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Definición de Estado Novo de Portugal

De entre las dictaduras europeas de corte fascista que se dieron a lo largo del siglo XX, tal vez una de las menos conocidas sea el Estado Novo portugués.

Contemporáneo del fascismo italiano, del nazismo alemán y del franquismo español, el Estado Novo (en español, “Nuevo Estado”) consistía en un régimen autoritario y corporativista que se dio en Portugal desde 1933 hasta la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974.

Portugal había cambiado de un régimen monárquico a un gobierno republicano en 1910, tras una época de grandes tumultos político-sociales que, no obstante, continuaron tras el exilio del monarco Manuel II.

En 1926, un golpe de estado militar toma el poder. Es una época de nacimiento de los movimientos fascistas y totalitaristas en Europa.

El ministro de finanzas del nuevo régimen es António de Oliveira Salazar, cuya carrera política le depararía un ascenso meteórico.

Salazar sanearía las finanzas del país, y fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros en 1932.

Rápidamente, Salazar establecería un régimen dictatorial de partido único y sindicatos estatales, que suprimió ciertas libertades individuales, en sintonía con los regímenes fascistas europeos. Es lo que se conoce como Estado Novo.

El Portugal salazarista participaría en la Guerra Civil Española ayudando al bando sublevado con un cuerpo de voluntarios, los “viriatos” (bautizados en honor al caudillo lusitano que resistió a los romanos).

Pese a mantener afinidad con el eje durante la Segunda Guerra Mundial, Portugal no se involucró, ni directa ni indirectamente (a diferencia de su vecino español, que mandaría voluntarios al frente del este bajo el estandarte de la llamada División Azul) a favor de dicho bando durante la contienda.

Tradicional aliado de Gran Bretaña, Portugal sabía de las ambiciones españolas sobre su territorio, así que debía asegurarse un poderoso aliado como eran los británicos.

En 1968, Salazar debe apartarse, por enfermedad, del poder. Su puesto va a parar a Marcelo Caetano.

Ya con anterioridad, en las colonias ultramarinas del país (Angola en 1961, Guinea Bissau en 1963 y Mozambique en 1964), se habían experimentado estallidos revolucionarios con el objetivo de buscar la independencia, en el contexto de un proceso de descolonización que afectó al continente africano y a Asia.

El principio del fin del Estado Novo fue la actitud del gobierno portugués respecto a las guerras coloniales.

Sin querer perder el carácter imperial del país, los gobernantes no vieron que los mandos inferiores del ejército estaban descontentos con unos conflictos (especialmente el de Angola) que los estaba desangrando.

Fruto de este descontento cuartelario, empezó el rumor de sables, que se concretizó en el golpe del 25 de abril de 1974, conocido como “la revolución de los claveles” (revolução dos cravos en portugués).

Portugal ha sido uno de los pocos países, sino el único, en el cual la dictadura ha tenido un cariz más civil que militar (pese a haber empezado por un golpe del ejército), y el final de la cual ha venido determinado por el arma militar.

Además, la revolución del 25 de abril se considera ejemplar ya que fue prácticamente incruenta. Solo cuatro personas pierden la vida durante el tiroteo que agentes de la policía política (PIDE/DGS) desataron sobre una manifestación que el mismo dia 25 exigía la abolición de dicho cuerpo policial.

Pese a cierto nivel de permisividad (por ejemplo, los mítines del Partido Comunista de Portugal -PCP-), se considera que la dictadura portuguesa fue una de las más duras de Europa, así como la más larga.

La situación política de posguerra, con su alineamiento en el bando anticomunista, y sus alianzas tradicionales salvaron al régimen dictatorial portugués durante muchos años. La policía política, la antes mencionada PIDE, es considerada también una de las más duras, con métodos que recuerdan a la Gestapo alemana.

La post-revolución del 25 de abril llevó a un periodo de cierta inestabilidad político-social, pero finalmente la democracia se afianzó en Portugal con fuerza. Todavía hoy, sus ciudadanos conmemoran anualmente el 25 de abril, coreando consignas de que la revolución, su significado y sus implicaciones, no deben ser olvidadas, y los votos jurados en aquellos días deben ser cumplidos y renovados.

Fotos: Fotolia - Joyt / Ingo Menhard

 
 
 
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