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Definición de Guerra de los Seis Días

Fue la tercera guerra que enfrentó a árabes y judíos tras la Guerra de Independencia de Israel en 1948, y constituyó el mayor triunfo de las IDF (las fuerzas de defensa de Israel) sobre sus enemigos, con grandes ganancias territoriales.

La Guerra de los Seis Días fue un enfrentamiento armado acaecido entre el cinco y el diez de junio, ambos días incluidos, de 1967, y que enfrentó por un lado a Israel y por el otro a una coalición de estados árabes.

Entre estos estaban Egipto, Siria, Irak y Jordania. Y podemos decir que fue precisamente Egipto el gran responsable del estallido del conflicto, ya que tras la Crisis de Suez de 1956, se había comprometido a no ayudar materialmente a las guerrillas árabes que luchaban contra Israel mediante tácticas de terrorismo, cosa que continuó haciendo.

Desde 1957, existía en el Sinaí una fuerza de interposición de la ONU, la FENU (Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas, UNEF por sus siglas en inglés), que Egipto forzó a marchar en mayo de 1967.

Dicha fuerza, fundada por el malogrado Dag Hammarskjöld, y compuesta por militares de Brasil, Canadá, Dinamarca, Colombia, Suecia o Yugoslavia entre otros países, hacía las labores de pacificación entre Israel y Egipto, interponiéndose entre ambos ejércitos para que no se produjeran provocaciones.

La retirada de la FENU fue algo vergonzoso, pero las Naciones Unidas accedieron a ello casi sin pestañear y sabedoras de lo que pasaría a continuación, puesto que el ejército egipcio empezó a tomar posiciones a lo largo de la frontera.

En el mismo mes de mayo del 67, Egipto enviaba otro claro mensaje de guerra a Israel en forma de provocación: el cierre de los estrechos de Tirán.

Dicha posición, al final del brazo marítimo que separa las penínsulas arábiga y del Sinaí, permite cortar el tráfico marítimo.

El principal afectado, Israel, que veía como se cerraba el paso de buques hacia su único puerto en el Mar Rojo, Eilat, no podía quedarse de brazos cruzados, puesto que ello implicaba dejar de recibir las mercancías que le llegaban fruto del comercio con oriente.

El gobierno israelí consideró dicho bloqueo como un acto de guerra, que era precisamente lo que buscaba el presidente egipcio Nasser.

El mundo árabe entró en ebullición contra Israel, deseoso de vengar las derrotas de conflictos anteriores. La presión popular en Jordania hizo que el rey Hussein, más cauto que sus vecinos, se viera arrastrado a formar parte de la alianza árabe que iba a entrar en guerra.

Ante la amenaza, Israel había movilizado sus reservistas, y a principios de junio se encontraba ante una disyuntiva: una movilización excesivamente larga perjudicaba seriamente su economía (acabaría siendo insostenible), pero desmovilizar las tropas equivalía a quedar indefenso, ya que en caso de ataque posterior, se tardaría horas o días en volver a movilizarlas.

Así las cosas, la duda que se planteaban las autoridades israelíes era: ¿atacamos y damos el primer golpe?

Los mandos militares eran partidarios de utilizar la sorpresa de ser los primeros para destruir las fuerzas aéreas enemigas, con lo cual una ofensiva judía posterior se garantizaría más fácil gracias a la superioridad aérea obtenida.

El 5 de junio de 1967, la fuerza aérea israelí lanzó una operación de destrucción de las fuerzas aéreas egipcia, siria y jordana, que halló la mayor parte de dichas flotas en tierra.

Los jets que lucían la estrella de David destruyeron casi medio millar de aviones enemigos en tierra, y echaron a perder un gran número de aeródromos. En solamente unas pocas horas de aquella madrugada, Israel había asestado un golpe que le daba la supremacía aérea y prácticamente le aseguraba la victoria en el conflicto.

Un factor clave en el gran éxito de esta operación, en la que la IAF (la fuerza aérea de Israel) perdió apenas una docena de aparatos, fue la excelente información de inteligencia de la que disponía el estado mayor del ejército hebreo, y la planificación detallada que ya tenía previsto este movimiento desde hacía años.

Al mismo tiempo que las fuerzas aéreas árabes dejaban de existir, las fuerzas de tierra del ejército israelí penetraban en la Península del Sinaí por tres puntos distintos.

Pese a estar en inferioridad numérica (3 divisiones contra 7), los israelíes contaban con la cobertura de su fuerza aérea, y con el efecto sorpresa a su favor.

