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Guerra de las Galias - Definición, Concepto y Qué es

Es uno de los conflictos más famosos y estudiados de la antigüedad, y fue el escenario donde empezó a fraguarse la leyenda de un general y político romano cuya huella todavía hoy podemos ver patente en nuestra sociedad: la de Julio César. Fue la Guerra de las Galias.

La Guerra de las Galias fue el conflicto armado que enfrentó por un lado a la República Romana representada por Julio César y, del otro, una coalición de tribus galas (celtas) lideradas por el caudillo Vercingetorix.

No obstante, bien podríamos hablar de un enfrentamiento entre César personalmente, aprovechándose de su cargo como gobernador de las dos provincias galas, la Transalpina y la Cisalpina, y la coalición gala.

Las arcas de Julio César estaban vacías y el dirigente en deuda, tras haber gastado más de los que tenía para potenciar su carrera política hasta el consulado; esto era una práctica común entre la clase política romana, ya que sabían que los mismos mandos obtenidos, o los posteriores, les permitirían no solo pagar sus deudas, sino también enriquecerse.

Muchas de estas prácticas serían hoy consideradas como corrupción pura y simple.

Tras el consulado, César consiguió el gobierno de las provincias de la Gala Cisalpina y la Iliria, a las cuales añadió la Galia Transalpina cuando el gobernador de esta última murió inesperadamente antes incluso de poder salir hacia dicha provincia.

El riesgo de enfrentamiento armado en la zona era alto, y el Senado romano así lo sabía; el nombramiento de César no era, pues, gratuito.

Los galos, a su vez, se encontraban presionados por las tribus germanas, lo que les llevaba a acercarse peligrosamente a territorio romano.

El fuego lo abrieron los Helvecios, una tribu muy poderosa, que decidió realizar, en el 58 a.C. una migración masiva sobre territorio romano.

Antes, los Helvecios buscaron alianzas con varias otras tribus galas. Los romanos también contaban con aliados entre las tribus galas, y algunas ya habían empezado a ser romanizadas, esto es, a adoptar la cultura romana fusionándola con la suya propia y con sus costumbres.

Los Helvecios habían llegado a la región donde actualmente se encuentra la ciudad de Ginebra, e intentaron forzar el paso del río Ródano.

Sus intentos fueron rechazados, así que buscaron una ruta alternativa. Dejando a una legión fortificada vigilando este paso, César reclutó dos legiones que sumó a las otras tres de las cuatro que tenía bajo su mando, y se lanzó en persecución de los Helvecios.

Mucho han discutido los historiadores si este movimiento correspondía a una estrategia real para parar a dicha tribu, o bien César estaba provocando un conflicto de mayor envergadura para beneficio propio.

La tribu Helvecia pasó por tierras de diversas otras tribus galas, algunas veces de forma pactada y pacífica, y otras arrasando y saqueando. Las tribus afectadas por estos saqueos, impotentes, solicitaron ayuda a los romanos que perseguían a los Helvecios.

Dumnorix, de la tribu de los Eduos, dificultó a posta la llegada de suministros a las tropas romanas, lo que llevó a que la situación se invirtiera, situando a los romanos en la posición de perseguidos, y a los Helvecios como perseguidores.

Así que los romanos decidieron eliminar de la partida a los Eduos, atacando el oppidum de Bibracte.

En dicha batalla, los romanos aplastaron a los Helvecios, obligando a los supervivientes a volver a su territorio.

A partir de aquí, los galos aliados de Roma solicitaron ayuda a César para combatir la amenaza sueva.

Los Suevos eran una tribu germánica que habían penetrado en la Galia como mercenarios, y que estaban provocando disturbios. César buscó el enfrentamiento con ellos declarándose amigo y aliado de los galos.

Cerca de la ciudad fortificada de Vesontio (perteneciente a la tribu de los Secuanos), César libró una batalla exitosa contra los suevos comandados por Ariovisto, que arrojó como resultado que los suevos que quedaban al otro lado del Rin rehusaron traspasarlo para continuar con su invasión de la Galia.

El siguiente conflicto fue con los belgas.

Esta tribu había atacado a galos aliados de Roma, por lo que Julio César intervino con sus legiones, derrotando a los belgas, aunque a punto estuvo de perder.

A partir de aquí, y en el 56 a.C, César lanzó una campaña contra la tribu de los Vénetos, en la costa atlántica de la actual Francia.

Esta era una tribu que moraba en la península de Armórica (donde Uderzo y Goscinny sitúan las aventuras de Astérix...), en Bretaña, y cuya potencia residía en su flota, lo que llevó a los romanos a tener que construir otra y atacarlos por tierra y mar.

Tras vencerlos, César se giraría otra vez hacia los germanos...

En esta ocasión, eran las tribus de los Usipetes y los Tencteros que realizaban una migración masiva sobre territorio galo, y a los que las legiones del futuro dictador cortaron el paso.

