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Guerras Napoleónicas - Definición, Concepto y Qué es

Cuando el 18 de brumario del año VIII (7 de noviembre de 1799), Napoleón Bonaparte daba un golpe de estado que le permitía hacerse con el poder en la República Francesa, era el principio del fin del orden revolucionario (de hecho, muchos autores ponen aquí el punto y final a la fase revolucionaria) y empezaba algo nuevo.

Con Napoleón llegaban también una serie de conflictos bélicos que se extenderían a lo largo de su reinado, y que se conocerían para la posteridad como Guerras Napoleónicas, los cuales cimentarían tanto la fama de estratega del corso (a la altura de Aníbal o Julio César), como de dictador personalista.

El primer conflicto que Napoleón acometió ya en el poder fue la segunda parte de la lucha contra la Segunda Coalición.

Esta, formada por el Reino Unido, los imperios austríaco, ruso y otomano, los Estados Pontificios, Portugal, y el Reino de Nápoles, había conseguido, desde 1798, éxitos contra una Francia que sufría tanto por la lejanía de sus mejores generales (el mismo Napoleón se encontraba de campaña en Egipto), como por la corrupción que reinaba en el gobierno republicano.

El primer problema al que tuvo que enfrentarse el flamante nuevo Primer Cónsul de la República fue una ofensiva austriaca en dos frentes: en Italia, para girar desde el sur sobre Francia, y directamente desde el río Rin, histórica frontera entre los territorios galos y germanos.

En Italia se produjo la famosa batalla de Marengo (todas las campañas napoleónicas están trufadas de nombres de batallas que han pasado a la historia), con una victoria por los pelos de las fuerzas francesas, mientras en el Rin, la batalla de Hohenlinden también resultó favorable a los galos.

Ambas derrotas llevaron a Austria a negociar la paz, que fue firmada en 1801, el mismo año en el que Francia perdía la campaña de Egipto (en manos del segundo de Napoleón). En 1802 era Reino Unido la que formaba la paz, reconociendo las conquistas galas.

El fin de este conflicto daría paso a una etapa de paz que constituiría la excepción en la Europa de la época desde el estallido de la Revolución Francesa, periodo que finalizaría con la guerra contra la Tercera Coalición, el primer conflicto que podemos considerar púramente napoleónico.

El inicio de este conflicto se remonta al final del anterior, ya que los británicos, descontentos con su resolución, declararon la guerra a Francia, montando una coalición de países que incluyó a los imperios austríaco y ruso, el Reino de Nápoles y Suecia.

Napoleón concentró tropas en la parte sur de la península de Normandía con el objetivo de invadir la Gran Bretaña, estimando que para cumplirlo antes debía obtener la supremacía marítima.

Aliándose con la España de Carlos IV y Godoy, Napoleón intentó alejar la flota británica hacia costas españolas para destruirla.

Este plan fracasó al ser la armada combinada franco-hispana derrotada por la británica en la batalla de Trafalgar, una de las más significativas de las guerras napoleónicas.

Reconducido el campo de batalla al continente, las tropas galas se enfrentaron a los aliados liderados por los austríacos en Baviera. La principal batalla de esta campaña fue Austerlitz, en la que las tropas combinadas austro-rusas fueron derrotadas por el ejército francés.

Las consecuencias de Austerlitz fueron la capitulación de Austria, y la disolución del Sacro Imperio Romano-Germánico. Pero también sería el germen del siguiente conflicto.

Sin solución de continuidad, y tras retirarse Austria del conflicto, Prusia se sumaba a la lucha contra Francia en protesta por las violaciones galas de su espacio territorial, dando lugar a la Cuarta Coalición. Esta estaba formada por Gran Bretaña, Rusia, Suecia, Prusia y Sajonia.

Napoleón captó que el principal riesgo que asumía era que las tropas prusianas se juntaran con las rusas para atacar conjuntamente el territorio controlado por los franceses, así que aplicó la máxima de divide et impera, atacando primero a los prusianos y derrotándolos primero en Jena y después entrando en Berlín, solo para proseguir al encuentro de las fuerzas rusas.

Con la victoria en la batalla de Friedland, Napoleón consiguió forzar a Rusia a negociar la paz. Paralelamente, casi la mitad del territorio prusiano era cedido a estados aliados de Francia, como el ducado de Varsovia (entidad creada a partir de territorios que los rusos tuvieron que ceder) y el Reino de Westfalia, además de quedarse también con algunas tierras.

Una de las consecuencias de esta guerra fue el decreto de bloqueo continental que Napoleón dictó contra Gran Bretaña, y que buscó extender a todos los países de Europa.

El cumplimiento de este decreto de bloqueo enfrentó a Francia con Portugal, y fue el motivo de la entrada de las tropas galas en España, teóricamente para atacar el país lusitano, pero que acabaron apropiándose de España para entronizar a uno de los hermanos de Napoleón como rey de España bajo el nombre de José I.

Esto llevaba a una guerra de guerrillas que duraría hasta 1814 y que desangraría a las tropas galas. El mismo Napoleón reconocería que la entrada en el “avispero” español había sellado el curso de la guerra en contra de Francia.

