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Definición de Guerra de Independencia

Los historiadores achacan las causas de la derrota napoleónica en 1814 principalmente a tres causas: la invasión de Rusia (un error táctico), el no haber podido acabar con Gran Bretaña, y la fallida invasión de España, con la guerra de desgaste que conllevó. En este artículo nos ocuparemos de este último conflicto.

La llamada “Guerra de Independencia” (nombre con el que se la conoce en España) es el conflicto regular y de guerra de guerrillas que enfrentó al ejército napoleónico invasor, con las fuerzas rebeldes españolas entre 1808 y 1814.

Cabe destacar que en la Guerra de Independencia se encuentra también una guerra civil larvada; en el bando francés también militaban españoles simpatizantes con los valores propugnados por la nueva Francia revolucionaria o napoleónica, quienes eran conocidos despectivamente como “afrancesados”.

Mientras, en el bando español, convivían tanto las actitudes reformistas pero de rechazo a la ocupación francesa, con los reaccionarios y tradicionalistas, lo que provocó no pocos problemas internos aunque, en general, el bando español supo superarlos para mantenerse cohesionado.

Ello no impidió que, tras la derrota francesa, estas disensiones estallaran conllevando un siglo XIX de gran inestabilidad política, cuyas consecuencias salpicaron al siglo XX.

La presencia de tropas francesas en territorio español se remonta a 1807, cuando pasaron la frontera en virtud de la alianza franco-española para atacar conjuntamente a Portugal.

Este último país era aliado de la Gran Bretaña, y no obedecía la orden de bloqueo naval y comercial contra el Reino Unido dictada por Napoleón, lo que provocaba un problema a la estrategia francesa de aislamiento de su principal enemigo.

Portugal no daba muestras de obedecer a la dictadura napoleónica, y la monarquía y los gobernantes españoles dieron muestras de una gran tibieza e indecisión pese a su teórica alianza con Francia, probablemente por miedo a las ansias republicanas de una parte de su población y a jugar un poco a ambos bandos con cierto miedo de quien acabara ganando la pugna a nivel europeo.

En España, la situación es de pugna política por el poder entre Carlos IV y su hijo Fernando (el futuro Fernando VII), así como el valido Godoy.

Estalla un motín en Aranjuez de protesta contra los movimientos de Godoy y, a resultas de este, Napoleón ve la oportunidad de apartar a la casa real española, aprovechando que sus tropas estacionadas en España ya controlan ciudades vitales y comunicaciones, ante el espanto de los militares españoles (que ven venir la invasión), y la inacción de la clase política.

En las Abdicaciones de Bayona, Napoleón obligó a Carlos IV y el príncipe Fernando a abdicar el uno en el otro y, de estos, en su hermano José Bonaparte, coronado como Rey de España.

Obviamente, la maniobra no iba a ser aceptada por buena parte de la nobleza y sectores pudientes de la sociedad española, el ejército y el pueblo llano. La guerra estaba servida.

La mecha prendió el 2 de mayo de 1808 en Madrid, con el pueblo sublevandose masivamente contra las autoridades francesas de ocupación.

La noticia del levantamiento, así como de su posterior represión, corrió como la pólvora, provocando a su vez levantamientos y algaradas contra los invasores franceses en otras partes del país.

Los “sublevados” (desde la óptica francesa; para los españoles son patriotas) se hacen con el control de diversas ciudades y regiones, dispersas en el mapa, lo que condiciona la evolución posterior de la guerra. Ejemplos de esta situación serán los sitios de Zaragoza o Gerona.

Para controlar la situación en las diseminadas zonas controladas por los sublevados, se forman en ellas juntas de defensa.

Inicialmente, el principal territorio controlado por los sublevados es el sur de la península, la región de Andalucía, donde en muchos pueblos y ciudades se foragita al invasor, aunque la primera derrota importante de las fuerzas galas se produce en el puerto del Bruch, en Cataluña.

La guerra en España estará marcada por un conflicto regular entre tropas españolas y británicas contra las francesas, y una guerra de guerrillas por parte de patriotas españoles irregulares contra las tropas francesas.

Esto provocará un quebradero de cabeza logístico para las fuerzas galas, ya que debían divertir numerosas fuerzas para luchar contra el enemigo tras las líneas de frente.

En Bailén, las fuerzas regulares españolas y milicianos se anotan el mérito de ser las primeras en derrotar al ejército napoleónico en campo abierto.

Toda esta situación provocó un repliegue estratégico de las tropas napoleónicas en dirección hacia el norte de la península, un espacio que podían controlar mejor, para posteriormente recibir refuerzos y descender nuevamente conquistando todo el territorio.

Es en diciembre de 1808 cuando Napoleón entra en España con un ejército compuesto por un cuarto de millón de hombres.

con ímpetu renovado, los ejércitos imperiales actúan como un rodillo, entrando primero en Madrid y recuperando posteriormente Andalucía.

En enero de 1809 la faena parecía “rematada” por los franceses, marchando Napoleón para preparar su nuevo enfrentamiento con Austria, que le había declarado la guerra. Las tropas galas se preparaban para perseguir los restos del cuerpo expedicionario británico y entrar en Portugal.

Pero, nuevamente, fue el pueblo español el que provocó problemas al ejército imperial, protagonizando levantamientos en varios sitios y manteniendo una guerra de guerrillas que provocaba un desgaste constante a los imperiales.

En 1810 Napoleón concede la independencia a la región de Cataluña, dotándola de un gobierno tutelado por Francia.

Pasa a ser de esta forma una suerte de protectorado. El emperador busca así dividir a los españoles, dándole la independencia a una región que, históricamente, no había estado directamente bajo el dominio de Castilla hasta un siglo antes. España es un estado compuesto por varias naciones, Napoleón lo sabe y busca explotarlo.

Con lo que no cuenta Napoleón, es que en Cataluña se resistirán a su idea. De esta forma, en 1812, Cataluña pasa a formar directamente parte del Imperio Francés, siendo dividida en cuatro departamentos.

En 1812, y en la batalla de Arapiles, las tornas cambian definitivamente, y las tropas aliadas formados por españoles, portugueses y británicos, derrotan a los franceses.

A partir de aquí, los franceses pelearon a la retirada, empezando por perder Andalucía. El rey puesto a dedo por Napoleón, su propio hermano José, abandonó Madrid.

La guerra no acabó aquí, puesto que coordinandose con las demás potencias continentales, los aliados continuaron empujando a los franceses hacia el norte, luchando en el sur de la propia Francia.

España, junto a Rusia, había sellado el destino de Napoleón y el Imperio Francés.

Foto: Fotolia - Archivist / eugenesergeev

 
 
 
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