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Definición de La Gran Depresión

El 29 de octubre de 1929 el mundo se hundía. Bueno, no todo, pero sí una buena parte, por lo menos aquella que empezaba a globalizarse y a implicarse profundamente con el modelo capitalista de economía.

Aquel día, bautizado como martes negro, la bolsa de Nueva York se hundía, pese a que ya había dado signos cinco días antes (el jueves negro, que se había podido contener a duras penas), víctima de una serie de condiciones y fallos estructurales del sistema, que arrastraban al mundo a una crisis económica salvaje, con pocos precedentes en el mundo de la economía. Era la Gran Depresión.

La Gran Depresión fue el periodo que, abarcando desde octubre de 1929 hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, supuso una crisis económica que se dejó sentir globalmente, con mayor o menor intensidad según los países y, especialmente, en los Estados Unidos.

Fue una crisis de origen financiero, consecuencia de la euforia inversionista del periodo posterior a la Primera Guerra Mundial. Las potencias europeas habían perdido su hegemonía, la URSS estaba siendo aislada del mundo, y los Estados Unidos emergían como la nueva potencia, aunque todavía medio dormida y medio aislacionista, permitiéndose intervenir solamente en los asuntos del continente americano (lo cual ya era molesto para algunos países latinoamericanos...).

En este contexto, la economía americana pegó un salto cuantitativo hacia adelante que la propulsó al primer lugar del orden mundial. La inversión en bolsa se había hecho popular, y el crecimiento de los guarismos de las cotizaciones parecía no tener fin.

A ello hay que añadir que las economías de la mayoría de los países del mundo se interrelacionaban más estrechamente que antaño, con lo cual tenemos el escenario perfecto para que la caída del principal actor arrastrara a los demás.

El país cuyas imágenes de la gran depresión han quedado en el imaginario colectivo para la posteridad fueron los Estados Unidos

Allí la crisis se cebó con la población a todos los niveles, tanto en la ciudad, como en las industrias, pero también en el campo, en el ámbito rural.

No obstante, la crisis asestó un golpe global, y ello hizo que se resintiera mucho el comercio internacional.

Para salir de la crisis se necesitaban soluciones innovadoras, y estas llegaron de la mano del economista británico John Maynard Keynes.

Para simplificar, diremos que Keynes creía en la intervención pública en la economía para facilitar la circulación de dinero en tiempo de crisis con el objetivo de que los trabajadores gastaran y, con ello, infundieran vigor a la economía.

El sistema económico capitalista, basado en la oferta y la demanda, se veía así impulsado, ya que cuanto más dinero tienen las personas, más gastan, más ganan las empresas con ello, que pueden pagar mejor a sus trabajadores, los cuales, a su vez, completan el círculo gastando más.

De esta forma, la economía forma un círculo perfecto que se mueve continuamente.

En los Estados Unidos, las tesis keynesianas fueron adoptadas por el nuevo presidente Franklin Delano Roosevelt, elegido en 1933, quien resumió sus ideas para superar la crisis en el llamado New deal.

New deal significa “nuevo contrato”, y exactamente era eso: un nuevo contrato social entre el gobierno, el estado, y los ciudadanos. Y el nuevo contrato era más intervencionista por parte de la administración pública que antes, algo que en los Estados Unidos no gusta mucho (y que llevó a que los enemigos de Roosevelt lo llegaran a tildar de comunista).

Entre las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense había la financiación a particulares mediante créditos blandos, las ayudas sociales a los desempleados, el control de la empresa privada, y una fuerte regulación del sector financiero. También se invirtió en numerosas obras públicas.

La Gran Depresión fue una de las causas directas de la Segunda Guerra Mundial

La crisis económica se cebó especialmente con Alemania, y la actitud de los países vencedores del conflicto no ayudó a apaivagarla. Los desesperados germanos se convirtieron en el caldo de cultivo idóneo para que triunfaran las soluciones radicales, como el comunismo o el nazismo.

Muchos de los que votaron a Hitler para canciller, eran personas que se habían empobrecido hasta perderlo todo por culpa de la recesión económica, por lo que no tenían nada más a perder, y mucho a ganar si el führer cumplía su promesa de devolver el orgullo y la potencia económica a Alemania.

La economía de guerra y, sobretodo, las penurias de esta, hicieron pasar hoja de la Gran Depresión. Tras finalizar, en un mundo que había perdido parte de su población y que se lamía las heridas, la época de la Gran Depresión no era ya más que un lejano recuerdo. La reconstrucción, sanar las heridas y estar atentos a la Guerra Fría que ya asomaba, eran las principales preocupaciones del momento de posguerra.

 
 
 
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