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Definición de Galos

Probablemente, si los galos son famosos hoy en día es gracias al militar y político romano Julio César, a sus campañas militares en la Galia (actual Francia) y al libro que escribió narrándolas (De bello gallico, “La guerra de las galias” en latín). Y también, porqué no, a las aventuras de Astérix y Obélix, los galos más famosos entre nosotros, con permiso de Vercingetorix.

Los galos fueron un pueblo celta que habitó en la región de la Galia (territorio que coincide en gran medida con la actual Francia, además de Bélgica, y parte de Suiza y Alemania.

De hecho, los franceses actuales se consideran históricamente herederos -tanto culturales como “raciales”- de aquellos galos, sin que eso limite, para la historiografía oficial del país, la aportación de otros pueblos, como los francos.

De hecho, la denominación “galos” no es más que el nombre con el que los romanos conocieron a aquellos pueblos que los griegos denominaron “celtas”. Nosotros, actualmente, distinguimos como galos los que habitaron en la zona de la actual francia y adyacentes, Bélgica y al oeste del río Rin (que los separaba de los germanos), mientras que, como celtas, conocemos a los antiguos habitantes de las islas británicas y del norte de la península ibérica.

Antes de la conquista romana de la Península Italiana, también a los habitantes celtas del norte de lo que hoy es Italia se les conocía por galos.

Como celtas, los galos formaron una unidad cultural, pero no política.

Esto jugó en su contra y ayudó a los romanos a conquistar el mundo celta. E, incluso, a nivel cultural, los galos mostraban diferencias en regiones alejadas, algo normal si tenemos en cuenta que, en cualquier país (por pequeño que este sea), ya encontramos diferencias entre las gentes del norte y del sur, ya sea en el dialecto de un idioma común, como en tradiciones, fiestas, vestimenta tradicional...

Los romanos también vieron estas sutiles diferencias entre galos de diferentes regiones, dividiendo a su vez la Galia en varias regiones:


  • Galia Cisalpina. La correspondiente a la Península Itálica, antes de traspasar los Alpes en dirección a lo que hoy es Suiza o Francia.

  • Galia Transalpina. Una vez traspasados los Alpes, también llamada Galia comata o melenuda, por las largas melenas que se dejaban los galos.

  • Galia Bélgica, diferenciando con ello a las tribus de belgas del resto. ¿Tal vez por la influencia germana, próxima geográficamente?

  • Galia Aquitana donde, debido a influencias de otros pueblos (¿entre ellos tal vez los íberos?), los galos eran más “heterodoxos”.

La coexistencia de galos con romanos y germanos siempre nunca estuvo exenta de problemas.

A principios del siglo IV a.C, varias tribus galas cruzan los Alpes y se abalanzan sobre Italia. En el 390 a.C. sitian Roma y consiguen llegar a un acuerdo de rendición con los romanos, una derrota que estos últimos guardarán en su memoria colectiva y que vengarán siglos más tarde conquistando la Galia.

De este episodio es famosa la frase de Breno, el caudillo galo, vae victis (“ai de los vencidos” en latín) pronunciada al arrojar su espada sobre las balanzas de las cuales los romanos se quejaban de que estaban trucadas. Dichas balanzas pesaban el oro que ambas partes habían convenido que Roma pagaría por librarse de los galos.

La expansión de la República romana, primero por Italia y luego por todos los territorios que rodeaban el Mediterráneo fruto de las Guerras Púnicas, abrió el apetito romano por la Galia.

Los romanos consideraban a los celtas como bárbaros por sus costumbres, con especial repugnancia a los sacrificios humanos que estos hacían.

Dichos sacrificios, principalmente de prisioneros de guerra, se hacían en honor a los dioses, y formaron parte de la cultura celta desde sus inicios hasta sus días finales. Esta fue una práctica que sólo la irrupción del cristianismo en escena y la conversión de estos pueblos pudo detener.

Una vez conquistada la Galia y parte de Britania (las actuales Islas Británicas) por parte de los romanos, la cultura gala inició un declive, producto de su fusión con la cultura de los conquistadores.

Dicho proceso, llamado “romanización”, no sólo se produjo con los celtas de la Galia, sino también en otras partes del Imperio, como en la Península Ibérica, o en la misma Península Italiana, llevando en esta última a la desaparición de la cultura etrusca, asimilada por la romana.

Así pasó, por ejemplo, con el idioma; la lengua celta es la predecesora directa del gaélico moderno, que en diversas variantes se habla en la isla de Irlanda, Gales y Escocia, últimos territorios de pervivencia céltica. En Francia, en la zona de Bretaña, se habla una lengua celta, el Bretón.

Fuera de esto, el celta galo quedó prácticamente borrado, perviviendo solamente algunos pocos préstamos lingüísticos en el francés moderno, además de topónimos y nombres propios.

Por lo que respecta a la religión, los galos -al igual que los demás pueblos celtas- disponían de un amplio panteón politeísta, muy basado en la naturaleza, con la cual estaban en relación directa.

Los sacerdotes de este culto eran los druidas, los cuales además tenían un profundo conocimiento del entorno natural que los rodeaba, y del uso de hierbas y drogas con ánimo medicinal.

Entre los dioses más conocidos del panteón galo figuran Toutatis y Belenos.

Si bien tenemos la imagen de los pueblos galos como guerreros, las evidencias arqueológicas los presentan también como grandes comerciantes.

Los restos aparecidos en varios oppida revelan relaciones comerciales y una fluida red comercial, con pueblos germanos, griegos e itálicos, así como entre las distintas tribus galas, la cual cosa no restringe su belicosidad.

Fotos: Fotolia - wladislawka / maxiharmony

 
 
 
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