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Definición de Guerras Bóers

En la génesis de la actual República de Sudáfrica se encuentran dos conflictos bélicos que configurarían tanto el territorio como la sociedad de aquel país, y marcarían su política durante las siguientes décadas.

Las guerras bóers son dos enfrentamientos armados librados a finales del siglo XIX y principios del XX en lo que es actualmente Sudáfrica entre milicias irregulares de emigrantes holandeses (llamados bóers) y el Imperio Británico.

Los motivos son varios, pero los principales se centran en la riqueza de los territorios en disputa y su importancia geoestratégica, siendo este último factor importante para el bando británico, y el primero para ambos bandos.

La primera guerra bóer (1880-1881) enfrentó a los colonos bóers del Transvaal con el Imperio británico.

Tras haber sido “absorbida” por el Imperio en 1877, la República del Transvaal declaró su independencia en 1880, después de infructuosas protestas de los colonos afrikaaners.

Los afrikaaners tomaron inmediatamente la iniciativa estratégica; conocedores del territorio y duros luchadores, compensaron la falta de recursos y efectivos con un uso muy inteligente de la táctica, utilizando la guerra de guerrillas, aprovechando la orografía del territorio, y actuando con mucha prudencia.

Inicialmente, cercaron varias guarniciones británicas en el Transvaal, atacando convoyes del ejército imperial que iban a socorrerlas, y evitaron a toda costa las batallas a campo abierto, pues se sabían inferiores numérica y tecnológicamente.

Un hecho curioso que destaca de este conflicto, y que sirvió de escarmiento a los británicos, fue que mientras los milicianos bóers vestían para el combate sus ropas de granjero de paño sencillo y color caqui que se confundía con el terreno, los primeros lucían sus coloridos uniformes rojos (de ahí lo de “casacas rojas” con que eran conocidos), muy visibles... especialmente para los excelentes francotiradores bóers, que debían agradecer ver su trabajo facilitado.

La guerra terminó en un empate técnico que fue realmente una victoria moral para los colonos bóers.

Estos últimos veían reconocido por Londres su derecho a autogobernarse, aunque con supervisión del Imperio.

El motivo de la Segunda Guerra Bóer (1899-1902) fue el descubrimiento de una grandes minas de oro en Sudáfrica, lo cual provocó altercados a los que respondieron tanto los británicos como los bóers, y llegando hasta tal punto que desembocaron en un enfrentamiento armado directo.

Inicialmente, la iniciativa y los éxitos cayeron del bando bóer, que explotó los mismos factores que le habían deparado tan buenos resultados en el anterior conflicto, especialmente el conocimiento del terreno.

Así, los bóers invadieron las colonias británicas de Natal y el Cabo, poniendo cerco a diversas ciudades como Ladysmith o Kimberley, aunque sus reducidos efectivos y falta de material les impedían la toma, que también suponía un riesgo por el alto número de bajas que podía representar entre sus tropas, dejándolas inutilizadas para fases posteriores del combate.

Los británicos sufrieron duros reveses, como los de las batallas de Magersfontein, Colenso y Spionkop, en las cuales tropas bóers siempre numéricamente inferiores, lograron infligir severas derrotas a los británicos, apoderándose de material como cañones.

La primera victoria británica a campo abierto fue en la batalla de Paardeberg (febrero de 1900).

En ella, los británicos forzaron la rendición del general bóer Piet Cronje, uno de los comandantes más capaces del conflicto, el cual fue capturado junto a un número importante de sus hombres.

Esta victoria marcó el cambio en el curso de la guerra, ya que permitió a los británicos adentrarse en territorio bóer y capturar las capitales de los dos estados rivales en liza: Bloemfontein (Estado Libre de Orange) y Pretoria (capital del Transvaal).

Si bien estas capturas supusieron un duro golpe para la moral y el esfuerzo de guerra bóers, estos últimos no se dieron por vencidos, pasando a librar una guerra de guerrillas.

La guerra de guerrillas es un enfrentamiento de baja intensidad, de fuerzas desiguales, en el cual la fuerza de menor tamaño golpea en el lugar más inesperado y menos protegido de su enemigo, normalmente en la retaguardia.

Doblegar definitivamente a las fuerzas irregulares guerrilleras bóers llevó su tiempo, y consistió en una táctica de aislarlas primero en sus territorios naturales (Transvaal y Orange) e impedir o, por lo menos, dificultar sus movimientos mediante el establecimiento de blocaos repartidos por el territorio y al uso de las mismas tácticas guerrilleras con tropas irregulares que utilizaban los bóers, pero esta vez por parte del bando británico.

La política de tierra quemada, con la destrucción o confiscación de cosechas y ganado, hizo también mella en los resistentes bóers.

Poco a poco, la estrella militar bóer se fue apagando, hasta que el 31 de mayo de 1902 finalizaba un conflicto largo, duro y agotador.

Como anécdota para esta Segunda Guerra Bóer, diremos que el que más adelante sería el Primer Ministro británico más brillante de la historia, Winston Churchill, estuvo presente en la conflagración como corresponsal de guerra para un periódico británico.

Churchill no solamente informó, sino que tampoco dudó en tomar partido por su bando tomando las armas cuando fue necesario.

Otro hecho, mucho menos anecdótico y más deplorable del conflicto, es que fue en este en el que se establecieron los primeros campos de concentración para los civiles.

Los “inventores” del concepto fueron los británicos, y si bien estos campos no fueron tan crueles como los campos nazis que se harían tristemente célebres tras la Segunda Guerra Mundial, la mortalidad entre los recluidos también fue alta debido a las pobres condiciones higiénicas y el hacinamiento.

El uso de campos de concentración se enmarca en la política de tierra quemada utilizada por los británicos en la fase final del conflicto.

Foto: Fotolia - animaflora

 
 
 
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