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Definición de Buque de Guerra

Dicen que el segundo oficio más viejo del mundo es el de soldado. Y, desgraciadamente, la guerra se ha hecho desde el principio de los tiempos por varios medios, como la tierra y el mar, aunque para llevarla al aire se necesitaría todavía muchos siglos.

En el mar, un buque de guerra es una nave marítima (barco) preparado para su uso en misiones militares de diversa índole.

Estas van desde el combate contra otros buques, hasta las operaciones de desembarco anfibias, pasando por roles como el avituallamiento, tanto a otros buques como a tropas en tierra.

Ya desde la antigüedad clásica, periodo que podemos fijar como el del nacimiento de las marinas de guerra que, con el paso de los siglos, acaban desembocando en las que tenemos actualmente, se denota una especialización en el uso de diferentes tipos de barco para tareas y misiones distintas.

Los fenicios, pueblo volcado en el mar por excelencia, fueron de los primeros en desarrollar barcos de guerra, pese a ser un pueblo con intereses eminentemente comerciales.

Cabe decir que, en la época, el comercio y la guerra (concretamente la piratería) eran conceptos que no diferían tanto como hoy.

La principal diferencia entre las naves fenicias y las de otros pueblos que los precedieron como los babilonios (que ya disponían de buques especialmente concebidos para el combate) es que los construidos por los fenicios tenían una capacidad marinera muy grande, lo que, pese a seguir siendo naves de cabotaje, les permitieron llegar de una punta a otra del Mediterráneo, estableciendo asentamientos comerciales en el norte de África, en la Península Ibérica o en la costa sur de lo que es actualmente Francia.

Fenicia fue sustituida como potencia naval predominante en el Mediterráneo por las ciudades estado griegas.

Las características esenciales de los buques de guerra se mantendrían inalterables, con la vela y los remos como sistema de propulsión, y un espolón delantero como forma de ataque (por embestida) contra otros buques.

Paralelamente, también eran empleados buques mercantes, debidamente militarizados, para operaciones bélicas, un uso que se desarrolla hasta nuestros días con variaciones.

Los griegos mejoraron las técnicas constructivas fenicias, realizando naves de mayor tamaño, con más capacidad de carga y tripulaciones de mayor cantidad de hombres, para viajar más lejos.

Es también en esa época cuando se empiezan a desarrollar naves con varias líneas de remeros, llegando hasta las quinquerremes (cinco líneas), aunque el tipo que mayor éxito tuvo fue la popular trirreme (tres líneas).

La sustitución de los griegos como pueblo dominante en el mar requirió de que se enfrentaran Roma y Cartago.

Los cartagineses, herederos de los fenicios y que también habían rivalizado con los griegos por el dominio del Mediterráneo, tenían una marina de guerra muy desarrollada, en la cual basaban su poderío militar. Por su parte, los romanos tuvieron que desarrollar la suya.

Los cambios tecnológicos de los buques en esta época no fueron sustanciales, como tampoco lo serían durante los siglos del imperio romano. Tenemos que esperar a la disolución de este para ver nuevos tipos de barcos de guerra en las aguas.

Pese a que se desarrollan buques de guerra en varios continentes, es entre las potencias europeas entre las que la carrera tecnológica es más interesante.

En Asia, por ejemplo, se desarrollan diversos tipos de juncos, pero el aislamiento de países como China y Japón, que renuncian a expandirse fuera de su entorno inmediato, mina el desarrollo de sus barcos.

Destaca con luz propia fuera de esta política aislacionista la expedición de Zheng He, que algunos estudiosos afirman llegó al continente americano antes de que lo hiciera Cristóbal Colón (1421 vs. 1492), y en la cual se alineaban los juncos de mayor tamaño jamás construidos, naves de unas dimensiones parecidas a los actuales portaaviones.

Las galeras se convirtieron en los buques de guerra dominantes en el Mediterráneo, aunque el descubrimiento del continente americano hizo progresar la construcción de barcos, tanto militares como civiles, pues la navegación en el Atlántico era muy diferente a la Mediterránea. También influye en el progreso de la marina de guerra el desarrollo de la artillería naval, lo cual supone un gran cambio en las tácticas de guerra.

Hasta entonces, y pese a que también se lanzan proyectiles contra los buques enemigos por otros medios distintos a un cañón de pólvora, el principal método de combate era la embestida con el espolón, y el abordaje.

Los remos pierden todo el protagonismo, quedando la propulsión a manos exclusivamente de la vela. Sólo en el Mediterráneo, las galeras sobrevivirán todavía, aunque con los días contados.

El galeón será el rey de los mares y protagonizará el principio de la gran expansión de las potencias europeas por todo el mundo.

Además del galeón, también nacen, a través de los años, diversos tipos de buque de combate más especializados, como el bergantín, la fragata o la corbeta.

Los galeones evolucionarán en los llamados buques de línea, que protagonizarán la guerra de independencia americana, las guerras napoleónicas, y las guerras de independencia de las naciones centro y suramericanas.

El buque de línea se caracterizaba por su gran tamaño, con varios puentes, un gran número de cañones, numerosos tripulantes, y varios palos con sus respectivas velas.

Este tipo de navíos coexistieron con las anteriormente citadas fragatas, corbetas, goletas y bergantines. El siguiente gran salto tecnológico vendría de la mano de la sustitución de la madera por el metal para proteger los barcos.

Los primeros buques de guerra con blindaje metálico aparecieron a mediados del siglo XIX, como la fragata británica HMS Warrior.

Paralelamente, se desarrollaba la tracción por vapor, que sustituía a la vela como fuerza motriz de los barcos, con lo que también iniciaba su andadura la próspera industria carbonera.

En el último cuarto del siglo XIX nacieron los primeros acorazados, un tipo de navío de gran tamaño, altamente blindado, y con una potencia de fuego que le permitía destruir al enemigo desde gran distancia.

En 1906 los británicos botaban el acorazado HMS Dreadnought, el cual, por su diseño y características, marcaría los futuros desarrollos de este tipo de barcos, que dominarían el panorama bélico marítimo hasta la Segunda Guerra Mundial, un conflicto en el cual los acorazados demostrarían ser vulnerables ante el nuevo poderío aéreo y los portaaviones.

El hundimiento del Yamato japonés, sería el canto del cisne de los grandes acorazados, pese a que hoy en día, los Estados Unidos todavía poseen el Iowa en la reserva, el cual incluso realizó ataques durante la Guerra del Golfo.

Destructores, cruceros, patrulleras, minadores, y otros tipos de buques, conforman las escuadras de las modernas flotas de guerra. Cuanto más silenciosos estén sus cañones, mejor nos irá a todos.

Fotos: Fotolia - kostymo / robu_s

 
 
 
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