Como con los Helvecios y en tantos otros casos del mundo antiguo, los romanos utilizaron el accidente natural proporcionado por un río para frenar el avance de los germanos y adoptar posiciones defensivas, en este caso el Mosa.

Nuevamente, el general romano conquistó la victoria, poniendo en fuga a los supervivientes de ambas tribus.

Para conjurar definitivamente el peligro germano, César decidió realizar una expedición punitiva a su territorio.

Así que, construyendo un puente sobre el Rin, penetró en Germania con varias legiones, pero no llegó a entablar batalla pues las diferentes tribus germanas fronterizas la rehuyeron, escarmentadas por los fracasos de las incursiones anteriores dentro de la Galia.

En el 55 a.C, César realizaba una incursión en Britania (la actual Inglaterra).

No obstante, en este caso no pudo -o no supo- consolidar la conquista, y tuvo que retirarse al año siguiente.

Eso sí, las campañas contra los galos y el haber llegado a vencer a los exóticos britanos en su propio suelo, le granjearon a César una gran fama en Roma.

Lo que no se esperaba el político romano era que a su vuelta a la Galia...

Hastiados del dominio romano, los galos habían tramado revueltas contra los ocupantes. los primeros fueron los Eburones.

Estos eran una tribu belga que, en el momento de rebelarse, pudieron aniquilar a los tropas romanas de la región, pero que fueron rápidamente sofocados por César al mando de las legiones que habían regresado.

Es, tras esta campaña, que empieza el episodio más épico y conocido de la Guerra de las Galias, y que todo el mundo asocia con este conflicto: el levantamiento de Vercingetorix.

Vercingetorix era un caudillo galo de la tribu de los Arvernos, que en el 52 a.C. consiguió unir bajo su mando a las tribus galas para enfrentarse contra César.

Sólo una se negó inicialmente a formar parte de la alianza de tribus contra los romanos, los Eduos, aunque más adelante se cambiarían de bando.

Vercingetorix decidió utilizar una táctica de levantamiento simultáneo en toda la Galia, unida a una política de “tierra quemada”, consistente en destruir todo lo que podía servir a los romanos (como los suministros) a su paso, de forma que las tropas enemigas pronto sufran carestía de todo, empezando por la comida.

Esa misma táctica sería empleada, con posterioridad, en varias guerras, especialmente en el frente del este en la URSS en pleno avance del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

La suerte de César fue que los Bituriges, una de las tribus galas revoltadas, se negaron a quemar su capital, que fue tomada por las tropas del general romano.

Esto supuso un duro golpe para los galos, que eran conocedores de la superioridad táctica y estratégica romana, y que esperaban forzarlos a retirarse para poder acometerlos en su propio territorio.

Vercingetorix se se retiró, entonces, con sus tropas hacia Gergovia, la capital de los Arvernos.

Gergovia constituiría una victoria moral para los galos, aunque en realidad fue más un “empate técnico”. Gergovia conduciría directamente al final de la contienda: el sitio de Alesia.

Tras no poder tomar Gergovia, salvada por sus murallas (y la acción descoordinada de las fuerzas romanas), César se lanzó en pos del ejército galo, produciéndose algunas refriegas en el curso de la persecución.

Vercingetorix pensó que Alesia (capital de los Mandubios) le permitiría defenderse como en Gergovia. Pero las tropas romanas había aprendido de sus errores y, bajo las órdenes de César, construyeron una doble empalizada alrededor de la ciudad fortificada.

La empalizada interior rodeaba Alesia e impedía el escape de los rodeados, mientras que la exterior protegía a las legiones de César del ataque de fuerzas galas desde el exterior.

La situación dentro de Alesia pronto llegó a un punto insostenible; bajo las órdenes de Vercingetorix, los asediados echaron a las mujeres, los niños y quienes no podían luchar, de la fortaleza, con la intención de que estos fueran salvados por César a costa de los pertrechos de las legiones.

Pero los romanos no cayeron en la trampa, quedando los seres más indefensos en tierra de nadie entre las murallas de Alesia y la empalizada interior romana.

Los romanos recibieron el ataque de las fuerzas galas en el exterior, aunque pudieron resistir bien gracias a los campamentos auxiliares que habían habilitado a lo largo de su perímetro.

Viéndose vencido, Vercingetorix decidió rendirse. La última esperanza gala de libertad acabó en Alesia.

Los dos años siguientes, las tropas de César los pasaron realizando operaciones de “limpieza” de rebeliones menores y reductos de resistencia.

Vercingetorix fue llevado como prisionero de guerra a Roma, participando, cinco años después, en el desfile triunfal de César, tras lo cual fue ajusticiado por el método del estrangulamiento en la prisión del Tullianum.

La Guerra de las Galias marcaba el principio del fin de la civilización celta en la actual Francia, dando comienzo a la fusión cultural con la civilización romana.

Fotos: Fotolia. Erica Guilane-Nachez / Jay

 
 
 
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