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Definición de Decreto Nerón

Hitler estaba obsesionado, sobre todo durante el fin de la guerra, con el Crepúsculo de los dioses, y como en el Götterdämmerung, también quiso quemarlo todo, dejar una Alemania derrotada también destruída para que las potencias aliadas vencedoras no pudieran aprovechar nada de ello, lo que concretó en la llamada orden Nerón.

La orden Nerón fue una directiva Firmada por Adolf Hitler para destruir todas las infraestructuras y centros productivos de Alemania al fin de la Segunda Guerra Mundial para aplicar una política de “tierra quemada” ante los ejércitos invasores.

La llamada política de tierra quemada no era algo nuevo en los conflictos bélicos, y había sido practicada desde tiempos inmemoriales, siendo las ocasiones más famosas en que ha sido practicada, por los rusos durante la invasión napoleónica, y por los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial ante la invasión alemana.

No es descartable que Hitler se inspirara en la destrucción que dejaron tras de si las tropas soviéticas para dificultar el avance nazi, pero los territorios que conformaban la antigua URSS presentaban una geografía mucho más propicia para ello: más desérticos y con climas más extremos.

La idea de cualquier práctica de tierra quemada y, como tal, de la misma orden Nerón, es la de destruir todas las infraestructuras y lo que pueda abastecer a un ejército invasor.

La logística, alimentar y equipar a un contingente numeroso de soldados, es una de las tareas más complicadas de la práctica militar, y todos los expertos coinciden en que puede decantar un conflicto.

Privar a un ejército invasor de petróleo y comida, por ejemplo, lo obliga a traerlo todo desde detrás de sus líneas de frente, requiriendo para ello personal, transporte, y tiempo, además de frenar las ofensivas, pues no se puede avanzar en territorio enemigo sin tener lo necesario, asegurar la comida y el agua, así como el combustible.

En su mayoría, las disposiciones del decreto Nerón no fueron ejecutadas.

Ello se debe a dos motivos principalmente: por un lado, algunos jerarcas y mandos alemanes se negaron a su ejecución. El caso más célebre fue el de Albert Speer, ministro de armamento y guerra del Reich, el cual llegó a explicarle a Hitler en persona en el búnker, el porqué no había cumplido con sus dictados.

El motivo de quienes impidieron la destrucción de infraestructuras clave era que, dada por perdida la guerra, ya pensaban en la posguerra y en no dejar desvalido al pueblo alemán para ayudar a una pronta recuperación.

Hitler consideraba, en los días finales de la guerra, que el pueblo alemán le había fallado y que, por lo tanto, merecía ese castigo final.

Otros incumplimientos se debieron a la imposibilidad de materializar la destrucción de las infraestructuras sentenciadas; el avance de las tropas enemigas, especialmente de las soviéticas, imposibilitó destruir muchas infraestructuras antes de que estas fueran tomadas por el enemigo, mientras que en otros casos, el caos propio de los días finales del conflicto, hizo que simplemente las órdenes no llegaran, no fueran bien comunicadas, o no hubiera recursos para cumplirlas (como falta de explosivos suficientes).

Foto: Fotolia - evilinside

 
 
 
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