasion-nazi-sovietica-polonia.php
 
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