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Guerra del Yom Kippur - Definición, Concepto y Qué es

Habiendo resistido en su guerra de independencia, pasado al ataque durante la crisis del Canal de Suez, y habiendo arrasado a sus enemigos árabes en 1967 durante la llamada Guerra de los Seis Días, Israel vivía, a principios de la década de los 70, una época de aparente tranquilidad. Sólo aparente, puesto que sus enemigos no perdonaban las derrotas infligidas, y preparando un nuevo ataque que los redimiera.

La Guerra del Yom Kippur fue un enfrentamiento armado acaecido en 1973 entre Israel por un lado y una coalición de estados árabes en el otro.

Dicha coalición estaba integrada por Egipto y Siria principalmente, con apoyo que vino, en uno u otro momento, de Jordania, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Libia, Argelia, Sudán y Pakistán, y aprovecharon la fiesta de Yom Kippur para lanzar un ataque por sorpresa sobre Israel.

La festividad del Yom Kippur es celebrada a lo largo de diez días, y es una de las festividades más señaladas del calendario judío. Es por ello que buena parte de las tropas recibió aquel año un permiso para volver a celebrarla a casa con su familia. Las defensas israelíes, con un país rodeado de enemigos, estaban bajo mínimos, pero el movimiento árabe había sido calculado, precisamente, para aprovechar dicho factor.

La inteligencia israelí tampoco acertó a interpretar correctamente la excelente información que disponía, y esto contribuyó al efecto sorpresa del ataque.

Los egipcios aprovecharon la tapadera de un ejercicio militar para movilizar a sus tropas.

Israel sólo puede movilizar a su ejército al completo (incluyendo los reservistas) a un coste muy alto para su economía, por lo que si bien ya había movilizado sus tropas por un ejercicio anterior, esta vez desestimó (acorde con las conclusiones de inteligencia antes mencionada) la posibilidad de una amenaza real.

La madrugada del 6 de octubre de 1973 las fuerzas de la coalición árabe lanzaban su ataque combinado.

Los teatros de operaciones principales fueron dos: la península del Sinaí, conquistada por Israel a Egipto en la Guerra de los Seis Días en 1967, y los Altos del Golán, conquistados a Siria en el mismo conflicto, y que eran los objetivos prioritarios a recuperar para sendos países.

La amenaza en el Golán era alta, pues los sirios se habían pertrechado con los nuevos tanques T-62 de fabricación soviética, mientras que las IDF contaban con los ya añejos Centurion de fabricación británica.

No obstante, un detalle técnico curioso per a la postre relevante, acabó decantando la batalla del lado israelí: los T-62 habían sido concebidos para luchar en las llanuras centroeuropeas, por lo que no estaba previsto que pudieran levantar su cañón más de un cierto ángulo.

Pero los sirios luchaban desde posiciones inferiores contra los israelíes parapetados en posiciones superiores, y los tanques centurion sí podían bajar su cañón a voluntad.

El resultado de este pequeño pero fundamental fallo de concepción fue devastador: mientras que los carristas sirios tenían graves dificultades para tocar a los tanques israelíes, quedaban al descubierto ante sus enemigos, lo que acabó arrojando una proporción de carros destruidos favorable a las IDF.

¿Cómo solucionaron este problema los sirios? Recurriendo a armas antitanque personales, lo que les permitió penetrar las defensas israelíes y hacer con algunos puestos de mando.

Mientras, en el Sinaí, las fuerzas egipcias lograron cruzar el Canal de Suez, pero no progresaron mucho más allá.

El gran miedo de los comandantes de la coalición árabe era la potente fuerza aérea israelí, que podían anular gracias a las baterías de misiles SAM de fabricación soviética, pero que no daban protección más allá de una pequeña área.

Durante la guerra, ninguno de los dos bandos consiguió la supremacía aérea, aunque tampoco las respectivas fuerzas aéreas supusieron una amenaza para el enemigo.

En este frente, las fuerzas egipcias también se habían pertrechado con misiles antitanque personales, que se demostraron terriblemente eficaces contra las fuerzas blindadas israelíes.

Pese al buen hacer de los soldados egipcios, su ejército no avanzó de forma decidida por titubeos estratégicos de sus mandos, lo que dio alas al contraataque israelí.

Una división de las IDF, comandada por el futuro primer ministro de Israel, Ariel Sharon, consiguió romper las líneas egipcias y marchar hacia El cairo, aunque el alto el fuego llegó antes de que consiguiera arribar a la ciudad.

Al otro lado del mapa, la preocupante situación inicial había ido siendo contrarrestada al considerar el alto mando israelí el frente del Golán como prioritario, ya que este territorio constituye una meseta desde la que se domina territorio israelí en una posición de altura, lo que permite batirlo con artillería o misiles.

Los reservistas eran prioritariamente destinados a este frente, e Israel consiguió desplegarlos más rápidamente de lo que los sirios habían calculado.

En el Golán, la situación fue reconducida a favor de Israel apelando a los refuerzos y a la aviación para cubrir sus tropas de tierra.

Esto hizo que la aviación militar israelí no tuviera mucha influencia en el frente del Sinaí, aunque sí hubo una incursión sorpresiva para neutralizar la superioridad aérea del enemigo, que se saldó con varias bases egipcias dañadas.

Poco a poco, la situación pasaba de la sorpresa inicial israelí a la recuperación de sus tropas, a lo que contribuyeron dos factores: en primer lugar, que la movilización israelí empezó a hacerse efectiva, aportando tropas frescas al combate que permitieron ejecutar acciones de contraataque, y en segundo lugar, empezaron a fluir armas y municiones desde los Estados Unidos a israel, el gran protector del estado judío, que contrarrestaron el armamento ruso suministrado a los árabes.

El contraataque israelí llevó a las IDF a atravesar el Canal de Suez y a estabilizar la situación en el Golán.

El contraataque israelí permitió a sus tropas embolsar el tercer ejército egipcio y amenazar la estratégica ciudad de Suez, que pudo resistir a costa de un gran número de bajas en uno y otro bando.

Mientras, en el Golán, los tanquistas israelíes realizaban un esfuerzo increíble por mantener el ataque blindado sirio a raya, forzando finalmente a su retirada.

Y no solo eso, sino que la IDF penetró en Siria en dirección hacia Damasco, y aunque Siria recibió refuerzos procedentes de Irak y una fuerza expedicionaria de Jordania, los soldados israelíes llegaron a 40 km de la capital, pudiendo bombardearla de forma efectiva.

No obstante, la Primera Ministra Golda Meir y su gobierno eran conscientes de la imposibilidad de ocupar y retener Damasco de forma efectiva.

Con la ganancia territorial en los dos frentes, la guerra abrió paso a la diplomacia, patrocinada desde Estados Unidos y la URSS.

Así, y pese a que las operaciones militares fueron desescalando a partir del 26 de octubre del 73, el alto el fuego no se firmó hasta el 11 de noviembre del mismo año.

Los ejércitos árabes, temerosos de la superioridad aérea israelí, desaprovecharon la superioridad inicial que les daba el efecto sorpresa no penetrando con mayor profundidad en el espacio defendido por la IDF, especialmente en el caso egipcio.

Por su parte, las fuerzas israelíes demostraron estar superiormente preparadas y mentalizadas que las de sus enemigos, no solamente resistiendo en posiciones difíciles (especialmente en los altos del Golán), sino pudiendo rehacerse y contraatacar poniendo en un brete a los ejércitos árabes en ambos frentes.

Israel también extrajo del conflicto unas valiosas lecciones de inteligencia.

Fotos: Fotolia - Robert Hoetink

 
 
 
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