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Definición de Guerra del Chaco

Se la considera la conflagración bélica de mayor importancia de todo el siglo XX en el continente suramericano, y tuvo una duración de casi tres años, terminando con una redefinición de las fronteras entre dos países.

La Guerra del Chaco fue un conflicto armado librado por Bolivia y Paraguay entre el 9 de septiembre de 1932, y el 12 de junio de 1935, por el control de la región denominada Chaco Boreal (de ahí el nombre de la guerra).

El Chaco Boreal había sido uno de los últimos territorios reclamados por ambos países, que no se acababan de poner de acuerdo para fijar sus límites territoriales en él, y del que Paraguay tenía la mayor parte, la cual interesaba a Bolivia.

Es básicamente una planicie con montañas muy suaves (no mucho más de un millar de metros) y vegetación densa, lo que dificulta los movimientos de grandes fuerzas y es más propenso al uso de unidades de pequeño tamaño.

Pese a que la teórica superioridad en el conflicto correspondía a Bolivia, con una población que superaba en un factor de 3 o 4 a 1 a la paraguaya y, por lo tanto, un ejército también mayor.

Además de más pequeña, la República del Paraguay eran también más pobre económicamente hablando que su contendiente.

La doctrina boliviana se había estancado en los ataques frontales masivos, propios de la Primera Guerra Mundial, frente a una doctrina paraguaya que se basaba más en rebasar los flancos enemigos para rodearlos.

A la postre, la táctica paraguay funcionaría mejor, permitiendo a su ejército, más pequeño en efectivos y con menores recursos, combatir eficazmente las defensas fijas bolivianas.

Un terreno difícil y unos medios escasos, dificultaron las líneas de suministros y la logística para ambos bandos durante todo el conflicto, y la mala planificación, insalubridad, falta de comida y medicinas (en referencia a las dificultades logísticas) fueron el principal enemigo a batir por las tropas, más incluso que el enemigo en determinados momentos.

Otro factor decisivo en favor de Paraguay fue un trato más directo entre tropa y oficialidad, y un ejército más cohesionado que el de su enemigo, lo que a la postre lo hizo más efectivo y le permitió reducir las diferencias de material y efectivos.

El casus belli utilizado fue la recuperación, por parte de tropas paraguayas, del territorio controlado por el fortín Carlos Antonio López al borde de la laguna Pitiantuta, que les había sido arrebatado por el ejército boliviano pocos meses antes.

Bajo órdenes directas del presidente boliviano Daniel Salamanca, los altos mandos bolivianos respondieron a este incidente con la ocupación de otros fuertes paraguayos, mientras su delegación se retiraba de la conferencia que se estaba celebrando en Washington para esclarecer los límites territoriales de ambas naciones en la zona.

El gobierno boliviano presionó la respuesta militar, y Paraguay se vio abocado a enfrentarse a su vecino con las armas.

La primera batalla de entidad de la guerra fue el cerco de Boquerón, provocado por la imposibilidad de tomarlo por parte de las fuerzas paraguayas, que optaron por aislar la población y evitar la llegada de refuerzos bolivianos.

El tipo de guerra que se libró fue más deutora a las tácticas y estrategias empleadas durante la Primera Guerra Mundial, que no a las ideas que prevaldrían en la Segunda, aunque pocas opciones había, puesto que no había material suficiente para practicar una guerra motorizada (apenas llegaban camiones, no digamos ya otros tipos de vehículos), ni los mandos de uno u otro ejército habían sido formados convenientemente.

Paraguay volcó en la ofensiva contra Boquerón todo su ejército, una eventualidad que no habían previsto los mandos bolivianos, los cuales solamente habían decretado una movilización parcial.

Esto igualó las cosas entre ambos bandos y, finalmente, permitió al ejército paraguayo hacerse con Boquerón. No acabó aquí la ofensiva paraguaya.

Decididos a explotar la ventaja obtenida privando al ejército boliviano de descanso y reorganización, los generales paraguayos decidieron proseguir la ofensiva avanzando hacia el fortín Arce.

Esta y las demás fortificaciones que la protegían, cayeron de forma fácil entre el 8 y el 22 de octubre del 32, haciéndose los paraguayos con numerosos prisioneros y, de forma interesante, varios oficiales bolivianos apresados.

La ofensiva paraguaya fue frenada a pocos kilómetros del fortín Saavedra y, entonces, el mando del ejército boliviano fue entregado a Hans Kundt, un oficial alemán que había llegado a obtener el grado de general en el ejército boliviano.

Kundt había llegado a Bolivia a principios de la década de los 20 como parte de una delegación militar alemana enviada para entrenar al ejército boliviano, y se había quedado en el país, haciendo fortuna.

También se había implicado en la política boliviana, hasta el punto de tener que marcharse del país, siendo llamado debido al descalabro militar que Bolivia estaba sufriendo en la guerra. Para hacernos una idea de su implicación con Bolivia, recibió la nacionalidad boliviana, pero murió en el exilio en Suiza.

En enero de 1933, el ejército boliviano pasaba a la ofensiva atacando diversos fuertes en poder paraguayo.

El objetivo era recuperar territorio, pero el general Kundt, enfrentado a buena parte del estamento militar, y los intereses personales de los diversos mandos bolivianos, fracturaron el ejército e impidieron la acción conjunta, dificultando y en último término impidiendo el buen desempeño de las armas bolivianas.

