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Definición de Fuerzas Paracaidistas

Cuentan con fama de estar entre los más duros luchadores de los ejércitos modernos, y no es para menos, puesto que la principal tarea de los paracaidistas (también llamados abreviadamente “paracas”) es luchar tras la líneas enemigas, siempre contra fuerzas superiores en número y mejor equipadas en lo que respecta a armamento pesado y blindados.

Las fuerzas paracaidistas o aerotransportadas son unidades de infantería pertenecientes al ejército de tierra, pero cuyo principal cometido y para lo que son entrenadas es para ser transportadas en avión tras las líneas enemigas, tomando tierra tras saltar en paracaídas.

Pese a esa definición, hay que hacer notar que a lo largo de la historia, las unidades aerotransportadas han sido utilizadas como infantería de línea. Por su entrenamiento, que debe ser duro, muchas veces se sitúan al nivel de fuerzas especiales.

Históricamente, la idea de un trozo de tela asido de forma que presentara una resistencia al viento y, por lo tanto frenara la caída de una persona o un objeto, ya fue acariciada por el cordobés Abbás Ibn Firnás (que hizo una prueba más o menos satisfactoria en el año 852), y por el genio italiano del renacimiento Leonardo Da Vinci (que no llegó a materializar su idea, al menos que se sepa).

No obstante, no fue hasta finales del siglo XVIII cuando se consiguieron fabricar los primeros paracaídas funcionales, y hasta el periodo entre las dos guerras mundiales cuando la tecnología y los diseños maduraron lo suficiente como para pensar en mandar conjuntos de soldados armados tras las líneas enemigas.

La utilidad principal del paracaídas era salvar la vida de los pilotos, pero también podía servir como herramienta de transporte para permitir un aterrizaje suave de formaciones de tropas lanzadas desde un avión en pleno vuelo, eliminando así la necesidad de contar con pistas de aterrizaje.

Las principales potencias, como Italia, la URSS, los Estados Unidos, la Gran Bretaña, Alemania o Japón, trabajaron en sus unidades militares aerotransportadas.

La Segunda Guerra Mundial sería el escenario en el cual los paracaidistas mostrarían su valía, aunque también se verían las flaquezas de las unidades aerotransportadas.

Un grave problema de los paracaidistas es que si son soltados demasiado cerca del objetivo, corren el riesgo de ser acribillados en su descenso por el enemigo, pero si son soltados demasiado lejos, su progresión hasta el objetivo puede verse dificultada, ya que pueden llevar con su equipo pocos vehículos de transporte.

Estos, inicialmente, se veían reducidos a motocicletas, coches todoterreno y similares, y algún tanque ligero.

Los primeros usos de unidades aerotransportadas en operaciones de combate regular corresponden a Alemania en 1940.

La toma del fuerte belga de Eben-Emael es una proeza perfectamente planificada, y una maniobra que todavía hoy se estudia en las academias militares. Allí, los Fallschirmjäger (nombre que reciben las unidades paracaidistas alemanas) empezaron a cimentar su leyenda.

También durante la Batalla de Francia tomaría forma uno de los usos más habituales de los cuerpos aerotransportados: la toma de puentes situados tras las líneas enemigas para evitar así su destrucción y facilitar el avance de las propias tropas.

La toma de la isla de Creta por parte de tropas Fallschirmjäger supuso el mayor éxito de los “paracas” alemanes, pero también demostró que eran unidades muy vulnerables.

La tasa de bajas en aquella operación superó con creces todo lo visto hasta entonces. Creta fue el canto del cisne de las operaciones aerotransportadas de los Fallschirmjäger que, a partir de entonces, Hitler reservará como unidades de infantería de línea para operaciones delicadas, como la defensa del monasterio de Montecasino en 1944.

En el campo aliado, la operación Torch para recuperar el norte de África, y posteriormente en la invasión de Sicilia, fueron el bautismo de fuego de las unidades aerotransportadas norteamericanas y británicas, y que sirvieron de banco de pruebas para una operación que decidiría el curso de la guerra: la operación Overlord.

El desembarco de Normandía también tuvo su cupo de lanzamientos en paracaídas, con el objetivo de capturar puntos esenciales o destruir artillería enemiga.

Pese a que se consiguieron la mayoría de los objetivos (por ejemplo, la toma del puente Pegaso), también se produjeron algunos fracasos estrepitosos, como la matanza de Saint-Mère-Église, donde un destacamento de “paracas” fue lanzado por error en el centro de la villa, siendo tiroteados en pleno vuelo por los defensores alemanes.

En general, muchas de las unidades paracaidistas que tomaron parte en la operación se dispersaron y acabaron entrando en contacto con la infantería desembarcada en las playas a lo largo de los días siguientes.

Pero, a nivel numérico, Overlord no fue nada comparado con Market Garden, operación a la postre fallida, y la exitosa operación Varsity.

Por parte soviética, su único intento con poco éxito fue la operación Vyazma. En el Pacífico también hubo operaciones de poca envergadura por parte de japoneses y norteamericanos.

Las tropas aerotransportadas siguieron siendo consideradas una necesidad en los ejércitos de posguerra.

Algunos ejemplos de conflictos en los que se utilizaron fuerzas aerotransportadas tras la Segunda Guerra Mundial son, entre otros, la Primera Guerra de Indochina (por ejemplo, el sitio de Dien Bien Phu), el posterior conflicto de Vietnam (aquí podemos incluir los icónicos despliegues en helicóptero de transporte de tropas por parte de los EEUU), la guerra de Afganistán (por parte de paracaidistas soviéticos), y más recientemente, en 1983 el ejército norteamericano hacía saltar diferentes unidades aerotransportadas sobre la isla de Granada.

Fotos: Fotolia - ID1974 / R52

Autor: Guillem Alsina González | +CITAR
 
 
 
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