La Franja de Gaza fue el primer territorio en caer. Mientras, Siria respondía al ataque contra su fuerza aérea con bombardeos desde los Altos del Golán, y el ejército jordano iniciaba movimientos contra la parte de Jerusalén en manos de Israel.

En el segundo día de combates, el ejército israelí cercó Jerusalén. Mientras, las fuerzas judías en el Sinaí corrían en dirección al Canal Suez para cortar la retirada al ejército egipcio que habían casi embolsado en el desierto.

El 7 de junio, los israelíes asaltaron y pudieron reabrir los estrechos de Tirán, avanzando desde el sur de la península para buscar completar el cerco de las fuerzas egipcias presentes en el desierto.

Poder embolsar aquellas tropas y forzar su rendición, hubiera supuesto un tremendo golpe de las armas judías sobre las árabes en general, y las egipcias en particular, habida cuenta que Egipto era su principal enemigo.

También en la misma jornada, Jerusalén era conquistada por los soldados hebreos.

La significación de la ciudad, todavía hoy evidente, era y es importante, pues siempre ha sido la capital sentimental del pueblo judío, y su posesión era un deseo largamente acariciado por el estado de Israel.

Al día siguiente, el 8 de junio, se produjo uno de los incidentes más controvertidos de todo el conflicto y que estuvo a punto de agriar las relaciones entre Israel y su principal aliado, Estados Unidos: el ataque al Liberty.

Este era un buque espía norteamericano que estaba llevando a cabo tareas de escuchas radiofónicas frente a las costas en las cuales se desarrollaba el conflicto. Fue así que, tras realizar una pasada por encima del buque, un avión israelí lo atacó, provocando varias muertes y heridos a bordo.

Los veteranos del Liberty afirman que el ataque fue deliberado, que el piloto y quien autorizó la acción conocían la existencia del buque y sabían perfectamente su nacionalidad y cometido, y que desde el Liberty se podría haber interceptado alguna transmisión que, de hacerse pública, podría haber puesto en entredicho las acciones militares del ejército israelí.

Por parte de Israel, siempre se ha aducido que se trató de un error, aunque la pasada previa de la aeronave hebrea desmentiría dicho punto.

El 9 de junio, penúltimo día de la guerra, Israel realizó su conquista más valiosa en términos militares: los Altos del Golán.

Esta altiplanicie domina la zona norte de Israel, y desde allí se puede bombardear a placer dicha área, o bien hacer lo mismo con una amplia área de Siria.

Cuando las tropas israelíes llegaron a los Altos, ya no encontraron allí soldados sirios; las noticias que habían llegado a Siria desde el frente egipcio, apuntaban a un gran éxito del bando árabe, lo que animó a Damasco a ordenar una precipitada ofensiva, que fue muy descoordinada.

Además, y mientras unas unidades atacaban y otras no, las tropas sirias recibían la desagradable visita de la, teóricamente, anulada fuerza aérea israelí, descubriendo entonces la cruda realidad: dicha fuerza no solamente estaba plenamente operativa, si no que actuaba sin oposición.

El pánico cundió entre los reservistas sirios, que abandonaron precipitadamente sus posiciones.

Lo que fue peor para Siria es que Israel tenía Damasco a un tiro de piedra y el camino expedito para avanzar.

Si no lo hizo fue porque era consciente de que no podía mantener una ocupación de aquel territorio, además de que las potencias internacionales habían empezado a ejercer presión sobre Israel para que abandonara su ofensiva.

La Guerra de los Seis Días duró, de forma efectiva, la cantidad de días indicada, y dejó las mayores ganancias territoriales a Israel.

Estos son los territorios de Gaza y Cisjordania, que todavía ocupa de facto (pese a estar bajo autoridad Palestina, aunque sometidos a una suerte de protectorado israelí), los altos del Golán, también ocupados, y la Península del Sinaí, que fue devuelta a Egipto en 1982.

Aquel conflicto también legó el dominio total de Israel sobre Jerusalén, ciudad que hace poco la administración Trump reconocía como capital del estado hebreo, fomentando las consiguientes protestas en el mundo árabe, que no quiere reconocer la capitalidad más que a Tel Aviv.

En Egipto, el prestigio de Nasser había quedado tocado, y pese a emprender una depuración del ejército, tuvo que afrontar protestas. Egipto siguió librando una guerra de baja intensidad contra Israel en la zona fronteriza del Canal de Suez.

 
 
 
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