El ataque al fortín Nanawa por parte de los bolivianos fracasó, y como los paraguayos no pudieron salir a la contraofensiva, el frente se estabilizó en aquella zona.

Las ganancias territoriales bolivianas fueron escasas en la ofensiva, forzando a los paraguayos a ceder algo de terreno, pero fue suficiente para persuadir a Kundt de que era necesario mantener la iniciativa en el campo de batalla.

Pese a disponer de superioridad material y en hombres (por ejemplo, dos secciones de tanques y apoyo aéreo), las tropas bolivianas fallaron en la coordinación de los ataques, estampándose contra las defensas paraguayas.

Mientras Kundt concentraba sus esfuerzos (y tropas) en Nanawa, el alto mando paraguayo decidió aprovechar para atacar por otro flanco, y así fue como apareció una división paraguaya en la retaguardia boliviana en Gondra.

Pese a que las fuerzas bolivianas pudieron evitar ser cercadas, quedaron en una posición delicada y expuesta, aunque los paraguayos no pudieron explotar el momento de superioridad por falta de hombres.

Con cierta rapidez, la iniciativa boliviana se fue evaporando, y esta volvió a pasar al campo paraguayo.

El contraataque paraguayo tuvo lugar en el fortín Alihuatá en septiembre del 33, y permitió destruir un par de regimientos bolivianos.

Era necesario un replanteamiento por parte boliviana, y con un ejército cansado, diezmado y de difícil avituallamiento, Kundt decidió pasar a la defensiva. El mérito del avance paraguayo recaía, por su parte, en el coronel Estigarribia, que sería ascendido a general.

Finales de 1933 vio una nueva ofensiva de las fuerzas paraguayas que ya tenían la medida tomada a sus enemigos: fijar a sus oponentes sobre el terreno, y desbordarlos por los flancos.

La rendición, en Campo Vía, de dos divisiones bolivianas no solamente suponía un duro revés para las armas de aquel país (Kundt sería destituido), sino que daban a Paraguay una gran cantidad de material y una moral de combate que les persuadía de obtener la victoria final.

El presidente paraguayo Eusebio Ayala propuso un armisticio que entró en vigor a finales de diciembre del 33, pues una agotada Bolivia lo aceptó de inmediato.

No obstante, la apuesta boliviana era ganar tiempo para montar un nuevo ejército, ya que había sufrido un 90% de bajas desde el principio de la guerra. No obstante, era una jugada a la desesperada: tropas bisoñas y en absoluto motivadas, lo que ya había provocado deserciones masivas (el número de desertores del ejército suponía cerca de un 10% de las bajas bolivianas hasta la fecha), equipados de forma deficiente, y con una logística y apoyo sobre el terreno que no podían cubrir ni una parte de las necesidades de la tropa, tanto militares como materiales.

A finales del 34, el ejército paraguayo se lanzó sobre las posiciones bolivianas, seguro de la victoria, aún contando que esta no sería fácil.

Los primeros encontronazos entre ambos ejércitos dieron el mismo resultado: avances paraguayos, y humillantes derrotas bolivianas.

Aunque la batalla de la Cañada Strongest cambió la suerte de las armas, deparando una victoria boliviana que levantó temporalmente los ánimos. En Bolivia, la situación política era crítica para el presidente Salamanca, y el resultado de esta batalla tampoco pasó la iniciativa al bando boliviano, aunque le dió un respiro momentáneo.

La batalla de El Carmen, que tuvo lugar en noviembre de 1934, fue otra maniobra de cerco de las tropas bolivianas por parte de las paraguayas, magistralmente ejecutada por Estigarribia, lo que llevó a la rendición de numerosas unidades bolivianas totalmente desmoralizadas, y a la captura de un importante parque de material y municiones.

No obstante, siempre escaso en medios y hombres, el ejército paraguayo no pudo rematar al boliviano.

A principios del 35, Bolivia había levantado un tercer ejército en leva, todavía más numeroso que el anterior. Pero fue inútil: la derrota estaba anunciada de antemano, y las acciones ofensivas bolivianas fueron contestadas por el ejército paraguayo con gran eficacia.

Finalmente, el gobierno boliviano aceptó la mano extendida de paz que le había venido ofreciendo el gobierno paraguayo, que acababa así un conflicto que no había querido, y que pese a la victoria, se estaba costeando su precio económico para un país pobre.

La Guerra del Chaco es un perfecto ejemplo de cómo una tropa inferior en número y recursos, pero motivada, uniforme, bien dirigida y, sobretodo, consciente de sus limitaciones sobre el terreno y que emplea una táctica que permite superarlas, es capaz de vencer a una fuerza teóricamente superior.

La moral de combate, la mayor implicación de la oficialidad con su tropa, una mayor formación en tácticas de guerra modernas, y un mando eficaz, permitieron al ejército paraguayo superar sus flaquezas e infligir una dura derrota a Bolivia.

En el tratado de paz, finalmente Paraguay renunció a algunas de las tierras conquistadas, una política que hoy se conocería como “paz a cambio de territorios” (lo que se ha intentado implementar entre Israel y Palestina, con escaso éxito).

El acuerdo definitivo de fijación de límites en El Chaco fue firmado solamente en 2009, 74 años después del fin de la guerra.

Fotos: Fotolia - Laufer / Philippe Leridon

 
 
 
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