Mientras estallaba el conflicto en la Península Ibérica, se conformaba la Quinta Coalición contra Napoleón.

En esta se encuadraron la Gran Bretaña y el Imperio Austríaco. El gran talón de Aquiles de esta quinta coalición: la inferioridad numérica de sus fuerzas.

Gran Bretaña siempre tuvo un ejército numéricamente muy inferior al galo, inquietando a Francia tan solo en el mar, donde dominaba y podía luchar no sólo de tú a tú con Napoleón, sino incluso superarlo. Austria reclutó un nuevo ejército, pero incluso así, ambos ejércitos combinados no eran suficientes para igualar las tropas francesas, fruto de una leva popular y de una intensa preparación que, además, estaban fogueados por los conflictos anteriores.

Es solamente de esta forma que puede entenderse la presencia de las tropas francesas en tantos frentes diversos de forma simultánea a lo largo de las Guerras Napoleónicas.

El embate inicial de Austria le reportó victorias menores, empujando a las fuerzas francesas a las que había pillado por sorpresa hacia el oeste, aunque con la presencia de Napoleón en persona, Francia consiguió equilibrar la situación hasta librar la decisiva batalla de Wagram, en la que Austria perdió.

El Tratado de Schönbrunn rubricaba el fin de esta contienda, pese a que todavía quedaba Gran Bretaña y se empezaba a cernir un gran peligro sobre la Francia napoleónica: Rusia.

La invasión de este último país por parte de Napoleón en 1812 con la excusa de formar al zar Alejandro I en el bando del bloqueo continental a Gran Bretaña, hacía estallar el conflicto. En el bando aliado se contabilizarían la misma Rusia, Gran Bretaña, Austria, Prusia, y Suecia, apuntándose en momentos diferentes.

Como sufrirían las tropas del Eje unos 130 años después, la Grande Armée (nombre que recibió el numeroso ejército reclutado por Francia y sus aliados para la invasión) sufriría en carne propia la estrategia de “tierra quemada” consistente en no dejar nada que pudiera servir al enemigo invasor, forzándolo a utilizar al máximo sus líneas de abastecimiento.

Esto, en un país como Rusia, en el que las distancias son un gran handicap para la intendencia, es una estocada mortal para cualquier ejército.

Napoleón llegó a ocupar una Moscú devastada por las tropas rusas en retirada, solamente para enterrar su sueño en la nieve de la estepa.

Ni en Borodino pudieron forzar los galos el enfrentamiento directo en masa a campo abierto, y tuvieron que abandonar Rusia con el ejército imperial ruso pisándoles los talones. Especialmente duros fueron los cosacos, que hicieron una verdadera carnicería atacando la retaguardia francesa mediante tácticas de guerrilla.

Sólo 27.000 hombres de la Grande Armée de los más 650.000 que habían entrado en Rusia regresaron.

Viendo los resultados de la guerra en España, adversos para los intereses de Napoleón, y lo que había pasado en Rusia, Prusia entró en liza en el bando aliado.

Pese a que Napoleón se las arregló para contener el avance prusiano, tuvo que solicitar una tregua, que ambos bandos aprovecharon para reforzarse; por parte aliada, se reclutó a Austria, mientras que por la agotada Francia se recomponían las filas con nuevas levas.

La batalla de Leipzig, librada en una relación de fuerzas de más de 2 a 1 a favor de los aliados, se saldaría con derrota gala, lo que empujaría a Napoleón a luchar dentro de Francia.

Poco podía hacer el emperador debido a la superioridad de sus enemigos y a la progresiva marcha de las tropas de sus aliados, que viendo el final empezaban a abandonar el barco imperial.

Abrumado por la superioridad numérica de la coalición, sin posibilidad de conseguir nuevas levas, y con el pueblo francés cada día más a la contra, Napoleón abdicó el 13 de abril de 1814, poco después de que los aliados entraran en París.

El ex-emperador partía al exilio en la isla de Elba, de la que sólo volvería en un intento de tomar el poder en lo que sería posteriormente conocido como el periodo de los cien días, y que daría paso a la Séptima Coalición y a la derrota definitiva del que fuera definido como “el gran usurpador” por sus detractores.

Desde su desembarco en territorio francés continental procedente de la isla de Elba, napoleón había recibido el apoyo del ejército y el pueblo francés, e inquietado a sus enemigos tradicionales.

Estos, pese a las promesas de paz del empereur, declararon la guerra a Francia.

La confrontación se dio en el norte, en Bélgica, y pese a un primer éxito en Ligny, Napoleón acabó perdiendo en Waterloo, un nombre de batalla (de la población belga homónima) que pasaría a la historia como sinónimo de derrota.

Exiliado a la recóndita isla de Santa Helena, en la cual murió en extrañas circunstancias todavía no aclaradas (pese a que se han realizado estudios que no han resultado concluyentes), Napoleón dejó de representar un peligro para los demás países.

El paso del gran corso, como lo definen sus admiradores, dejó un legado geopolítico que redibujó el mapa europeo y provocó una profunda huella en las prácticas militares.

Fotos Fotolia: Olena / Marco

 
 
 
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