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Qué es Guerra de Desgaste

En muchos conflictos a lo largo de la historia ha habido momentos en los que la resistencia y la capacidad de recuperarse de las pérdidas manteniendo la posición y provocando pérdidas irreparables al enemigo, ha podido más que la capacidad de ataque.

En este tipo de conflictos, llamados guerra de desgaste, gana quien consigue aguantar durante más tiempo.

Una guerra de desgaste es un tipo de conflicto bélico en el que, como su nombre indica, se busca desgastar las fuerzas enemigas conservando las propias, basando la victoria en las mismas pérdidas del otro, en el derrumbamiento de su economía o de la moral de combate de su población.

Un buen ejemplo de guerra de desgaste y que, precisamente, lleva ese mismo nombre (Guerra de Desgaste) fue la librada entre Israel y Egipto desde 1967 a 1970.

Este conflicto, librado mediante intercambios artilleros y pequeñas acciones (golpes de mano) se basaba en la dificultad israelí para reponer las fuerzas perdidas.

Mientras la población egipcia era grande, la formación militar relativamente escasa, y los reservistas podían suplir perfectamente las pérdidas, la tasa de natalidad en Israel era sustancialmente menor para un país ya con una población numéricamente inferior a la de su principal enemigo árabe, por lo que el líder egipcio Nasser esperaba poder colapsar tanto el ejército como la economía israelíes.

El resultado final de la contienda fue un empate técnico, aunque ambos bandos se declararon victoriosos (cada uno por sus razones), quedando ambos ejércitos en las mismas líneas de demarcación de las cuales partían.

La Primera Guerra Mundial también puede ser considerado un caso de conflicto armado de desgaste.

Aunque técnicamente sería una guerra de posiciones en las cuales se realizaban grandes ofensivas para tomar las del enemigo, tiene también aspectos de guerra de desgaste, puesto que entre ataque y ataque, los bombardeos de artillería, así como otras acciones ofensivas, buscaban desgastar a las fuerzas enemigas manteniendo las propias a salvo.

El bando que se lanza a realizar una guerra de desgaste debe estar muy seguro de su posición para hacerlo.

Pues para tener éxito en este tipo de conflicto, hay que paliar las bajas propias con mayor rapidez que las del enemigo, además de tener una economía que pueda sostener el conflicto durante mucho tiempo (es un tipo de guerra que acostumbra a alargarse en el tiempo) y contar con una moral de guerra de las propias fuerzas y de la población civil que puedan aguantar un degoteo prolongado de bajas y las penurias económicas derivadas del estado de guerra.

Hay que contar con que el enemigo sufrirá lo mismo y más, ya que si se practica este tipo de conflicto es porque el otro bando sufre una escasez de efectivos o no puede aguantar el conflicto a nivel económico durante mucho tiempo.

La guerra de desgaste ha existido desde el principio de los tiempos.

Un buen ejemplo de ello es la táctica empleada por el dictador romano Fabio Máximo (y que recibiría el nombre entre sus compatriotas de “táctica fabiana”, aunque no en un sentido positivo) para vencer a Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica, evitando las batallas campales y forzando el desgaste de su ejército mediante una política de tierra quemada.

Las invasiones de Napoleón y Hitler a Rusia y la URSS respectivamente, así como la Guerra de Vietnam, también pueden tomarse como un conflicto de este tipo.

Foto: Fotolia - nuvolanevicata

 
 
 
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