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Definición de Guerra Austro-Prusiana

Aunque empiece por desvelar el final de la contienda (que, con lógica, es de sobras conocido por todos), la derrota austríaca provocó que dicho país se volcara en su imperio balcánico abandonando la idea de unificación alemana bajo su mando, lo que dejó vía libre a Prusia para llevar las riendas de la unificación alemana y, según algunos historiadores, también al gran militarismo de la sociedad germana que Europa y el mundo sufrirían hasta la Segunda Guerra Mundial.

La Guerra austro-prusiana fue un conflicto bélico acaecido entre el 14 de junio y el 23 de agosto de 1866 entre dos coaliciones alemanas: una liderada por Austria, y otra por Prusia.

Esta contienda debe situarse en el marco del largo proceso de unificación alemana. Desde mucho tiempo atrás, el país germano era un fragmentado mosaico de pequeñas naciones que tenían en común la lengua y la cultura, pero que políticamente podían rivalizar o llegar a acuerdos, según la conveniencia de sus mandatarios.

Este panorama era el caldo de cultivo adecuado para que potencias extranjeras, como Francia, metieran las narices en la región, a la par que la lengua y cultura comunes diesen lugar a movimientos favorables a una unidad germana también en lo político.

Tras las guerras napoleónicas, dos de los países vencedores de aquel conflicto empezaron a rivalizar por el control del proceso de reunificación de Alemania: Austria y Prusia.

Ambos países habían luchado juntos en la guerra de los ducados contra Dinamarca, pero la confrontación se veía inminente, pues sus intereses en la Confederación Germana chocaban de pleno.

En previsión del futuro enfrentamiento, el canciller prusiano Otto von Bismarck (figura de gran visión política) se acercó a la Francia de Napoleón III, enemiga histórica de Austria, para garantizar que se mantendría al margen, y a la Italia que también se estaba unificando y con la que Prusia compartía enemistad respecto a Austria (este último país tenía el Véneto y la costa dálmata, que los italianos reclamaban como suyas).

Napoleón II confiaba que tanto Prusia como Austria saldrían debilitadas de la guerra, lo que reforzaría su influencia en la esfera germana. Por su parte, Bismarck también consiguió la neutralidad del Imperio Ruso.

Para provocar la guerra, Prusia entorpeció deliberadamente la administración austríaca del ducado de Holstein.

El gobierno austríaco se quejó a la Dieta de Francfort, en la que varios estados alemanes apoyaron la reclamación austríaca, ante el inmovilismo prusiano. La guerra estaba servida.

Austria declaró la guerra a Prusia el 14 de junio de 1866.

La capacidad militar prusiana era superior, puesto que el país estaba fuertemente militarizado, al contrario que Austria, un país con un potente ejército pero que no estaba tan militarizado como Prusia.

Prusia fue la primera en asestar el golpe, atacando e invadiendo los estados vecinos al norte de Austria aliados de esta última, algo contra lo que los austríacos no pudieron reaccionar.

Hanóver, único estado aliado de Austria al norte de Alemania, fue derrotado rápidamente por Prusia, lo que permitía a esta última trasladar la mayor parte de las tropas al sur para enfrentarse directamente a los austríacos.

Mientras, y fruto de la alianza, los italianos también entraron en liza atacando las posesiones austríacas en el Véneto.

Aunque el ataque italiano tendría poca repercusión, entretendría un buen número de tropas austríacas y, a la postre, colaboraría a la victoria final de Prusia, pavimentando también la ruta a que Italia consiguiera la integración a su reino de parte de los territorios austríacos del Véneto, aunque no de toda la extensión que pretendía Garibaldi.

Mientras, en el norte, y antes de que Austria pudiera movilizar a todas sus tropas, a finales de junio las fuerzas Prusianas prácticamente arrasaban Baviera (aliada de los austríacos) y entraban en Austria. Se acercaba el enfrentamiento definitivo.

Sadowa fue la batalla decisiva de la confrontación, el Waterloo austríaco que selló la suerte de la guerra favorable a Prusia.

Sobre el campo de batalla de Sadowa (actual Hradec Králové, República Checa) se desplegaron unos 140.000 soldados austríacos y unos 115.000 prusianos y sajones (aliados de los prusianos).

En este enfrentamiento hubo errores tácticos por parte de ambos bandos, pero al final los prusianos tuvieron mayor acierto a la hora de replegarse y contraatacar, con lo que ante la retirada austríaca acabaron quedando amos y señores del campo de batalla.

Una de las consecuencias fue que las pérdidas austríacas fueron muy superiores a las prusianas, quedando el ejército austríaco severamente diezmado. A partir de Sadowa, por parte de Austria ya solo tenía sentido la resistencia a ultranza, olvidando prácticamente cualquier posibilidad de ataque.

Prusia quedaba con las manos libres para campar por los territorios austríacos, y todavía esperaba poder recibir refuerzos procedentes del norte.

Todas estas circunstancias llevaron a Austria a buscar una salida negociada.

Una vez firmado el armisticio, Italia también cesó las hostilidades contra Austria, pues con su ejército muy mermado por el esfuerzo de la guerra, y tras haber sufrido varias derrotas, los generales italianos no se veían con capacidad para mantener la guerra contra el enemigo austríaco de forma favorable a sus armas.

Los territorios reclamados a Italia fueron entregados a esta por los austríacos mediante el tratado de paz definitivo, cumpliendo con ello Prusia su promesa de respaldar la incorporación del Véneto al país.

La Confederación Germánica también fue disuelta y se creó una nueva entidad, la Confederación Alemana del Norte, liderada por Prusia, que pasaba a liderar el esfuerzo unificador alemán.

Frente a esta potencia quedaba solamente Francia, a la cual Prusia derrotaría en 1870.

Pero esta, ya es otra historia...

 
 
 
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