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Definición de Escepticismo

A lo largo de la historia de la filosofía algunos pensadores han defendido la idea de que no hay un saber final. En otras palabras, que no puede haber una opinión segura sobre nada. Esta posición intelectual es conocida como escepticismo, que es la visión contraria al dogmatismo en cualquiera de sus formas.

Hay que tener en cuenta que el término escéptico proviene del griego skeptesthai, que literalmente quiere decir "el que investiga". Esto significa que no es posible llegar a una conclusión definitiva sobre algo y lo único que se puede hacer es investigar sobre un asunto, pues la verdad definitiva es inalcanzable.

Los escépticos de todos los tiempos han considerado que si realmente hubiera un conocimiento firme y seguro no se producirían cambios en su contenido. Los críticos de esta corriente han puesto de relieve una contradicción interna en el escepticismo, ya que al afirmar que ninguna proposición es verdadera, ya hay una proposición verdadera. Esta paradoja es uno de los puntos débiles del escepticismo.

El escepticismo en la Filosofía Griega y en el Renacimiento

En el siglo lV a. C el griego Pirrón inaugura la corriente escéptica en la filosofía occidental. Sus planteamientos los conocemos por los testimonios de algunos comentaristas, especialmente de Sexto Empírico.

La tesis fundamental de Pirrón es la siguiente: cualquier idea o afirmación presenta una o varias ideas contrarias. Así, el hecho de que no haya un conocimiento definitivo pone de relieve que no es posible afirmar nada de manera concluyente. En consecuencia, resulta absurdo tener una valoración firme y definitiva sobre algo.

En el Renacimiento filósofos como Descartes y Montaigne mantuvieron posiciones escépticas. Descartes partió de la duda sistemática o duda metódica con respecto a cualquier fuente de conocimiento (las impresiones sensibles, la razón o las creencias). Montaigne sostuvo que las respuestas concluyentes son meras ilusiones de la razón, pues cualquier forma de conocimiento se basa en la subjetividad.

El sesgo de confirmación confirma la tesis central del escepticismo

El sesgo de confirmación es la tendencia a reafirmar aquello que previamente se cree. El origen de las creencias previamente elaboradas puede estar en la niñez y, por lo tanto, se encuentran sólidamente instaladas en nuestro cerebro. De esta manera, nuestra mente nos engaña y nos hace creer que afirmamos algo con objetividad, pero en realidad partimos de creencias y convicciones preconcebidas.

El sesgo de confirmación viene a decir que buscamos opiniones que confirmen nuestras ideas iniciales. Este mecanismo de "autoengaño" de la mente humana concecta con el planteamiento del escepticismo, pues se confirma la imposibilidad del conocimiento objetivo sobre la realidad.

El escepticismo patológico

Si bien el escepticismo como actitud intelectual es un freno para evitar los dogmatismos y los fanatismos, la duda permanente conduce a un escepticismo patológico que impide cualquier tipo de creencia firme o convicción personal.

Fotos: Fotolia - ArTo / 5000

 
 
 
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