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Definición de Guardia Pretoriana

En varios imperios históricos encontramos el caso de un cuerpo militar de élite que, en momentos puntuales o en periodos más o menos largos, decidió la suerte política del imperio al poner y quitar soberanos según sus intereses, como el caso de los Jenízaros en el Imperio Otomano.

Pero, sin lugar a dudas, el cuerpo militar más poderoso y seductor es la Guardia Pretoriana romana, hasta tal punto que hablar del término “guardia pretoriana” de forma genérica, designa a un grupo de guardaespaldas o personas próximas a un líder, y que ostentan un notable poder, generalmente no oficial, si no en la sombra.

La Guardia Pretoriana fue el cuerpo de élite del ejército romano encargado de la protección del emperador, fundada por Augusto alrededor del 26 a.C.

Pero la Guardia Pretoriana no nacía entonces, si no que esta era la transformación que nos legaría la imagen de la Guardia que tenemos hoy como un poderoso cuerpo de élite ligado directamente al poder.

Inicialmente, la Guardia Pretoriana era la guardia de corps (los guardaespaldas) de los generales romanos en época republicana. Su nombre venía dado porque acampaban alrededor de la tienda del general, el praetor del ejército.

Una de las primeras menciones que tenemos de dicho tipo de guardia de corps la relaciona con Publio Cornelio Escipión Emiliano en el 146 a.C, cuando dicho general asedia Numancia.

La práctica política en Roma, que iba inextricablemente unida a ejercer cargos tanto civiles como militares, y la belicosidad tanto de la ciudadanía como de los rivales políticos, hacían necesario disponer de una escolta si uno quería dedicarse a la política.

Así, todos los generales (que a la postre acababan dedicándose también a la política) dispusieron de su propia guardia pretoriana, que les servía en campaña también como tropa de élite además de como defensa personal, y en la paz para protegerse de las agresiones de la plebe y los intentos de asesinato de sus rivales.

Fue el primer emperador, Augusto, quien se dió cuenta del valor político de la Guardia Pretoriana, así que la institucionalizó como tal.

Augusto reclutó de entre los mejores soldados de las legiones, y dotó a la Guardia de un cuartel en roma (el castra praetoria, del cual todavía pueden verse restos en Roma y que da nombre a un barrio entero de la ciudad).

Al principio, la Guardia Pretoriana fue un cuerpo puramente militar y de escolta del emperador. Tenían la mejor preparación entre las tropas del Imperio, eran los mejor pagados (hasta el triple que un soldado normal, que ya era bien remunerado si cobraba lo estipulado regularmente), y contaban con los uniformes más vistosos, además de que servir en los pretorianos daba prestigio.

Por ejemplo, su escudo era ovalado, diferenciándose del rectangular de las tropas regulares, mientras que su armadura, más trabajada, era más fina pero más resistente que la de las tropas de a pié.

La influencia política de los pretorianos empieza con el reinado de Tiberio, el sucesor de Augusto, y con el prefecto Sejano. Fue este quien consolidó a la Guardia como un cuerpo muy influyente que extendía sus tentáculos más allá de la protección del emperador.

Sejano fue influyente hasta tal punto que llegó a ejercer de emperador en la sombra, después de librarse de rivales políticos por las malas, como el hijo del propio Tiberio, Druso el Joven, al que hizo asesinar en el 23 d.C, o a Agripina y sus dos hijos, a quienes consiguió exiliar y matar por inanición en el 30 d.C.

El objetivo de Sejano era convertirse en heredero del emperador, cosa que casi consiguió cuando Tiberio se retiró a la isla de Capri, antes de caer en desgracia en el 31 d.C. y ser juzgado y ejecutado.

Pese a su muerte, la obra de Sejano con la Guardia Pretoriana le sobrevivió; el cuerpo, probablemente utilizado para la consecución de sus fines personales, emergió del reinado de Tiberio como una poderosa e influyente fuerza política, en la que a partir de Calígula (sucesor de Tiberio) se apoyarían en mayor o menor medida todos los emperadores.

Fue precisamente Calígula el primer emperador depuesto por la Guardia Pretoriana, y su sucesor, Claudio, el primero en ser puesto en su trono por la misma.

A partir de aquí, la Guardia Pretoriana se vió constantemente envuelta en política, pero no abandonó su papel militar; el emperador Vitelio, en el año 69 d.C, aumentaba su número de efectivos hasta los 16.000, buena parte de ellos acantonados en el limes (frontera) con Germania, y a partir del siglo II se le añadiría caballería.

Como buena prueba de su poder e influencia, en el año 193 asesinaron al emperador Pertinax (sucesor de Cómodo), el cual había querido meterlos en vereda reformando su estamento, y una vez muerto, subastaron el título de emperador, que consiguió Didio Juliano.

No obstante, el mismo proceso (que acabó con Septimio Severo haciéndose con el trono) demostró que tras más de siglo y medio manejando el poder, la Guardia Pretoriana había perdido mucho poderío militar, aunque todavía sería influyente.

De hecho, en 217, el prefecto del pretorio Macrino lideró el complot que acabó con el asesinato del emperador Caracalla sólo para proclamarse él mismo emperador.

La decadencia de la Guardia Pretoriana empezó en el 284, cuando Diocleciano trasladó la sede imperial a Bizancio, y aprovechó para cambiar el rol de los pretorianos.

Estos se vieron desplazados del centro de poder y, por ende, de los resortes que les permitían manejarlo.

El punto y final para la Guardia Pretoriana fue su apoyo al pretendiente al trono Majencio y la derrota de este por Constantino (futuro Constantino I el Grande) el 28 de octubre del 312 en la Batalla del Puente Milvio en Roma.

Constantino no quiso reutilizar a los pretorianos ni reinventar el cuerpo de la Guardia Pretoriana, si no que este fue disuelto y los supervivientes de la batalla fueron licenciados.

Terminaba la historia de la Guardia Pretoriana, pero no su leyenda, que ya había dado comienzo mucho antes, con Sejano, y que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Fotos Fotolia: Shellystill / Pavel Bortel

 
 
 
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